L A L U Z

TRASCENDENCIA DEL KARMA SEGÚN EDGAR CAYCE

L A L U Z

Autor: Aldo Lavagnini

“Era la luz verdadera que alumbra a
todo hombre que viene a este mundo.”
(JUAN I – 9)

El objeto interior iniciático y filosófico hacia el cual converge todo el simbolismo masónico, puede resumirse en las palabras búsqueda o revelación de la luz.

La Logia, síntesis local, imagen pequeña y expresión particular de la Orden, se halla, como lo hemos visto, orientada, o sea dispuesta y dirigida en la dirección en que se encuentra o aparece la luz. A su vez, esta luz material, que afecta nuestro ojo físico y nos da la visión externa del mundo fenoménico, es emblemática de otras dos formas de luz, de las cuales la primera brilla y la otra se halla todavía latente en su fuero interior.

La primera de estas dos luces simbólicas es la luz de la inteligencia, representada alegóricamente por la estrella flameante, como signo del hombre y de sus facultades, que obedecen a la ley quinaria, precisamente como los sentidos y sus órganos físicos. Esta luz intelectual, o sea la facultad interior de ver y reconocer las cosas exteriores, tiene como símbolos más apropiados Hércules y Mercurio, así como la luz física está representada por Helios y por Venus, en su aspecto de armonía fecunda y creadora de la naturaleza.

Estas dos formas de luz son conocidas y familiares a todo hombre, dado que alumbran respectivamente el mundo exterior de la experiencia física, y el mundo interior de la conciencia y de la razón. Pero, hay otro género de luz, superior a estas dos, y generalmente latente y oscura para el hombre, hasta que no se despierta en él su íntima percepción.

Esta luz espiritual, que representan mitológicamente Apolo y Minerva es el principio de toda inspiración y se llama con feliz expresión la verdadera luz, precisamente como la denominan a la vez el evangelio juanítico (to phos to alethinón) y las constituciones masónicas de Anderson (true light).

Las primeras de estas tres luces son las luces respectivamente objetiva y subjetiva, alumbrando la una nuestros sentidos y la otra nuestra inteligencia. En cuanto a la tercera, su carácter es más profundo y misterioso, dado que trasciende tanto la una como la otra, aunque sea la esencia, o lo real en ambas, la luz Eterna e Inmanente que constantemente resplandece en el dominio de la relatividad, de la apariencia y de la contingencia. Sólo cuando nuestra propia conciencia se reconoce más profundamente a sí misma, adquiere la capacidad de percibirla y reconocerla como la única y más verdadera luz, de la cual las otras dos formas —que alumbran los sentidos y las facultades ordinarias de la mente— no son sino ‘aspectos relativos y comparativamente ilusorios, pues no tienen realidad en sí mismas, sino únicamente en cuanto participan de la realidad propia de la última y la expresan.

Estas tres luces —la luz de la naturaleza, la luz humana y la Divina— que presiden respectivamente al mundo fenoménico de las formas, al mundo intelectual de las ideas, y al mundo nouménico de la absoluta realidad, están representadas en la Logia por los tres puntos cardinales del Sur, del Norte y del Oriente, en donde se sientan las luces simbólicas que la dirigen y presiden en sus trabajos. La primera desarrolla en nosotros la capacidad de apreciar la belleza, la armonía y el orden que presiden a la naturaleza; la segunda se manifiesta en nuestras propias facultades internas y en su expresión activa y operativa (Fuerza); y la tercera estimula en nosotros la Sabiduría, que nace y se desarrolla, por medio del discernimiento de la verdadera realidad.

El hombre se hace simbólicamente masón —o sea, llega a ponerse en contacto consciente y constructivo con la Suprema Realidad Planeadora y Constructora del Universo— al percibir esta luz, pues la conciencia de esta Trascendente Realidad lo inicia (o sea, lo hace ingresar o nacer) en una nueva manera de ser, en una nueva visión de la vida y de las cosas, así como de su propia relación con el principio íntimo de éstas y con el mundo v las condiciones externas que lo rodean. Pues, esta Luz del Oriente es aquella que, de ahora en adelante, tiene que orientar u ordenar constructivamente todos sus pensamientos, palabras y acciones.

Sin embargo, no se llega a la percepción de la Luz Trascendente —o sea, al discernimiento de la verdadera realidad— sino como resultado de una serie de viajes; o sea, por medio de etapas sucesivas de progreso en cada una de las cuales tiene uno que enfrentarse con ciertos obstáculos o experiencias, que le es menester superar o resolver, para que en cada etapa se le permita ir adelante, o proceder.

Cada uno de estos viajes o conjuntos de experiencias implica y efectúa una determinada purificación, representada simbólicamente por la naturaleza del elemento que preside a la misma, librando la naturaleza interna del individuo —que es pura conciencia, y por ende también Luz y Verdad— de alguna forma particular de ilusión.

Toda ilusión y todo error es, pues, una forma de impureza de los medios o vehículos de que aquél se sirve, y que forman su personalidad. En otras palabras, la Vida Interna por su origen divina y perfecta, se afirma sobre la impureza de los vehículos en que se expresa —resultado de la evolución natural, que es involución de la Realidad nouménica en la apariencia fenoménica— de manera que la propia expresión, purificada por medio de los viajes (o experiencias), se acerca siempre más a la Verdad inherente (o verdadera luz), manifestando su implícita virtud.

Todas las posibles, y por supuesto, infinitamente variadas experiencias de la vida, se resumen simbólicamente en tres viajes fundamentales que también indican los tres tipos de purificación que respectivamente se relacionan con el dominio de los pensamientos, de los sentimientos y de la voluntad. A su vez cada viaje se halla precedido por un estado preliminar de reflexión, o concentración en uno mismo, en el cual encuentra uno el primer vislumbre de la luz, e igualmente nace la determinación de viajar o progresar, en las dos direcciones, de su reconocimiento primero, y luego de su expresión.

Esta experiencia preliminar familiar a todos los masones como estancia en el llamado cuarto de reflexión, es de por sí algo profundamente significativo. En las antiguas iniciaciones, o sea en los misterios que precedieron y preludieron a la Masonería en su forma, actual (en la que, de la misma manera, se halla la semilla de su porvenir), el candidato era conducido v dejado solo, por algún tiempo, en una gruta o lugar subterráneo, en obscuridad casi completa y en presencia de símbolos o imágenes —casi siempre de un carácter fúnebre o lúgubre— sobre los cuales tenia que reflexionar.

Se trataba, pues, de una prueba, análoga a la de la propia semilla, cuando se pone en el seno de la tierra labrada, para que pueda germinar y crecer, abriéndose su propio camino hacia la luz, por medio del esfuerzo interior, hacia abajo con las raíces, y hacia arriba con las hojas, o sea en la dirección vertical (u oriental) de las aspiraciones latentes en ese germen. El candidato a la iniciación es precisamente esa semilla, que oculta en sí mismo, en un estado latente, sus posibilidades espirituales, cuyo desarrollo empieza con la reacción interior a esa primera prueba, para luego afirmarse y crecer con las siguientes; dado que todas las pruebas son, esencialmente, oportunidades y medios de crecimiento y progreso.

La prueba del cuarto de reflexión la encontramos a menudo en la vida externa, cuando las experiencias de éstas, especialmente los dolores, decepciones y contrariedades, nos llevan o nos inclinan hacia un estado de comparativa soledad, en el cual nos hallamos enfrente de nosotros mismos, tratando de comprender la razón y el sentido de aquellas experiencias, y cómo podemos salir satisfactoriamente de las mismas. Muchas veces el alma se encuentra, en esa condición de desolación, como si fuera casi destruida, o literalmente hecha pedazos; o sea en un estado de muerte interior, en la que han de manifestarse las posibilidades hasta entonces latentes de la Vida Interna, impulsándola hacia el nuevo nacimiento o resurrección de que es en sí semilla y poder. Y, según esto se verifique, la vida renace literalmente, o vuelve a rehacerse sobre la destrucción del pasado así superado.

El despojo de los metales que se verifica al ingresar en el cuarto de reflexión, es un índice de que los valores materiales y morales, que nos han servido hasta entonces, y sobre los cuales habíamos construido nuestra existencia, aparece como si nos fueran quitados por la fatalidad externa, o bien cesaran de ser apreciados y poderse utilizar. De todos modos, nos es preciso buscar nuevos valores, en substitución de aquellos de que ya no nos es dado servirnos — valores adecuados a las nuevas condiciones, que nos permiten enfrentar y superar.

Pero, ese despojo tiene también un más profundo sentido filosófico. Para buscar la Verdad (la verdadera luz), es preciso previamente despojarnos de todas las opiniones preconcebidas, y especialmente de las creencias (científicas, filosóficas y religiosas) que, más bien que ser fruto maduro de la reflexión y del discernimiento, provienen de nuestra educación y de la sugestión del medio en que vivimos, en el que se aceptan como moneda corriente, pero cuyo brillo no registe la claridad de la luz meridiana de la Verdad, en donde pierden, por consiguiente, todo valor y toda efectividad.

Es igualmente necesario despojarnos, por medio del discernimiento, de todo aquello cuyo valor y utilidad sean puramente aparentes: de todas las posesiones ficticias, que no pertenecen a nuestro ser real; pues todas estas cosas que ocupan y dominan nuestra conciencia, por su misma presencia nos impiden reconocer, apreciar y buscar los valores verdaderos, que son como la perla preciosa del parangón evangélico, para comprar la cual el que la encuentre se halla dispuesto a vender o deshacerse de todo lo que tiene. Así es la Verdad: para poderla adquirir se precisa estar dispuestos a vender o dejar todos aquellos valores transitorios que no rigen en su comparación con los valores reales, que son los únicos que pueden darnos certidumbre y seguridad. Sólo en ese estado de desnudez filosófica, de quien se haya librado de los inciertos valores profanos, puede sernos franqueado el umbral del Templo en que se encuentra la Verdad y nos es dado conocerla.

La palabra templo, derivando de una raíz (temes o tamas) que tiene el sentido originario de obscuridad, manifiesta haber significado, en un principio, un lugar obscuro (caverna, hipogeo o cripta); como aquellos de los que tenemos ejemplos en la antigüedad histórica del Oriente y prehistórica del Occidente. Muchísimos subterráneos y verdaderos templos, cavados en la roca, pueden admirarse aún hoy en la India.

Ahora, esa obscuridad relaciona el templo con el cuarto de reflexión, pues los dos indican el lugar en que se oculta y se encuentra, en estado latente, aquella Luz Divina que ha de buscar el iniciado, o sea la luz verdadera para encontrar la cual las mismas tinieblas, con relación a la luz externa, representan la condición más favorable. ¿No es esa obscuridad, que simboliza también en su nombre Leto, la madre de Apolo y Diana, la verdadera madre de la luz que alumbra por igual el día de la conciencia objetiva y la noche de la subjetiva? ¿Cómo pudiera, esa misma luz verdadera, encontrarse, sino apartándose temporalmente del dominio ilusorio de la ordinaria luz de los sentidos externos y de las facultades internas, que sólo pueden hacernos desviar del Camino Recto de esa búsqueda?

Esta condición indispensable para encontrar en las profundidades internas de nuestro ser la Luz Verdadera —que nos da el sentido de lo real, y el más genuino criterio de la Verdad—, tiene como otro problema el de la venda que cubre los ojos del recipiendario, al emprender sus viajes en el camino que ha de llevarle a reconocerla. Al franqueársele con ese objeto la puerta del Templo, ha de estar, pues, en estado de voluntaria ceguera, con relación a la luz exterior, además de encontrarse en la “desnudez filosófica” de que hemos hablado, poniendo al descubierto su corazón; que hace patente su mejor buena voluntad, así como el pie que le hará reconocer las asperezas del camino y la rodilla que demuestra su humildad y la interna devoción; con las cuales sólo pueden superarse los obstáculos y dificultades que se encuentran esparcidos sobre sus pasos, y constituyen otras tantas oportunidades, o gradas en la senda de su progreso.

Todos los viajes se dirigen al principio hacia el Oriente, o sea el lugar de origen o Manantial de la Luz; así como la mente se encamina, para buscar la Verdad, desde los efectos a las causas, desde los fenómenos a las fuerzas o principios que los originan, desde el mundo concreto de la sensación al mundo abstracto de la pura ideación. Pero, ese estudio inductivo de las leyes y principios que gobierna la naturaleza exterior y las experiencias de nuestra propia vida individual, quedaría estéril e infructuoso, si no fuera luego aplicado y comprobado en el dominio de los efectos. De aquí la necesidad de emprender luego un nuevo viaje de vuelta hacia el occidente, para llevar en las experiencias de la vida externa la nueva luz que ha sido encontrada en la búsqueda anterior.

“La ida y la vuelta son, en realidad, las mitades de un único viaje o ciclo de estudio y experiencia, de reflexión y actividad, y la segunda es el complemento indispensable de la primera. Hay, pues, una unidad esencial que, por igual, sirve de fundamento a las experiencias externas del mundo fenoménico e internas de la realidad espiritual, o sea, al mundo concreto de los objetos (representado por el Occidente) y al dominio puramente abstracto de las ideas (que simboliza el Oriente).

Oriente y Occidente son dos aspectos de una Suprema y única Realidad, que es el río del que constituyen respectivamente el Manantial y la desembocadura, y que además se halla en todo el recorrido del mismo.

De aquí la necesidad de buscar esa única realidad en esos dos polos opuestos, en lo que se halla, por así decirlo, entretejida toda la trama del universo. Pues la luz que en el Oriente se revela en su pureza originaria, y así puede ser percibida y reconocida como tal, se halla igualmente al Occidente, pero de una manera oculta y velada, y debe buscarse —como se buscaba a Osirís en los misterios egipcios— así sepultada en el dominio de las sombras o formas exteriores, que la encierran; como aquel en el arcón, que le había preparado su malvado hermano Set-Tifón, personificación de la obscuridad combatiendo la luz.

La primera parte del viaje, o sea la búsqueda de la verdadera luz (que sólo podemos ver como tal en el principio u origen de las cosas), es el camino áspero que se dirige del occidente al oriente en la región obscura del Norte, en donde nos sirve para orientarnos la estrella polar, fulcro del mundo físico y emblema del eje inmóvil, descansando sobre el cual y moviéndose en su derredor, parecen desarrollarse, en el Tiempo y en el Espacio, todos los fenómenos contingentes.

El progreso es particularmente difícil y trabajoso, dado que se trata de ascender lugares más elevados (condiciones de conciencia que se hallan más cerca del olímpico dominio de la Realidad Trascendente), y el camino se halla sembrado de obstáculos mayores: precisa trepar sobre las rocas que, con motivo de su solidez, se parecen a aquellos principios más firmes —morales y filosóficos — sobre los cuales podemos sentarnos y descansar, basando en ellos nuestros pensamientos y nuestra conducta en la vida. Pero ese descanso sólo puede ser contemporáneo: la vida es un progreso continuado, que no admite detenciones o paradas verdaderas, sino sólo etapas sucesivas, siendo cada una el presupuesto de la otra.

Delante de nosotros, se halla una peña más elevada —un lugar más próximo y cercano a la Verdad. Es menester descender, para poder nuevamente subir y conquistarlo. Así pues, por medio de una larga serie de ascensos y de descensos, se cumple ese viaje que nos lleva siempre más cerca de aquellos lugares, en que el día y la mañana tienen su nacimiento. Llegaremos tan cerca como pueda nuestro ojo resistir esa luz deslumbrante; e igualmente puedan nuestros pulmones soportar el aire sutil y rarefacto que se halla en todas las regiones elevadas tanto del mundo físico, como del espiritual.

El primero de los viajes es, también, la prueba del aire: la prueba que espera a todo aquel que quiera elevarse y ascender. Cuando se llegue a las regiones filosóficas de la pura abstracción hay, sobre todo, que vencer el vértigo que pueden causarnos, pues nos parece muchas veces estar sin asiento, y como suspendidos en el espacio, a la merced de los vientos que pueden barremos y hacernos precipitar nuevamente sobre aquella misma realidad, concreta, por encima de la cual por medio de una comprensión superior, parecíamos habernos elevado.

También representa, esa prueba del aire, nuestra inherente firmeza de propósito por medio de la cual, haciendo nuestro firme apoyo la roca de la Verdad, y los principios morales a los cuales hemos determinado conformarnos, estamos capacitados para enfrentarnos animosamente y sin vacilar, con las falsas creencias, opiniones y corrientes hostiles del mundo exterior, sin que éstas tengan el poder de hacernos caer en el abandono de esos principios, de los que nuestra propia conciencia íntima nos da la seguridad.

Encontramos la prueba, en esta forma, en nuestro camino de regreso, del Oriente al Occidente, cuando se traía sobre todo de aplicar, probar y hacer efectivos aquellos principios y verdades que hemos reconocido más justos y reales. Esos principios, leyes y verdades abstractas han de demostrarse en su aplicación en las diferentes experiencias de la vida, por medio de la cual nuestro primer convencimiento se hace a la vez más firme y más valioso. Cuando la Verdad logra hacerse operativa en estas experiencias, en cuanto llega a dominarlas, trasmutando los efectos por medio de las causas en que tienen su origen y su fundamento, entonces esa Verdad es para nosotros la luz creativa1 que obra constructivamente en nuestro fuero interno, haciendo igualmente fecunda la vida exterior.

Por consiguiente, el viaje de regreso sólo puede efectuarse en esa luminosa región del Sur, que hemos visto ser el asiento de Venus, como principio de la armonía creadora de la naturaleza, aprovechando y utilizando con ese objeto todas indistintamente las experiencias que se nos presenten, cuyo resultado ha de ser en definitiva benéfico y constructor.

La prueba del aire es también la primera que encuentra el embrión de la planta, al abrirse su camino, desde la obscuridad protectora de la tierra y de la semilla, verticalmente, hacia la luz. Viniendo en contacto con ese elemento, móvil y frío, cuyas corrientes poderosas abaten y arrebatan, a veces, los árboles más fuertes debe aprender a resistirle y aprovecharlo útilmente, apoyándose e inmergiéndose en el mismo, en su crecimiento, y sacando de aquél su propio alimento; por ser el oxígeno el más indispensable entre los elementos sostenedores y activadores de la vida orgánica.

Lo mismo ha de hacer quien se abre —por sus esfuerzos, y por su íntimo anhelo hacia la luz— su propio camino hacia la Verdad que es fuerza, vida y alimento. Pues, aquello mismo que tiene el poder de abatirnos y hacernos caer, cuando sepamos aprovecharlo, se hará nuestro apoyo y el medio de nuestra elevación y crecimiento. Que el uno y el otro de estos dos efectos contrarios sea aquel que esa influencia produce en nuestra vida, estriba precisamente en nuestra propia actitud interna, o sea en el dominio y control constructivo que sepamos realizar sobre nuestros propios pensamientos.

Pues nuestro enemigo, en ningún caso se halla afuera, sino que está dentro de nosotros mismos, en las propias tendencias negativas de los pensamientos y en los errores y falsas creencias que hemos aceptado y reconocido, formando la simiente de la cizaña que crece y se manifiesta en el campo de la vida externa, junto con las espigas sabrosas de nuestros pensamientos positivos y constructores, que son los que expresan sabiduría y verdad.

La propias corrientes hostiles y todos los vientos contrarios que parecen soplar en. contra de nosotros, han sido por así decirlo, involuntariamente creados, llamados, atraídos y producidos por la actitud interior negativa de la mente y toda nuestra oposición en contra de ellos no haría más que acrecer su violencia. Pero podemos utilizarlos sabiamente, eligiendo con el ideal que nos guía la dirección de la marcha, dado que con el mismo viento puede un barco ir en dos rumbos contrarios, y hacia su puerto o su destrucción, según sabe aprovechar su empuje, disponiendo oportunamente las velas.

El segundo viaje, que hace el candidato antes de ser recibido masón, representa una etapa sucesiva en la cual, en razón del progreso hecho anteriormente el camino resulta más fácil y menores son los obstáculos que sobre el mismo se encuentran. Esto se debe tanto a la crecida fuerza y capacidad de superar las dificultades, por lo cual éstas cesan de ser tales, así como al dominio adquirido sobre los pensamientos, cuya actividad creativa y causativa se manifiesta, según proceden la experiencia y el discernimiento de una manera siempre más constructiva y armoniosa.

En lugar de los ruidos más burdos y desordenados del primer viaje, alusivos a los vientos impetuosos de la destrucción, y al estado en que nos encontramos cuando nos dominen los errores y los pensamientos que no hemos aprendido a controlar, se oye ahora el toque suave y argentino de las espadas. Estas indican los combates que se verifican, sin embargo de una manera leal y ordenada, a la luz de nuestro mejor discernimiento, entre opuestos sentimientos y emociones que, a la vez, quieren dominarnos. El lugar de ese combate es nuestro propio corazón, el manantial interior de las aguas de la vida que necesitan purificarse, así como nuestros pensamientos.

La misma prueba del agua la encuentra la plantita en su crecimiento, cuando sobre ella se abaten las lluvias, cuyas gotas, animadas por una moción en sentido contrario al de su crecimiento, son como otras tantas espadas que aparentan dirigirse en su contra para destruir y anonadar su esfuerzo hacia la luz. Sin embargo esa lluvia no deja de ser benéfica, en cuanto purifica el aire y lo hace más claro y transparente, mientras riega y refresca la tierra: también se refresca la plantita, resistiendo esa prueba, y absorbiendo con su raíz la humedad benéfica que será para ella un nuevo elemento favorable para su crecimiento al mismo tiempo que le quita las escorias que pudieran depositarse en su superficie, llevadas por el aire y los animales.

Lo propio sucede con el hombre, que sale purificado del combate de las emociones, según aprende a dominarlas armonizándolas con sus aspiraciones superiores; y de las lágrimas que resultan de todas las emociones negativas y que, regando el órgano de la vista, hacen a ésta más clara, serena y despejada.

Sin ningún ruido tiene lugar el tercer viaje, alusivo a una fase más elevada de, progreso y purificación. Mientras en el primero se trata sobre todo del dominio de los pensamientos —pues a ellos se les deben todas las dificultades y obstáculos que el hombre puede encontrar sobre el sendero de su vida— y que han de ser clarificados, iluminados y coordinados constructivamente, conociendo y aprovechando la Luz de la Verdad; y en el segundo se trata de controlar y dominar todos aquellos sentimientos y emociones que manifiestan imperfectamente la Vida Interna y tratan de impedir el progreso según los anhelos más elevados de ésta; en el tercero se aprende, de la misma manera, a purificar la voluntad de todos aquellos hábitos e instintos, cuya influencia se ejerce en un sentido opuesto a la conservación y al progreso evolutivo de la existencia.

Sobre los hábitos y los instintos, que constituyen lo que se ha llamado la mente subconsciente descansa, pues, como un edificio sobre sus cimientos, el templo de nuestra existencia orgánica y activa. En estos fundamentos, además del factor individual, concurre la herencia atávica y la de la raza, cuya base es mental aunque se consideren a menudo como atributos propios e inseparables del plasma vital, o bien de los más pequeños, ultramicroscópicos, elementos morfológicos. El dominio y la purificación de esos hábitos e instintos, de manera que estén en perfecta armonía con la voluntad de nuestra Vida Elevada —incluyendo las intenciones y motivos que pueden impulsarnos a la acción— es precisamente la tarea a la que aluden el tercer viaje y la prueba del fuego, anticipándosele como programa iniciático al recipiendario, aquello mismo que encontrará nuevamente en forma más directa en los grados superiores.

La regeneración individual es, pues, aquello que ha de salir de la prueba del fuego, como nos lo muestra la narración mitológica de Demeter que pone al niño Demofonte, confiado a sus cuidados, en la llama del hogar, para que se purificara de sus escorias (o instintos) mortales, y se hiciera inmortal.

Así la Luz de la Verdad, después de haber brillado claramente en la mente, como principio ordenador de los pensamientos, y luego en el corazón, purificando y ordenando constructivamente, las emociones, desciende en las mismas profundidades de los instintos y hábitos arraigados en la carne —que constituyen el infierno de la vida individual — con objeto de salvarlos, o sea purificarlos y ennoblecerlos. De esta manera la misma luz o Verbo Divino se hace carne y habita en nosotros’, y según le recibamos nos da “potestad de ser hechos hijos de Dios” o sea, hijos conscientes de la verdadera luz, que en nosotros brillará eternamente.

Habiendo encontrado y recibido la Luz, el iniciado, de la misma manera, recibe y encuentra la palabra que es sagrada, en cuanto renovadora y ennoblecedora de su ser y de su vida. Esa Palabra es la misma Luz, que se presenta al oído del entendimiento, después de haber sido percibida por el ojo del discernimiento. La Luz y la Palabra igualmente hacen, al masón, constituyendo de ahora en adelante el propio Logos o Centro Divino y principio constructor y ordenador de la logia de su propia vida renovada —desde sus funciones instintivas al cielo de los pensamientos y de las inspiraciones— en virtud y por medio del mismo. Puede ahora dignamente ceñírsele el mandil como emblema de la pura conciencia constructiva que ha nacido en él, al encontrar y recibir esa Luz verdadera que de ahora en adelante lo orienta y lo guía en todos sus pasos, iluminando su existencia y derramándose y esparciéndose en su derredor, con el místico aroma de la virtud, que siempre la acompaña y la demuestra.

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PODER INTERIOR

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PODER
INTERIOR

Monólogo Nº 13, del Libro La Eterna Luz

Autor: ©Giuseppe Isgró C.

Una afirmación en primera persona para meditar

El retiro espiritual puedo hacerlo, diariamente, en la quietud de mi hogar u otro sitio de mi preferencia. Bastan algunos minutos o una hora diaria, durante los cuales relajo el cuerpo desde los dedos de los pies hasta la cabeza, luego visualizo escenas de calma en la naturaleza, como un lago, un bosque, o una playa y en ese ambiente de quietud mental y espiritual, me conecto con el Creador Universal, formando un centro de unión con Él, canalizando su luz, amor, sabiduría, poder, armonía y orden perfectos.

Mi mente interior, por su propio potencial o por medio de la comunicación telepática con la fuente que contiene la información o de la conexión con la mente divina, tiene la capacidad de dar la respuesta a toda pregunta que yo le formule, respondiendo, siempre, al qué, al cómo, al cuándo, al dónde, al quién y al por qué. Es posible que la respuesta requiera su tiempo para manifestarse, pero, oportunamente, siempre se manifiesta si persisto con confianza y desapego en la búsqueda.

Cada día aprendo a confiar más y mejor en este poder interior conectado con el Creador Universal. Siempre ha satisfecho mis expectativas, aún las más exigentes y profundas que se puedan imaginar; por lo menos, esa es mi apreciación personal. Al armonizar con el Supremo Hacedor y Dador de todo, ordeno mi vida y fluye en mí la luz, la abundancia, el amor, la gratitud y el poder creador, por cuanto, al igual que todos, yo soy un ser co-creador con ELOÍ, en continua cooperación con la vida activa del Planeta y del Universo.

Como es adentro es afuera, expresa la Ley cósmica. Lo que hoy existe en el Planeta fue antes pensado por alguien, cuya idea captó del entorno cósmico y asumió el reto de llevar a cabo sus concepciones creativas.

Cada día, en la quietud interior del ser humano, se va gestando el inicio de los nuevos avances que traerán mayor bienestar y paz a la humanidad.

Si quiero un mundo mejor, debo cultivar la paz mentalmente, y visualizar el planeta en armonía, orden, bienestar y paz.

Si anhelo una vida de mayor prosperidad, es preciso aceptar la abundancia en la quietud interior y abrir los canales mentales para su manifestación en el aquí y ahora.

Es preciso exteriorizar toda la nobleza que reside en mi ser para construir un mundo de acuerdo a los elevados ideales del Supremo Arquitecto.

Antes que crecer exteriormente es preciso hacerlo interiormente.

Cuando anhelo resolver alguna situación, la respuesta se encuentra en mi ser interno y la fuerza para culminarla, exitosamente, también.

Aquieto mi ser más y mejor. Confío en la vida y en mí; en todo busco el bien y éste viene a mi encuentro. Mi pensamiento tiene el poder de atraer a mi vida lo que deseo, de acuerdo con la voluntad divina y en armonía con todos y repeler lo que no deseo, en cumplimiento de la ley de aislamiento cósmico. Lo que siembro en mi mente, cosecho en la vida.

Mantengo firme la decisión de alcanzar la realización de mi misión en la vida y el éxito en todos los objetivos personales y profesionales, que, en cada etapa existencial, me propongo.

Encuentro y conservo mi lugar creativo en la vida, desde el cual brindo y recibo ayuda, con afecto, fervor y gratitud.

Puedo si creo que puedo, en cada caso, en armonía con el plan del universo.

**

CÓMO UTILIZAR MI POTENCIAL INTERIOR:

En temprana edad aprendí a escuchar con respeto y humildad para detectar las oportunidades de recibir conocimientos y aprender de todos, en forma gradual. La misma vida me va presentando a quienes ejercen las funciones pedagógicas y trasmiten las enseñanzas que, en cada etapa, requiero, oportunamente, casi siempre de donde menos pienso o espero, y, muchísimas veces, sin que la persona que me proporciona la información se de cuenta del bien que me la ha aportado. El mecanismo de la vida refleja una sabiduría que me emociona profundamente.

Siempre he sentido el impulso interior de ir a las fuentes fundamentales de conocimiento de la humanidad, las cuales constituyen un patrimonio común de todos. Opino que, aislarse, restringiéndose a un solo grupo o corriente de pensamiento me privaría de esa visión universal que caracteriza a los grandes pensadores y maestros de todos los tiempos.

Cada época y civilización generó una visión que es preciso conocer y calibrar lo que le inquietó y motivó en su búsqueda de la eterna sabiduría; cómo afrontaron los retos de su tiempo y superaron los obstáculos que las circunstancias que imperaban les antepusieron como pruebas existenciales y cómo, en el curso de los siglos, van apareciendo nuevos pensadores que retoman el hilo de la gran conversación universal donde la dejaron los antecesores.

Entrelazar estos eslabones del conocimiento, aparte de ser apasionante, me permite subirme sobre hombros de gigantes –en la expresión de Newton- y ver más lejos, en el espacio y tiempo, de lo que podría hacerse sin el concurso del aporte dado por las generaciones anteriores.

Es cierto, todo está en el propio interior en estado de potencialidad; pero, es preciso sacarlo al exterior en obras útiles a la humanidad, aprovechando el aporte de los maestros precedentes, por cuanto, donde ellos terminaron, empieza la propia labor y, oportunamente, la iniciación espiritual, en el ser interior, complementa la preparación obtenida por la enseñanza transmitida por ellos. Estoy consciente de que, en cada área de estudio, oportunamente, aparecen los respectivos maestros espirituales que guían y orientan el propio plan de estudios, según la inquietud, el grado de conciencia evolutiva y el área respectiva del conocimiento objeto del propio interés.

Comprendo que es imperativo poseer la visión y la vocación de profundizar en la sabiduría universal de todos los tiempos y países, la de continuar la obra de quienes me han precedido en el camino evolutivo y resolver las incógnitas que han quedado para los tiempos actuales, anticipando soluciones factibles para las del futuro, luego de haber percibido, en la conciencia, su existencia.

Abro la mente a todo el conocimiento posible, en forma gradual, lo máximo factible cada día. Una idea nueva por semana en un año habrá ampliado mi visión con 52; en diez años, con 520, y así sucesivamente.

Con adecuados y correctos pasos de ascensos graduales en el conocimiento, casi sin percatarme, en pocos años, habré consolidado una visión intelectual y espiritual de la vida que, cuando toque potenciar nuevos estados de iluminación por medio de la meditación, esas percepciones interiores podrán ser mejor comprendidas, asimiladas y aprovechadas para optimizar la obra en que participo en mi actual ciclo existencial.

Siempre he tenido la amplitud mental para estudiar las enseñanzas que cada corriente de pensamiento ofrece y tengo un absoluto respeto por las creencias que cada ser humano, en un momento dado, posee de acuerdo a su estado de conciencia. Empero, muchas veces observo que, en muchos de estos grupos se requiere impartir la respectiva enseñanza respetando la libertad de pensamiento e ideas, -libre albedrío- exenta de manipulaciones diversas. Una gota no es el océano y quien busca éste no puede conformarse con aquella, pese a que, en esencia, lo contenga.

Cuando transmito mis experiencias, procuro hacerme cargo mental del efecto probable de mis palabras ya que, comprendo que las personas requieren tiempo suficiente para pasar de un estado de conciencia a otro y me limito a hacer las respectivas sugerencias dejando en libertad, a la persona, que siga su camino libremente, de la misma manera en que me gusta que los demás lo hagan conmigo. Sé, también, que algunas personas, en forma momentánea, estiman innecesaria toda interferencia exterior o ayuda por considerar satisfechas sus necesidades. Respeto dicho criterio. El estudiante debe manifestar su deseo de recibir la enseñanza respectiva y buscar la fuente correspondiente y el maestro pertinente. Lo demás lo lleva a cabo la vida, -gran pedagoga universal y eterna-.

Afirmación:

Amplio mi perspectiva y visión de la vida, estudiando en todas las fuentes de conocimiento que puedan contribuir a mi crecimiento personal, profesional y espiritual.

Desarrollo mi potencial interior y las facultades espirituales, psíquicas, mentales y físicas que poseo y alcanzo un nivel de aprovechamiento cada día mejor en todas las áreas y dimensiones en que me desenvuelvo.

Aprendo, cada día más y mejor, a percibir mi verdadero ser espiritual y a tener conciencia de mi misión cósmica en el eterno presente y a cumplir el rol que me está asignado, en cada etapa, en el quehacer universal y en el día a día.

Percibo, claramente, que vivo en el Creador Universal y que Él tiene un plan de vida para mí, en el aquí y ahora; veo, en cada época, cuál es ese plan y lo cumplo a cabalidad.

Perfecciono mi ser de acuerdo al ideal divino o expectativa que el Creador Universal tiene de mí. Así sea; así será; hecho está.

MEDITACIÓN:

Me interiorizo de la siguiente manera:

• Entro en conexión con la Inteligencia Infinita del Universo, contando de cero a uno: 0-1-.
• Ahora, estoy ya en conexión con la Inteligencia Infinita del Universo.
• Soy uno con el Ser Universal. (Diez veces.)
• Conservo pleno control sobre todas mis facultades físicas, mentales y espirituales.
• Visualizo una rueda de luz blanca en movimiento. (El círculo y el más en el centro.)
• Me pregunto tres veces:

I. ¿Quién soy yo?
II. ¿Quién soy yo?
III. ¿Quién soy yo?

• Repito ahora, tres veces:

I. Yo soy.
II. Yo soy.
III. Yo soy.

Espero y observo.

Realizo esta meditación cuantas veces experimento el deseo interior de llevarla a cabo. Aparte de percibir, mentalmente, una probable cadena de rostros que significan ciclos de vida anteriores y de obtener estados de conciencia e iluminación como respuesta a la pregunta, experimento una gran quietud y paz mental y espiritual al compenetrarme más íntimamente con la verdadera esencia de mi ser o personalidad del alma.

Todo el conocimiento de mis vidas anteriores reside en mi archivo espiritual –en el alma-, el cual, si bien dejo de recordar en el plano objetivo por no haber sido mi cerebro físico actual quien registró el mismo, la evolución alcanzada se manifiesta, en este ciclo de vida, como estados de conciencia o visión de las cosas, percepción intuitiva que no es otra que mi capacidad innata o aptitudes naturales, en cierta manera, los dones que poseo y que, en forma personal he desarrollado en mis existencias pasadas hasta alcanzar el presente nivel.

La interiorización y la meditación permiten desarrollar una mejor percepción y unificación de los citados estados de conciencia en relación a mi propio ser y todo lo que me es inherente en la vida.

Sigo siempre adelante.

LA REENCARNACIÓN COMO VEHÍCULO DEL ETERNO RETORNO

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LA REENCARNACIÓN COMO VEHÍCULO
DEL ETERNO RETORNO
Por: © Giuseppe Isgró Cattafi
Del libro: El retorno a la natura
–Escritos de juventud-. Año: 1971.

-“Muchas moradas tiene la casa de mi Padre”..
-“Os es necesario nacer, renacer y volver a nacer”.
-“En verdad os digo que no verá el reino de los cielos el que no naciere de nuevo”.
-“Yo fui antes de Moisés y después de él”.
Jesús de Nazareth
-Vida de Jesús dictada por él mismo-
-“Y sus discípulos le preguntaron: -¿Pues, por qué dicen los escribas que Elías debía venir primero? Y él le respondió: -Elías, en verdad, ha de venir y restablecerá todas las cosas. Pero os digo que ya vino Elías y no le conocieron, antes hicieron con él cuanto quisieron. Así ellos harán padecer al hijo del hombre. Entonces entendieron los discípulos que de Juan El Bautista les había hablado”.
(Mateo, cap. XVII, V. 10 a 13;
Marcos, cap. IX, V. 10,11,y 12),.

En la naturaleza, es fácil observar como la igualdad no es el molde que modela todas las cosas, –o seres-, en sus manifestaciones. Existen marcadas diferencias o “desigualdades”; la igualdad sólo existe como ley para que se manifieste la “desigualdad” o variedad. Es decir, cada ser, tiene individualidad propia y en un grado determinado y diferente a los demás, fruto, generalmente, del propio estado evolutivo y de la aplicación de su libre albedrío, en los tres reinos naturales.

Entre los habitantes de la tierra, se observa la existencia de enormes desigualdades sociales, económicas, culturales, etcétera. Existen individuos en todos los “status” sociales. Los hay pobres, ricos, felices, menos felices, evolucionados o muy poco evolucionados, etcétera.

Si admitimos la existencia de un “Creador” de quien provienen todos los seres y cosas, en la naturaleza, y Él dispuso las mismas con estas marcadas diferencias en las condiciones humanas, y de ser cierto que después de la “muerte” unos irían al “cielo” y otros al “infierno”, ese “Creador” merecería los calificativos menos positivos que la mente humana pudiese idear, por cuanto demostraría ser injusto, parcial y poco equitativo, si eso realmente fuese así. ¿Pero, lo es?

¿Sería posible que tanta grandeza, como lo es el ser humano, deba vivir una existencia de esfuerzo, con las circunstancias que les son inherentes, para que, luego, ese “Dios” le condene eternamente? ¿Dónde residiría esa misericordia que tanto pregonan las diferentes doctrinas?

Un padre sabio y bondadoso, -como se le supone –y es- al Creador del Universo-, corrige y educa, no castiga; En la naturaleza, observamos la existencia de leyes que una vez violadas por el hombre, generan consecuencias que le llevan a comprender la necesidad e importancia de que en un futuro no las viole más. Es decir, el ser experimenta las consecuencias de la infracción a las leyes naturales y aprende.

El ser humano, en el curso de una existencia, sigue una ruta determinada, desarrolla ideales, vocaciones, pero, el ser más capaz encuentra que el tiempo de un ciclo de vida es corto para desarrollar las concepciones y alcances de su mente.

¿Sería, pues, ese “Creador” capaz de dotar al ser con capacidad de concebir la inmensidad del Universo y no permitirle la posibilidad de sondear –o explorar- la misma? De ser así, ¿dónde residiría su sabiduría?

Tienen razón los antiguos filósofos –Seth, Pitágoras, Sócrates, Cicerón, Orígenes, entre centenares más- y los investigadores espiritistas, -Allan Kardec, Oliver Lodge, León Denis, Gabriel Delanne, Ernesto Bozzano, Joaquín Trincado, Amalia Domingo Soler, Camilo Flamarion y una constelación más- al señalar pruebas que evidencian la realidad de la reencarnación y explicar estos hechos.

Es preciso plantearse dos preguntas: La primera: ¿Por qué existen estas marcadas diferencias, en el planeta Tierra, tomando en cuenta la Reencarnación y el libre albedrío? La segunda: ¿Qué otra razón existe, además?

A la luz de la Doctrina Espirita, la primera pregunta, en lo que queda dicho, está virtualmente contestada; es decir, esas marcadas diferencias existentes en el marco de la humanidad del planeta Tierra, son debidas a que, por el libre albedrío de cada ser, en los infinitos ciclos de vida que vive en múltiples planetas o mundos, por medio del cumplimiento de la ley de la reencarnación, los seres que aprovechan mejor el tiempo se adelantan a aquellos que llevan un ritmo más suave y se van quedando rezagados. Esto está muy claro.

Pero, las diferencias son tan marcadas entre los seres, dentro del planeta Tierra, que es preciso complementar esta explicación con elementos de juicios adicionales que permitan precisar exactamente la razón esencial. Por eso el planteamiento de la segunda pregunta, inquiriendo: -¿Qué otra razón existe, además?

Primeramente, recordemos una pregunta que planteara Allan Kardec a los Espíritus en El libro de los Espíritus, signada con el No. 172, en el capítulo Pluralidad de las existencias, la cual es: -“Las diversas existencias corporales se efectúan todas sobre la tierra? El Maestro obtiene por respuesta: -“No, sino en los diversos mundos; la de aquí –la Tierra- no es ni la primera ni la última, sino todavía una de las más materiales y lejanas de la perfección”.

Tanto la pregunta efectuada como la respuesta obtenida por el Maestro Kardec revisten variada importancia.

En el planeta Tierra, existe una familia primitiva que proviene de dos mundos anteriores denominados “Mundo embrionario” y “Mundo primitivo”, es decir, para la familia primitiva del planeta Tierra, este sería su tercer mundo; empero, hay que destacar, que los integrantes espirituales de la familia primitiva mencionada, no necesariamente todos vivieron en el mismo mundo embrionario y no todos en el mismo mundo primitivo; es decir, por la philia, -rasgos, aptitudes, tendencias, costumbres, idiosincrasia, etcétera-, los diversos grupos de la familia primitiva podría provenir de diversos mundos primitivos anteriores, vale decir, cada grupo de un mundo diferente, por lo cual, pese a ser más o menos uniforme el grado de progreso de los diversos grupos humanos en el planeta, por provenir de diferentes mundos, sus aptitudes, costumbres, lenguaje, tendencias, son diferentes entre uno y otros, pero similar su estado evolutivo.

Pero, a medida que ha transcurrido el tiempo sobre el planeta Tierra, van surgiendo civilizaciones diferentes, con niveles evolutivos marcadamente superiores a los diversos grupos originarios. ¿A qué se debe esto?

Es sabido que, en los mundos, -en el inmenso universo- se llega a una etapa de progreso en donde una mayoría ha aprovechado el tiempo de manera óptima, entre un grado mínimo aceptable y un grado excelente evolutivo, dentro del esquema de cada mundo; pero, siempre existe una minoría que se queda rezagada y que, llega un momento en que constituye un serio problema para la gran mayoría, y es cuando ésta pide a la justicia divina y a los regidores de ese mundo en particular que se efectúe el llamado “juicio de mayoría o juicio final”; aquellos que desacatan someterse a los dictados de progreso de la mayoría es invitada a desalojar el planeta y según el nivel evolutivo de cada grupo, es reubicado en un mundo que le sea afín, pero siempre será un mundo de menor progreso al que dejan, en el cual, cada grupo espiritual pasa desde la condición de ser un obstáculo al progreso –en ese mundo más adelantado- a convertirse en maestro, en el nuevo mundo menos evolucionado a que ha sido remitido, donde, empero, conserva el grado evolutivo alcanzado en su anterior morada y a partir del cual comienza su labor en la nueva. Esas son las historias que la memoria ancestral conserva de los “ángeles caídos”, del paraíso perdido, entre otros, y que determinadas corrientes del Espiritismo explican, entre ellos, Allan Kardec, Joaquín Trincado y Rodolfo Benavides, empero, hay otras fuentes dispersas.
Al haber ocurrido, en diferentes épocas, juicios de mayoría en diversos mundos, los retrógradas de los mismos cuyo grado evolutivo lo ameritaba han sido enviados al Planeta Tierra, por eso vemos como han emergido civilizaciones como la Atlante, la de Lemuria, la Hindú, la China, la Egipcia, la Sumeria, la Mesopotámica, la Griega, la Etrusca, la Romana, la Íbera, la Árabe, las Precolombinas, etcétera, cuyos rasgos culturales, manifestaciones espirituales, grupos étnicos, costumbres y sensibilidad artística son marcadamente superiores a los que hasta ese momentos hubiesen manifestados todos los diversos grupos de la familia primitiva de la Tierra.

Aquí entra en juego la explicación del libre albedrío y la ley de reencarnación y la del Karma; esta es la verdadera razón por la cual existen tan marcadas diferencias entre los diversos segmentos de la familia humana del planeta Tierra.

Los mundos que suelen señalarse como más adelantados que la Tierra, los cuales constituyen probables fuentes de origen de inmigraciones espirituales, son: Júpiter, Saturno, Neptuno, Venus, entre otros. Quizá, las probables características de los Atlantes, Lemures, Chinos, Egipcios y Precolombinos, haya que buscarlas en las inmigraciones provenientes de Júpiter y Saturno, quizá unos 200 mil años antes de nuestra era; y las Hindúes, las Griegas, Etruscas, Romanas, Árabes, etcétera, en las inmigraciones de Neptuno, Venus, y otros, a partir de 3.800 años -o más- antes de nuestra era. (Analizar la probable antigüedad de los Vedas estimada en 18.000 años antes de n.e., por las referencias astronómicas que contienen, de acuerdo a la Doctrina Secreta de H. P. Blavasky, lo cual determinaría la existencia de un grupo de sabios receptores de los Vedas anteriores al grupo que se inicia con Adán y Eva históricos y su hijo Seth y la recepción de las Leyes de Manú).

Es preciso traer a colación otro de los puntos tocados por el maestro Kardec, en la pregunta Nº 178 del citado capítulo Pluralidad de las existencias, de El libro de los Espíritus, en la cual inquiere: -“Pueden los Espíritus reencarnarse en un mundo relativamente inferior a aquel sobre el cual han ya vivido?

La respuesta que obtiene, el Maestro, expresa: -“Sí, cuando tienen que cumplir una misión para contribuir al progreso de la humanidad de ese mundo; en cuyo caso aceptan con alegría las tribulaciones de aquella existencia por cuanto aportan, ellos, el medio de progresar”.

Acto seguido, hay otra pregunta: -“¿No sucede así, también, por expiación, pudiendo Dios mandar espíritus rebeldes en mundos inferiores?”

La respuesta que el Maestro obtiene, es: -“Los espíritus pueden quedar estancados, pero no regresar atrás: su castigo consiste en no progresar y en repetir las existencias mal empleadas en el medio afín a su propia naturaleza”. (Subrayado nuestro).

Lógicamente, existen etapas evolutivas en la vida de un mundo en que al espíritu estancado no se le obliga por el libre albedrío que sustenta; empero, a una cierta etapa, los que se quedan muy rezagados, que constituyen un problema para la mayoría, al efectuarse el juicio de mayoría, siempre se le concede un período durante el cual ellos puede optar entre quedarse o ser expulsados; sigue siendo un privilegio del espíritu elegir; según su nivel evolutivo –y elección- es reubicado en el medio más idóneo a sus gustos y preferencias. Pero, en el nuevo escenario, generalmente viene a traer un muevo progreso y, también, muchas veces, el problema que constituía en el mundo anterior, también lo constituye aquí, pero, lucha entre sus iguales o, a veces, peores que él, pero, todos tendrán que progresar oportunamente.

Otra de las objeciones que suele anteponerse a la reencarnación, es: -“Por qué, si en los primeros tiempo de vida en el planeta había pocos habitantes, de ser realidad la reencarnación, la población sería siempre la misma, pero, ha ido siempre aumentando; -¿de dónde han salido esos nuevos espíritus?”-

La objeción encierra, en sí, dos preguntas o planteamientos; la primera, hay una humanidad en constante crecimiento que sugiere un incremento de entes espirituales y la pregunta es, ¿de dónde sale esa cantidad creciente de nuevos espíritus? La segunda, si hay nuevos espíritus, por cuanto existen ahora más personas, en el planeta, que hace varios miles de años, -suponen los que anteponen la objeción-, es porque hay una causa diferente a la reencarnación que lo determina, sino siempre sería la misma cantidad de personas.

La explicación dada antes, en cuanto a las desigualdades entre los diversos segmentos de la humanidad del planeta, con una familia espiritual originaria del planeta y las sucesivas llegadas de grupos espirituales desterrados de otros mundos al realizarse los respectivos juicios de mayoría en sus mundos, más aquellos grupos que vienen al planeta en misión para ayudar al progreso, -que son los grupos minoritarios-, sirve para explicar, aquí, porque a través del tiempo va aumentando el número de integrantes de la humanidad, lo cual, no sólo no invalida la ley de reencarnación sino que, después de su llegada, cada miembro de los diversos grupos, en el logro de los respectivos objetivos existenciales, va realizando las diferentes reencarnaciones, sin límite alguno, hasta completar el cupo que le es inherente en este planeta, para luego ascender al mundo que le corresponda, en la siguiente fase evolutiva.
Es decir, la familia espiritual del planeta tierra va aumentando en la medida en que nuevos integrantes vienen a formar parte de este planeta, en similitud a las corrientes inmigratorias que se van sucediendo en los diversos países del planeta tierra, contribuyendo a transformar los grupos étnicos con su aporte multidimensional. En línea general, el planeta tierra tiene una familia espiritual, conformada con entes provenientes de diferentes fuentes, que, en un momento dado, siempre, –en el espacio-, será superior a la encarnada.

El siglo XX, ha abierto el horizonte cultural en todas las corrientes del pensamiento y campos del saber. El ser humano sondea con confianza y comprende, comprueba, que las “experiencias psíquicas” no son meras ficciones. Las ciencias psíquicas –en sus diversas denominaciones de Investigaciones Psíquicas, Metapsíquica y Parapsicología, de manera preponderante- han tomado un auge tal que culminará sólo en una mayor y profunda comprensión del ser sobre sí mismo.

A continuación, transcribimos del diario “El Nacional” –de Venezuela-, del 23-01-1971, el siguiente artículo sobre recientes investigaciones del Dr. Ian Stevenson, de algunos casos de reencarnación:

“POR PRIMERA VEZ LA CIENCIA ACEPTA ESTUDIAR ALGUNOS CASOS COMPROBADOS DE REENCARNACIÓN”.

“EL MISTERIO DE LA SEGUNDA VIDA”.
“HASTA HACE POCO TIEMPO, QUIEN HABLASE DE REENCARNACIÓN ERA UN MÍSTICO O UN CHARLATAN A LOS OOS DE LA CIENCIA. AHORA SURGE EN LOS ESTADOS UNIDOS EL PRIMER ESTUDIO SERIO AL RESPECTO, OBRA DEL DOCTOR IAN STEVENSON, UN PROFESOR UNIVERSITARIO QUE NO CREE EN FANTASMAS, PERO DESCUBRIÓ QUE EN CIERTA FORMA, SÍ EXISTEN.

“Vive actualmente en Nueva York una señora de 69 años, holandesa, de pequeña estatura y morena, que se llamó otrora Henriette Ross. Cambió de nombre al casarse con hombre llamado Weisz. Más tarde se divorció y aunque en Holanda las divorciadas también recuperan su nombre de solteras, ella prefirió no proceder de esa manera. Su madre la reprendió una vez a causa de eso, pero la oven le contestó: -“Me siento más cómoda con ese nombre”, y acabó por firmarse Henriette Weisz Ross.

“Se fue a vivir a París donde se ganaba la vida pintando. Hacía principalmente retratos. Una noche, en el verano de 1936, se acostó temprano, pero algunos pensamientos insistentes le impedían conciliar el sueño. Volvió a levantarse y se puso a pintar. Lo más singular del caso es que lo hizo en la oscuridad, casi automáticamente, sin tener la menor idea de lo que estaba pintando. Luego, calmada, regresó al lecho y se durmió profundamente. A la mañana siguiente vio en su caballete el retrato de una mujer joven.

“La experiencia no podía ser más extraña. Tratando de aclarar el misterio, llevó un día el cuadro a una médium que, según se decía, poseía poderes psíquicos y conocimientos extra-sensoriales, respecto a los objetos que contemplaba o que tocaba. Esa mujer le dio que Goya, el gran pintor español fallecido en 1828 le había hablado: -“El me dio que usted lo recibió en su casa, en una gran ciudad al sur de Francia y en aquel entonces usted lo ayudó a escapar del país y de sus enemigos. Goya aún le estaba agradecido y quería prestarle ayuda, pero sentía que ella se resis tía”. Era su educación académica –dio la médium- la razón de la actitud rígida, que no aceptaba la orientación del artista español; “fue por eso que la obligó a pintar en la oscuridad, a fin de que usted no se diese cuenta de lo que estaba haciendo”.

“La Sra. Weisz-Ross, confiesa que, a pesar de ser pintora, no había leído nunca nada sobre Goya. Esa misma noche va a casa de una amiga que posee un templar de una detallada biografía del artista español. Al leerla, descubre la historia de Rosarito Weisz, en cuya casa de Burdeos, Goya se había hospedado durante el período que estuvo exiliado, ya casi al final de su vida.

“La Sra. Weisz-Ross cree que su experiencia prueba la Reencarnación, vale decir, el hecho de que ella vivió, aparentemente, en una vida anterior.

“NI LA HERENCIA NI EL AMBIENTE PUEDEN EXPLICAR A CABALIDAD LA PERSONALIDAD DEL HOMBRE. ¿QUÉ HAY DETRÁS DE ELLA?

“Uno de los más grandes investigadores de esta materia en los Estados Unidos es un psiquiatra llamado Ian Stevenson. El estudió el caso de la pintora holandesa y atestigua la verdad de los hechos. Y este caso es sólo uno de los numerosos templos que recogió en decenas de entrevistas e investigaciones.

“Para la mayoría de la gente culta del mundo occidental, la idea de la reencarnación es una aberración de la ortodoxia religiosa. ¿Cómo puede entonces una persona seria, un verdadero científico, dedicarse a este tipo de estudios e investigaciones?

“El doctor Ian Stevenson es un hombre alto, flaco, de hablar lento, con casi 51 años; hizo sus estudios de medicina en la Universidad McGill de Montreal. Durante años se dedicó a pesquisas convencionales. El año pasado la editora Little, Brown & Co., publicó su libro “The Psichiatric Examination”.

“Este año, la editora Harper & Row lanzará una nueva edición de otro de sus trabaos, “The Diagnostic Interview”. En 1953 empezó a interesarse por la reencarnación. La razón que lo llevó a eso fue el sentimiento de insatisfacción sobre los conocimientos disponibles sobre la herencia y de las influencias ambientales , consideradas aisladamente o en su conjunto, en el examen de la personalidad.

“EN SUS ARCHIVOS FIGURAN DECENAS DE CASOS COMPROBADOS.

“Cuatro años después aceptó el cargo de director del Departamento de Psiquiatría y Neurología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia. Ese puesto le fue ofrecido por autoridades universitarias que conocían su interés en Parapsicología y, particularmente en reencarnación.

“Ejerce actualmente el cargo de profesor de Psiquiatría. Aún enseña, administra y hace pesquisas en la línea tradicional, pero gran parte de su esfuerzo está ahora dirigido hacia un campo nuevo. Y el resultado de ese esfuerzo lo representa un archivo con centenas de casos de aparente reencarnación, ocurridos en varias partes del mundo. Algunos están basados en relatos publicados, pero otros fueron descubiertos personalmente por él y sus socios.

“Es más o menos sabido que algunas religiones orientales, como el budismo y el hinduismo están basadas en la reencarnación.

“El doctor Stevenson admite por lo menos ocho alternativas para explicar casos que parecen ser de reencarnación. Fraude es lo primero que se le ocurre pensar a cualquiera. Pero el doctor Stevenson no toma muy en cuenta esto, porque en ningún caso hay retribución financiera. Publicidad podría ser otro motivo, pero esta es generalmente indeseable, sea en Oriente u Occidente.

“Otra posibilidad es la derivación de recuerdos de fuentes que después son olvidadas. El doctor Stevenson recuerda el caso de un oven que, hipnotizado, hablaba una lengua desconocida que después se descubrió ser el dialecto toscazo, hablado en una región de Italia en el siglo III antes de n.e. La fuente, como después se descubrió, era una gramática de esa lengua que el muchacho tomara en su infancia de la biblioteca paterna, la había estado leyendo y conservó en su memoria algunas frases.

“Entre las explicaciones plausibles está la “memoria racial”, se transite a través de los genes , de generación en generación; la “posesión”, esto es la ocupación del cuerpo de una persona viva por el espíritu de una persona muerta o desencarnada, la percepción extra-sensorial; la presencia (que es el don de revelar las cosas pasadas); y la comunicación con una personalidad sobreviviente. El doctor Stevenson niega, en los casos por él registrados, cualquier ligación con esas diversas motivaciones.

“Chester Carlson, inventor de la Xerox, fue uno de los entusiastas financiadotes del doctor Stevenson. En diciembre del año pasado la Asociación Americana por el Progreso de la Ciencia –el cuerpo más amplios de científicos del mundo- concedió a la asociación de Parapsicología el derecho de filiación en sus cuerpos, aún sabiendo que ésta estudia la reencarnación.

“El doctor Gardner Murphy, profesor de Psicología de la Universidad de Washington, es el profesor de la Sociedad Americana de Pesquisas Psíquicas, y tiene en alta estima al doctor Stevenson.

“La Dra. Gertrudis Schmeidler, profesora de Psicología en el City Colllege de Nueva Cork, es de la misma opinión, como los son asimismo los doctores Albert Stunkard, director del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia y Herbert S. Ripley, que ocupa igual puesto en la Universidad de Seattle. Todos concuerdan en que el doctor Stevenson es un científico serio y competente. Falta saber si Ian Stevenson conseguirá dar una respuesta definitiva a la pregunta: -¿Existe otra vida más allá de la muerte?”

“El problema está abierto: los estudios sobre la reencarnación se han convertido hoy en un campo respetable de pesquisas científicas”.
La reencarnación, para los estudiantes de metafísica profunda, es un hecho. No importa que se niegue o afirme, la realidad de la reencarnación no variará por eso.

El ser humano, tiene por misión “labrar evolución”, progresar, hacerse sabio, para lo cual, el Universo infinito se ofrece como taller experimental del hombre.

Como es conocido por los físicos y estudiantes de la Escuela Espiritista, la materia no es más que un estado determinado o “condensación” de energía en un número “x” de vibraciones.

Los tres reinos de la naturaleza son transformadores de energía; absorben energía del medio ambiente, adquieren forma determinada y se transforman para luego “volver” a su etapa inicial, es decir, la energía o estado de energía.

El cuerpo del hombre, es relacionado por Papus (Dr. Gerard Encausse) con un coche tirado por caballos, donde el coche es el vehículo o instrumento físico de trabajo, de transporte; por supuesto, el caballo representa el papel de los “instintos” que el hombre, o sea, el “ente inteligente y espiritual” intenta dominar y domina en el curso de su evolución.

El hombre, en la Cátedra del Espiritismo, así como en algunas órdenes esotéricas y aún en la obra divulgativa de Papus, es estudiado en sus tres entidades, que resultan ser: El espíritu o ente inteligente; el alma o intermediario entre el cuerpo y el espíritu, y el cuerpo o vehículo físico.

Es en las enseñanzas del Espiritismo donde todo estudioso y amante de la sabiduría, puede encontrar un conocimiento profundo del hombre en las tres entidades señaladas y su misión sublime en el Universo, libre de dogmatismos superfluos.

El ente espiritual, es el verdadero ser en sí; es el llamado “yo interno”, es quien evoluciona, se hace sabio, y utiliza el cuerpo material como un instrumento, o vehículo, en cada nueva encarnación, en un proceso infinito, en el eterno presente, mientras tanto va ascendiendo en evolución, en sabiduría, hasta adquirir el llamado grado de Maestro de la Naturaleza o del Universo, y como tal, luego, ayudar, enseñar a los “hermanos menores”, es decir, dirigir la evolución de los mundos, con lo cual, el Maestro continúa ascendiendo en evolución, en sabiduría, porque siempre hay un más allá, y no porque se haya graduado de Maestro no tiene nada más que aprender, sino que como aquel que se gradúa de doctor en una Universidad, es a partir de entonces cuando realmente comenzará a disfrutar la Luz, comprender su intensidad y participar en un proceso creativo de nuevas realidades según las concepciones que ese elevado nivel evolutivo le permita desarrollar.
Una de las objeciones que se tejen alrededor de la reencarnación es la que expresa que “el ser humano no puede tener varios cuerpos” y por tal motivo algunos consideran que la reencarnación es una teoría gratuita.

Por supuesto que el ser humano, en el cumplimiento de la Ley de la Reencarnación, no tiene varios cuerpos, en el sentido de que yo estoy encarnado aquí en América y al mismo tiempo me encuentro encarnado en otro cuerpo, en Japón.

Sólo se puede tener un cuerpo a la vez. El cuerpo del hombre es como un vestido, cuando ya no le sirve se desecha, se cambia por otro.

En la naturaleza, ningún organismo es perpetuo. Hay una ley que determina que los cuerpos biológicos nazcan de la forma conocida según la especie, pero en su desarrollo toman o absorben energía del medio ambiente. Una vez desarrollados, comienzan un proceso de envejecimiento, con el cual, gradualmente, se llega al estado de desencarnación -o transición- que permite la transformación del organismo, determinando que las partículas, o sustancias químicas que lo integraban, regresen, retornen nuevamente al estado primario, es decir, a la energía, en su aspecto físico, preservándose, al mismo tiempo o paralelamente, el ente espiritual que le animaba, que en el reino mineral recibe el nombre de espíritu elemental; en el vegetal y en el animal, es un espíritu de acuerdo con la especie. Es oportuno recordar aquí que el reino animal recibe esta denominación al hecho de atribuirle, los antiguos, la posesión de un alma o ánima, del griego psique.

Deducimos que, si esa energía fue usada una vez para usar un cuerpo determinado, ¿por qué se debería dejar de utilizarla, nuevamente, para el desarrollo de otro cuerpo?

Nada se pierde en la naturaleza. El ser humano toma energía del depósito universal, la utiliza y luego la regresa al mismo transformada, para nuevamente ser utilizada, y así infinitamente.

El cuerpo del ser humano, -e igualmente en los tres reinos naturales-, una vez que agotó los recursos físicos o fisiológicos de los cuales estaba abastecido, y en cuyas condiciones servía al espíritu de vehículo, de instrumento de trabajo, es abandonado por éste, sufriendo los conocidos procesos durante los cuales se transforman en partículas de la misma naturaleza en que se encontraban inicialmente cuando fueron utilizadas.

Entonces, el Ente Espiritual-Inteligente –el espíritu- que animaba ese cuerpo ¿se debería perder?

Se puede asumir, confiadamente, que no. El espíritu tomará materia en una sucesiva reencarnación e impulsará su progreso a partir del grado en que quedara en la precedente. Ese grado de progreso al cual ha llegado en la última existencia se puede denominar “suma existencial”, cuya evolución alcanzada se traduce en un determinado grado de conciencia. (Ese grado de conciencia podría significar un determinado grado de absorción de Dios y/o, a la vez, un determinado grado de manifestación –o expresión- de Dios; –meditar este punto-).
Las condiciones menos positivas de esa suma existencial, son las que, el espíritu, deberá transmutar en los siguientes ciclos de vida paralelamente que va escalando otros niveles evolutivos de acuerdo a los planes del mundo en que vive en un momento dado.

Una de las principales objeciones que se anteponen a la reencarnación es que “el ser humano no recuerda sus existencias pasadas”, y sus sostenedores plantean la siguiente pregunta: -“Si el hombre reencarna, ¿por qué no guarda recuerdo de sus existencias pasadas?
Existen diversas respuestas que explican correctamente esta objeción.

En primer lugar, las leyes naturales y “divinas” son muy sabias. Suponiendo que Juan Xavier mandara a mejor vida a Antonio José en una existencia pasada, por cualquier motivo. Si en una de las siguientes existencias de ambos volvieran a encontrarse y lograran reconocerse, es muy probable que el uno volviese a mandar a mejor vida al otro o viceversa. Esto, desde luego, no pondría fin a las condiciones de enemistad entre los seres, en el proceso evolutivo.

En segundo lugar, si la persona recordase quien fue y las cosas poco positivas que, eventualmente, hubiere realizado, ese conocimiento le atormentaría en tal grado que sería un obstáculo a su progreso evolutivo en el actual ciclo de vida; pese que, en la práctica, los efectos de los hechos pocos positivos que se hayan realizados en ciclos de vida anteriores, dejan sus huellas en la presente existencia, al manifestarse sus efectos como fobias, tendencias, hábitos o rasgos de personalidad que reproducen conductas propias de existencias anteriores, tanto a nivel mental, como físico, que se expresan mediante marcas de nacimiento que son reproducciones de las eventuales señales que por diversas circunstancias haya experimentado en su cuerpo, la persona en particular. La ciencia ha denominado a estas señales como philias, que engloba tanto a los rasgos psicológicos como los físicos.

Es fácil observar como en muchas familias existen hermanos que se odian, padres e hijos que sin motivos aparentes son enemigos, etcétera. Esto se debe a circunstancias propias de vidas anteriores y que, la ley divina, por una parte, y por la otra, los mismos seres, al preparar su plan de vida para el siguiente ciclo existencial, eligen nacer en el seno de la misma familia para que los lazos sanguíneos vayan limando las asperezas y nazca la afinidad entre los seres que lo requieran, compensándose, al mismo tiempo, las respectivas deudas karmicas que pudieran existir.

Lógicamente, quienes objetan la reencarnación suelen anteponer como explicación que ello acontece por influencia de factores ambientales. Por supuesto, este tipo de respuesta resulta insatisfactoria; hay causas más profundas, como se ha visto.

La Cátedra de Espiritismo, en dos aforismos enunciados por Joaquín Trincado, que reflejan una realidad universal, expresa: -“Si odias tendrás que amar; si matas, con tus besos resucitarás al muerto”.

Es decir, como ya fue expresado, el primer aforismo, por efecto de la ley divina de compensación o, denominada, también, ley del karma, en los medios esotéricos y doctrinas orientales, es tan sabia que agrupa a enemigos en la misma familia, para que los lazos familiares o “nexos sanguíneos” permitan que nazca la afinidad, lo cual muchas veces se cumple por medio de muchas reencarnaciones. Mientras que, de acuerdo al segundo aforismo, quien haya quitado una vida, deberá reponerla, por lo cual, en una sucesiva reencarnación, la persona será la madre de aquel que antes mandara a mejor vida y “con sus besos resucitará al muerto”. De acuerdo a las circunstancias se puede ser madre o padre, de la persona a quien se debe la vida, pero, en ambos casos, los besos de ambos progenitores están presentes.

En tercer lugar, es preciso destacar que, lo que un cerebro no percibe por los sentidos físicos y no graba en la memoria actual, es imposible que pueda recordarlo.

Es decir, el cerebro actual, de cualquier persona, no podría recordar lo que no ha registrado, como sería el caso de lo acontecido en existencias anteriores cuyos hechos registraron en sus respectivos cerebros. Entonces, surge una pregunta: -“¿Ese conocimiento se pierde?

Por supuesto que no. Paralelamente con la memoria física registrada por el respectivo cerebro, en un ciclo de vida determinado, existe una memoria espiritual que conforma el archivo espiritual del hombre, el cual reside en el alma –y yo diría que también en el espíritu-, es decir, existe un triple registro, a nivel físico, anímico y espiritual. Con la desencarnación –o transición- se pierde el registro físico de la memoria –que en mi opinión, funge únicamente de puerta de acceso a la verdadera memoria, la del alma y como medio de expresión objetiva- de una determinada existencia, pero lo conserva el alma –y el espíritu-, donde el alma de cada ciclo de vida conforma un eslabón de una extensísima cadena, tan grande como ciclos de vida haya tenido el espíritu, que conforma su archivo espiritual, en el cual mira –automáticamente- cuando quiere recordar algo; pero, en el espíritu, el efecto de esa memoria espiritual acumulada se refleja como estado de conciencia, capacidad de percepción y visión de la realidad universal en el respectivo grado.

Por eso, el grado evolutivo alcanzado en cada uno de los ciclos de vida se traduce, en el momento actual como “suma existencial”, es decir, el saldo existencial, que arroja un resultado, manifestándose, en la actual existencia como capacidad o aptitud de hacer, vocación, visión, habilidad, capacidad innata, etcétera, o en su aspecto negativo, como fobias, tendencias, hábitos, etcétera, cuya prueba consistirá en transmutarlas en su polaridad positiva.

La relajación profunda, la interiorización y la meditación –en Dios y sus atributos divinos o valores universales-, permiten la unificación de la conciencia de las memorias espirituales archivadas y desarrollar la capacidad de percepción en un grado más elevado mediante la cual aflora en forma intuitiva el conocimiento de ese acervo acumulado. Paralelamente, permite acceder a fuentes de conocimientos archivados en las memorias espirituales de los seres en el respectivo nivel evolutivo o esfera mental en que cada uno se desenvuelve –en la ecología mental: entes encarnados y entes del plano espiritual, pues ambos conforman una sola ecología mental- y percibir el conocimiento que, en un momento dado, se pueda requerir.

Entrar en un nivel fronterizo de conciencia, por medio de la relajación, interiorización y meditación, permite recordar, revivir, percibir, a nivel espiritual determinadas circunstancias que, una vez vuelto a la materia, a nivel psico-sensorial se lleva a cabo un registro en el actual cerebro, teniéndose conciencia de un conocimiento que trasciende y va más allá de la propia recepción a través de los presentes sentidos físicos.

Una de las cosas que suele llamar poderosamente la atención es el hecho que tan pronto se conozca una persona, por primera vez, parece como si la conociéramos de “toda la vida” o viceversa, sin causa visible para ello, nos cae mal.

Hay quien atribuye este hecho a la exteriorización del aura, es decir, por la sintonización magnética de los individuos es posible detectar el estado anímico positivo o negativo, lo cual permite recibir impresiones favorables o desfavorables de una persona. También, por este mismo mecanismo, se puede percibir si la persona sufre algún dolor en determinada parte de su cuerpo, experimentando la sensación en la misma parte del cuerpo, es decir, el mismo fenómeno tiene manifestaciones diversas. Al mismo tiempo, la auto-imagen de la persona, positiva o no, es percibida, en forma automática por las personas con quienes se entra en contacto, con su respectivo efecto de atracción o repulsión.

De igual manera, otra explicación plausible es la percepción espiritual del estado psíquico de la persona, vía telepatía, -es decir, comunicación de contenidos mentales-, que permite conocer aspectos menos positivos de la persona o muy positivos que determinen la atracción positiva o no.

Esto es cierto, empero, en gran número de casos que se presentan a diario existe una relación que data de existencias pasadas.

Ahora, bien, ¿será verdad que el ser humano no recuerda nada de sus existencias pasadas?

¿Cómo podría explicarse el caso de millones de personas que “saben tantas cosas” que nadie le ha enseñado” y que de manera innata están posesionados de tales conocimientos, habilidades o aptitudes?

¿Cómo clasificaríamos el hecho de que haya niños que a la edad de 4 años sean músicos, poetas, matemáticos, y aún otros que fácilmente pueden hablar y escribir varios idiomas, algunos de los cuales muchas veces antiguos y ya en desuso?

Por supuesto que lo anterior no es sino una cita pequeña de los sorprendentes casos que en la naturaleza humana abundan y que como ejemplos sirven para comprender tan importante ley como es la reencarnación.

Algunos dicen: -¡Son genios! Pero, los genios no existen en la acepción que le considera “seres privilegiados de Dios”.

¿No será ese “niño prodigio” que sobresale en matemática a la edad de cuatro años, un Ser o Espíritu que, en una existencia anterior cultivó profundamente las matemáticas, alcanzando un dominio tal en las mismas, que al reencarnar de nuevo, especialmente en la niñez, cuando los lazos que unen al espíritu con la materia son “elásticos” y permiten que aquél tenga cierta emancipación o libertad del cuerpo, hasta el grado en que, con relativa facilidad rememora sus conocimientos de matemáticas, -o de otra índole- aplicándolos de manera sorprendente para la edad de 4 años, edad en que generalmente no ha tenido la oportunidad de estudiar esa u otra materia?

De manera similar acontece con gran número de personas, en mayor o menor grado, que sin haber estudiado una rama determinada del saber humano, se encuentran en capacidad de comprender los más arduos problemas de la manera más natural.

El siguiente caso, acontecido con Blaise Pascal, que copiamos de la biografía “Pascal, La Vida del Genio”, de Morris Bishop, ilustra, admirablemente, este punto de estudio sobre la Reencarnación:

“DESCUBRIMIENTO DE LA GEOMETRÍA”

“La extraordinaria precocidad de Blaise Pascal trastornó por completo el plan educativo que su padre había forjado.

“Las conversaciones sostenidas por Etienne con sus solemnes amigos solían ser acerca de las matemáticas y de la geometría.

-“¿Qué era aquello de la geometría?, -se preguntaba el muchacho y preguntaba a los demás. Y el padre le contestaba, con su acostumbrada sobriedad, que era el más alto y más noble de todos los conocimientos.

“Acaso le recordase la inscripción que figuraba en la puerta de la Academia de Platón, y que decía: -“Que no entre aquí ningún ignorante de la geometría”.

“Blaise se sentía decepcionado y molesto y pedía y suplicaba se le instruyera en las matemáticas, igual que otro niño hubiera pedido se le diesen dulces.

“Pero el padre se negó resueltamente a ello, porque temía que el muchacho distrajese su atención de los clásicos por concentrarla en la geometría; sin embargo, le prometió hacerle aprender las matemáticas en cuanto supiese el latín y el griego.

“A fin de poner fuera del alcance del chico tales golosinas intelectuales, el padre encerró bajo llave todos los libros de texto y rogó a sus amigos que no mencionasen las matemáticas en presencia de aquel pequeño escudriñador.

“Lo único que Blaise consiguió saber de su padre fue que la geometría era la ciencia de hacer diagramas exactos y de averiguar la proporción entre ellos.

“Entregase Blaise a la meditación, solo en su cuarto, y se puso a aplicar tal definición. Comenzó a trazar con carbón diagramas en el suelo de la habitación, tratando de hacer una circunferencia y un triángulo equilátero.

“Al conseguirlo, sintió como si en ello le complaciese n el ritmo y el equilibrio de las líneas.

“Observó ciertas verdades o axiomas, y llegó a formular algunas descripciones circunspectas o definiciones.

“Planteó el mismo algunos problemas y vislumbró métodos de pruebas o demostraciones.

“Gracias a su preparación en el uso del razonamiento, procedió adelante paso a paso, hasta llegar a la trigésima segunda proposición de Euclides, la de que: la suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos ángulos rectos.

“Mientras Blaise estaba por completo absorbido en tan intrincado problema, se le ocurrió al padre ir a la habitación del muchacho y se quedó allí parado un gran rato observando la actuación del geómetra inconsciente. No pudo el padre contenerse más y, medio temeroso y medio orgulloso, se dio a explicar la estructura de su lógica con una ridícula e improvisada terminología de “rayas” y “ruedos”, de “líneas rectas” y de “círculos”. Y lo perdonó todo en un gran arrebato de orgullo y de afecto por el hijo.

“Este es poco más o menos el relato hecho por Gilberto, y su relación , en calidad de testigo presencial, es acreedora a todo nuestro respeto. Debe por fuerza , de ser verídica, salvo las naturales exageraciones que el comprensible orgullo de familia haya ido introduciendo en una historia repetida con frecuencia. Se ha impugnado el testimonio de la hermana, fundando la impugnación en el hecho de que el orden de las primeras treinta y dos proposiciones de Euclides no es tan lógicamente inevitable que permita a un desconocedor de las matemáticas , por grande que sea su genio, reproducirlas de igual forma que se hallan en los libros de textos. Pero, es el caso que Gilberto no dijo jamás que su hermano llegase a reproducir milagrosamente a Euclides, sino que llegó por la simple vía de su propio razonamiento a la proposición treinta y dos; resultado perfectamente creíble, si bien de todo punto extraordinario: a decir verdad, casi maravilloso”.

Esa capacidad innata para asimilar, comprender, resolver “ciertas cosas”, es el conocimiento acumulado, la experiencia previa, que como herencia cultural –o espiritual- traemos de existencias anteriores, lo cual es un proceso completamente natural y, además, es un reflejo de las sabias e inmutables leyes de la Creación, las cuales, el ser humano ahora comienza a desentrañar en su esencia profunda y natural.

El ser humano, en cada nueva existencia comienza su nueva etapa evolutiva desde el grado de progreso que alcanzara en la anterior.
Es el mismo ser, quien al final de su existencia, hace un balance de la misma y en base al resultado o saldo, -suma existencial- organiza un plan de trabajo para la sucesiva reencarnación.

Él es quien selecciona donde y cuando nacer, según convenga a su evolución; quienes han de ser los miembros de su familia, etcétera.
Esto es prueba tangible del libre albedrío del ser, aún cuando el cumplimiento de las leyes universales es inexorable y natural, en beneficio de su avance en una ascendente evolución.

EL PODER DE LA PACIENCIA

https://giuseppeisgro.wordpress.com/2015/04/23/el-poder-de-la-paciencia/

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EL PODER DE LA PACIENCIA

©Giuseppe Isgró C.

La paciencia, como virtud genial, implica previsión de metas y su distribución en espacio y en el tiempo, con pleno dominio del “know how”, para hacer más efectivo tu logro.

La persona, en la vida, comienza por conocer cuales son los instrumentos que habrá de utilizar en su tarea.

Luego, aprende a utilizarlos y, por último, como hacer la obra que le está encomendada.

Más allá de la obra física realizada, llega a comprender que aún hay más.

Adquiere la conciencia de que su obra complementa la realización de un plan diseñado por el Gran Arquitecto del Universo, bajo cuyos designios, en concordancia con la evolución cósmica, adquiere la sabiduría que la paciente búsqueda y autorrealización le permiten.

La acción individual de cada persona constituye una activa cooperación con el plan rector universal.

En todo momento, es conveniente mantener la calma y la paciencia, organizando los esfuerzos en base a estrictas prioridades, continuando, pacientemente, la acción en pos de la meta con expectativa positiva.

Oportunamente, cuando las propias prioridades coinciden con las del engranaje cósmico, y se sincronice con el mismo, desaparece cualquier eventual bloqueo y todo marchará fluidamente.

La humanidad está embarcada en la nave espacial llamada tierra, de cuyo programa de objetivos colectivos se forma parte, con sus responsabilidades inherentes.

Si se restringe el plan de vida a la propia misión cósmica, se tendrá siempre lo necesario para seguir adelante con éxito.

La paciencia es, en toda persona, -y expresión de vida-, la manifestación tangible de la propia comprensión de las leyes que rigen el cosmos.

Cada uno de los propios talentos puede ser mejorado con esfuerzos pacientes y constantes.

William James hizo una valiosa sugerencia al respecto, cuando dijo: -“….Que ningún joven esté ansioso acerca del resultado final de su educación. Cualquiera que sea la línea de su especialidad, si se mantiene fielmente ocupado cada hora del día laborable, puede dejar, sin riesgo alguno, que el resultado aparezca por sí mismo. Puede contar, con perfecta certeza, que se despertará una bonita mañana para encontrarse a sí mismo como uno de los hombres más competentes de su generación, en cualquier campo que pueda haber escogido”-.

El que persevera, con paciencia, atacando los obstáculos uno a uno, resuelve positivamente todas las situaciones, alcanzando sus metas con efectividad.

Un antiguo aforismo expresa: -“Hasta su hora aguanta el que es paciente, más después se le dará contento. Hasta su hora contiene sus palabras, y entonces, muchos labios proclaman su inteligencia”.-

La paciencia es una expresión de la voluntad y dominando en el ánimo controla, externamente, todas las cosas.

Adelante.

VIDA ESPIRITUAL

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Capítulo X

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
La obra cumbre del pensamiento universal!!!
Autor: Allan kardec
Versión castellana y comentarios exegéticos: Giuseppe Isgró C.

VIDA ESPIRITUAL

Espíritus en la dimensión espiritual. Mundos transitorios. Sensaciones y sufrimientos de los Espíritus. Elección de las pruebas. Jerarquía social de la dimensión espiritual. Relaciones simpáticas y antipáticas entre los Espíritus. Espíritus gemelos. Memoria de las existencias corpóreas. Conmemoraciones de los desencarnados. Tributos.

ESPÍRITUS EN LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

1. El Espíritu se reencarna inmediatamente después de su separación del cuerpo?
-“Algunas veces inmediatamente; pero, generalmente lo hace después de intervalos más o menos largos. En los mundos superiores la reencarnación es casi siempre inmediata; por cuanto la materia del cuerpo es más depurada, el Espíritu encarnado goza de casi todas sus facultades de Espíritu, y su estado normal es el de vuestros sonámbulos lúcidos”-.
2. Qué es el Espíritu en los intervalos entre las diversas encarnaciones?
-“Un Espíritu que vive en la dimensión espiritual, que aspira a un nuevo destino, y espera”-.
Cuánto pueden durar estos intervalos?
-“Desde unas pocas horas hasta miles de siglos. Del resto, al estado de vida, en la dimensión espiritual, no existen límites extremos fijados, por cuanto puede durar larguísimo tiempo, sin ser jamás perpetuo; el Espíritu encuentra siempre, tarde o temprano, la manera de recomenzar una existencia, la cual sirve a la purificación de las precedentes”-.
Esta duración depende de la voluntad del Espíritu, o puede ser impuesta como una expiación?
-“Es una consecuencia del libre albedrío, por cuanto los Espíritus saben perfectamente lo que hacen. En muchos casos, empero, es una sanción ejecutada por la ley de Dios; otros solicitan de extenderla para continuar realizando estudios que únicamente pueden hacerse útilmente en el estado de Espíritu”-.
3. El estado de Espíritu, en la dimensión espiritual, es un signo de inferioridad entre los entes?
-“No, por cuanto existen Espíritus en todos los grados. La encarnación es una fase transitoria, ya ha sido dicho; en su estado normal, el Espíritu se encuentra libre de la materia”-.
4. Se puede decir que todos los Espíritus desencarnados se encuentran de tránsito en la dimensión espiritual?
-“Solamente aquellos que deben reencarnar; los Espíritus puros que han superado el estado de corporeidad, no: el estado de Espíritu de estos es definitivo”-.
Respecto a las cualidades íntimas, los Espíritus, como hemos visto, son de varios órdenes que ellos recorren sucesivamente a medida que se purifican. En cuanto a su estado, pueden encontrarse encarnados, es decir, unidos a un cuerpo material, y libres, en la dimensión espiritual, es decir, emancipados del cuerpo físico y en espera de una nueva encarnación para el propio mejoramiento; puros, como decir relativamente perfectos y ya no más sometidos a la encarnación.
COMENTARIO EXEGÉTICO: Cuando se menciona el hecho de que, los Espíritus, habiendo alcanzado un determinado grado de pureza, y perfección evolutiva, ya no están obligado a reencarnar, debe entenderse que ya no están obligado a reencarnarse con fines de expiar, compensando, deudas kármicas de existencias pasadas. Es decir, que se han liberado de compromisos que les hacía necesario reencarnar a tales efectos a los fines de compensar, cancelando sus respectivas deudas. Habiendo quedado libres de tales deudas, los Espíritus no se encuentran obligado a hacerlo con tales finalidades kármicas, adquieren una autonomía que trasciende toda obligación con otros seres, Empero, este grado de autonomía y de libertad no implica de que ya jamás deban volver a reencarnar. Esto es preciso descartarlo absolutamente. Existen otras condiciones que obligan a los Espíritus a reencarnarse, como son:
I. El progreso eterno e infinito, en el cual el Espíritu elabora su propio plan de desarrollo, mediante el cual coopera en la realización de la Gran Obra cósmica.
II. El plan de estudio existente en cada mundo, al cual, cada Espíritu se encuentra adscrito, en un momento dado, por propia elección, o por el grado evolutivo alcanzado, que le ubica, automáticamente, en un determinado grupo, ejerciendo, siempre, su libre albedrío, o facultad de autonomía.
III. Por misión autoimpuesta, de cooperar con humanidades que precisan de un instructor en el nivel alcanzado por determinado Espíritu.
IV. Por misión asignada por los Regidores Cósmicos, en un determinado mundo, y libremente aceptada por el Espíritu en particular.
V. Cualquier otra condición en que, los Espíritus, por la ley de la solidaridad, se encuentran obligados, moralmente, por la propia conciencia, a cooperar con las humanidades que lo precisan, lo cual, no deja de ser, al mismo tiempo, una oportunidad de crecimiento espiritual, ya que, tales misiones, les facultan para poner en práctica, sus conocimientos, experiencias y visión de desarrollo alcanzado.
VI. Esto nos permite ver que, a partir de cierto grado evolutivo, el Espíritu queda en libertad de cooperar por libre elección en la parte de la Gran Obra que mejor se adapte a su experiencia y conocimiento, optimizando su vocación de servicio y aptitudes.
VII. Por otra parte, el Espíritu va percibiendo áreas determinadas en las cuales precisa fortalecerse, y desarrollarse, en un mejor nivel, por lo cual, elige existencias físicas, a tales efectos, por propia iniciativa, ya que el afán evolutivo es incesante en la propia conciencia. Tomemos en cuenta de que, en la dimensión espiritual, los Espíritus, bajo la dirección de los respectivos guías, visitan los mundos más avanzados que implican los siguientes grados de desarrollo en su escala evolutiva. De lo que allí observan, eligen libremente, aquellas áreas por las cuales se sienten identificados. Las unas para optimizar sus facultades y aptitudes desarrolladas. Las otras, para desarrollar las que lo precisan.
5. De qué manera se instruyen los Espíritus en la dimensión espiritual? Seguramente no como nosotros.
-“Estudian su pasado y buscan de elevarse. Ven y consideran lo que sucede en los lugares que recorren: escuchan los discursos de los seres humanos y los consejos de los Espíritus superiores, aprovechando las ideas que precisan”-.
6. Conservan los Espíritus alguna pasión humana?
-“Los Espíritus elevados, en la gradual purificación de su envoltura, abandonan las tendencias al mal y no alimentan más que el deseo del bien; pero, los Espíritus inferiores conservan las pasiones terrenas, de otra manera no serían inferiores”-.
7. Por cuanto al abandonar la tierra, los Espíritus no abandonan todas sus malas pasiones, se conocen las desventajas?
–“Vosotros tenéis en este mundo algunos que son excesivamente envidiosos: creéis, quizá, que abandonando la tierra, ellos pierden este defecto? No siempre los Espíritus conocen las consecuencias de sus pasiones negativas, poco después de la desencarnación; especialmente a quienes han tenido pasiones dominantes, les queda a su alrededor una cierta atmósfera material que le obscurece la inteligencia. Es sólo por intervalos que entrevén la verdad, lo cual les señala el buen camino que precisan seguir”-.
8. El Espíritu progresa en la dimensión espiritual?
–“Ciertamente puede mejorar mucho también en este estado, siempre según su voluntad y deseo; pero, es sólo en la existencia corpórea que él pone en practica las ideas adquiridas en la dimensión espiritual”-.
9. Los Espíritus, en la dimensión espiritual son felices o infelices?
-“Según sus propios meritos: sufren por las pasiones de las cuales conservan trazas, o gozan en la medida en que han progresado. En la dimensión espiritual, el Espíritu entrevé lo que aún le falta para ser más feliz, buscando, entonces, medios para conseguirlo; pero, no siempre le es permitido reencarnar a su agrado, esto debido a sanciones en curso”-.
10. Pueden los Espíritus, mientras se encuentran en la dimensión espiritual ir a todos los mundos?
-“Según los casos. El hecho de haber dejado el cuerpo, no significa que el Espíritu sea perfectamente libre de la materia, por lo cual pertenece, todavía, al mundo en el cual ha vivido, o a otro del mismo grado, salvo que durante su vida él no se haya elevado, a cuyo fin debe siempre apuntar, si quiere perfeccionarse. Él, en algunos casos, puede trasladarse por poco tiempo en algunos mundos superiores; empero, se encuentra como un extranjero, y no hace, por así decirlo, que entreverlos, lo cual le despierta el deseo de mejorarse, para ser digno de la felicidad que allí se goza, para así poderlos habitar más adelante”-.
11. Los Espíritus ya purificados vienen a los mundos inferiores?
-“Vienen con frecuencia, con el fin de ayudarlos a progresar, por cuanto, de otra manera, éstos dependerían sólo de sí mismos y carecerían de guía de la cual ser dirigidos”-.
MUNDOS TRANSITORIOS
12. Existen, como nos fue dicho, mundos que sirven a los Espíritus de la dimensión espiritual de estaciones o lugares de reposo?
–“Sí; los Espíritus se pueden establecer, temporalmente, y hacer un espacio de tiempo en su larga estadía en la dimensión espiritual, para reposar y estudiar; empero, siempre representa un estado de inquietud por progresar”-.
Los Espíritus que se establecen temporalmente, pueden, después, dejarlos en cualquier momento?
-“Sí, para ir a donde le corresponde. Os pueden dar una idea los pájaros de tránsito, que se posan en una isla, donde esperan mientras reponen sus fuerzas para trasladarse al lugar hacia donde transmigran, gozando, de esta manera, de un bienestar más o menos grande”-.
13. Mientras duran estas etapas en mundos transitorios, los Espíritus progresan?
-“Ciertamente. Quienes se reúnen de este modo, lo hacen para instruirse, para hacerse dignos de ser transferidos a lugares mejores y así conseguir la felicidad de los elegidos”-.
14. Los mundos transitorios, por su especial naturaleza, están destinados en forma permanente para albergar Espíritus que se encuentran en la dimensión espiritual?
-“No; aquel estado es temporal”-.
Son, al mismo tiempo habitados como el nuestro, también de seres corpóreos?
-“No, por cuanto su superficie es estéril. Quienes los habitan no precisan de nada”-.
Tal esterilidad es permanente, y depende de su naturaleza especial?
-“No; son estériles por transición”-.
Aquellos mundos deben ser, entonces, desprovistos de bellezas naturales?
-“La naturaleza se traduce en las bellezas de la inmensidad, las cuales no son menos admirables de aquellas que vosotros llamáis bellezas naturales”-.
Por cuanto el estado de aquellos mundos es transitorio, nuestra tierra estará, un día, también en esa condición?
-“Ya lo ha estado”-.
En qué época?
-“Durante su formación”-.
No existe nada sin utilidad en la naturaleza: cada cosa tiene su finalidad; el vacío no existe; cada lugar está habitado, la vida se encuentra en todas partes. De la misma manera ha ocurrido durante la extensa serie de siglos que han transcurrido ante de que apareciese el hombre sobre la tierra; a lo largo de aquellos períodos de transición, llenos de estratos geológicos, aún antes de la primera formación de los primeros seres orgánicos, sobre esta masa informe, en este árido caos, donde los elementos se encontraban confundidos unos con otros, no faltaba la vida: seres que no tenían nuestras necesidades, ni nuestras sensaciones físicas, encontraban, allí, un refugio. Dios ha querido que, también en aquel estado imperfecto, la tierra sirviese para alguna cosa. Quién, por lo tanto, osaría aseverar que, entre los innumerables mundos esparcidos en la inmensidad, uno sólo, uno de los más pequeños, perdido en la cantidad, tenga el privilegio exclusivo de ser habitado? Cuál sería, entonces, la utilidad de los demás? Sería una suposición absurda, incompatible con la sabiduría que se manifiesta en todas las obras divinas, inadmisible por el hecho que de los planetas nosotros no vemos sino una parte infinitesimal. Nadie negará que en esta idea de mundos todavía no propicios para la vida, y habitados nada menos que por seres adecuados a aquellos ambientes, exista algo de grandiosidad en la cual se encuentra, quizá, la solución a muchas incógnitas.
PERCEPCIONES, SENSACIONES Y SUFRIMIENTOS DE LOS ESPÍRITUS
15. El Espíritu, pasado que haya a la dimensión espiritual, alimenta las sensaciones que tenía en la vida física?
-“Sí, y adquiere otras que no poseía, desde el momento en que el cuerpo representaba una especie de velo, que le opacaba. La inteligencia es siempre un atributo del Espíritu; empero, se manifiesta más libremente sin el obstáculo de la envoltura material”-.
16. Las percepciones de los Espíritus son infinitas? En otras palabras, saben ellos, todo?
-“No. Cuanto más se acercan a la perfección, tanto más saben: los Espíritus superiores saben mucho; los inferiores poco o muy poco”-.
17. Conocen, los Espíritus, el principio de las cosas?
-“Según su elevación y pureza; los inferiores, saben cuanto los seres humanos”-.
18. Los Espíritus miden la duración del tiempo como nosotros?
-“No; y por esto muchas veces no nos comprendéis, cuando os hablamos de fechas o de épocas”-.
Los Espíritus viven fuera del tiempo, tal como lo comprendemos nosotros. La duración casi se anula para ellos, y los siglos, tan largos para nosotros, son a sus miradas fugaces instantes, que se pierden en la eternidad, como las desigualdades para quien se eleva en el espacio.
19. Los Espíritus tienen del presente una idea más precisa y más exacta de aquella que tenemos nosotros?
-“Tal como una persona que nos ve, se forma una idea más exacta de aquel que carece del sentido de la vista. Los Espíritus ven aquello que vosotros no veis y juzgan, por lo tanto, en forma diversa de vosotros. Empero, os lo repetimos, todo depende de su grado de elevación”-.
20. En qué modo conocen los Espíritus el pasado? El conocimiento que poseen es sin límites?
-“El pasado, cuando nos ocupamos de él, se convierte en presente, tal como cuando vosotros os recordáis de una cosa que os ha impresionado en el curso de la vida. Por cuanto nosotros no tenemos más el velo material que opaca nuestra inteligencia, lamentamos que las cosas se olviden entre vosotros. A todo esto, no quiere decir que, entre nosotros, se conozca todo el pasado”-.
21. Los Espíritus conocen el porvenir?
-“También esto depende del grado de su perfección. Frecuentemente lo entreven, pero no siempre le está permitido de revelarlo. También el futuro, cuando tienen conocimiento, le parece, a ellos, presente, y lo ven tanto más claro, cuanto más se acercan a Dios. Después de la desencarnación, el Espíritu contempla, en una visión panorámica, sus pasadas emigraciones; empero, no puede descubrir lo que Dios le prepara. Para que esto ocurra, es preciso que él le esté muy cercano, lo cual sólo es posible después de un gran número de existencias”-.
Los Espíritus, llegados a un elevadísimo grado de perfección, tienen pleno conocimiento del porvenir?
-“No. Sólo Dios es el conocedor supremo y nadie puede igualarle”-.
22. Los Espíritus ven a Dios?
-“Los superiores lo ven, y lo comprenden; los inferiores lo sienten y buscan de intuirlo”-.
Cuando un Espíritu inferior dice que Dios le prohíbe o le permite una cosa, cómo sabe que proviene de Él?
-“El no ve a Dios; pero siente su sublimidad, y, cuando no debe ser hecha una cosa, o dicha una palabra, siente como una intuición, una advertencia invisible, que le prohíbe de hacerlo. Vosotros mismos no tenéis presentimientos, que son como avisos secretos de hacer, o no, esta o aquella cosa? Es lo mismo para nosotros, pero en grado superior, por cuanto comprendéis que, siendo la esencia de los Espíritus más sutil que la vuestra, ellos pueden intuir mejor los advertimientos divinos”-.
COMENTARIO EXEGÉTICO GIC: Los Espíritus, en la dimensión espiritual, al igual que aquellos que se encuentran en la física, perciben en la conciencia, el efecto coercitivo de los valores universales, o atributos divinos, que les advierten, lo que deben evitar, o lo que deben hacer, en un momento dado. Es la acción pedagógica del Creador Universal por medio de los sentimientos de los valores universales dentro de la conciencia.
La conciencia del ser, encarnado o desencarnado, es una réplica exacta de la del Creador Universal, y en ella se expresa el sentimiento de lo justo o de lo injusto, de lo bello o de lo feo, del bien o del mal, del deber y de la solidaridad, de la vergüenza y del pudor, del amor y de la compasión, entre otros, indicando los límites y la polaridad de los pensamientos, de los sentimientos, de las palabras y de los actos u omisiones de actos. Los valores universales, o atributos divinos, constituyen los sentidos espirituales que guían al ser en todas las fases existenciales, cuando se escucha la voz de la conciencia. Desoída la misma, se activa la acción coactiva, haciendo experimentar la respectiva percepción del error en que se ha incurrido, y la reprimenda inherente, como un efecto de reclamo, o sanción, de la ley cósmica impresa en la propia conciencia.
El aviso viene transmitido directamente de Dios, o por medio de otros Espíritus?
-“No directamente de Dios. Por cuanto para comunicarse con Él es preciso ser dignos; sino por medio de los Espíritus a ellos superiores en perfección e instrucción”-.
23. La vista en los Espíritus, está circunscrita en un órgano como en los seres corpóreos?
-“No; reside en ellos”-.
24. Los Espíritus necesitan la luz para ver?
-“Ven por sí mismos, y no precisan de luz exterior. Para ellos no existe oscuridad salvo aquella en que puedan encontrarse por efecto de expiación”-.
25. Necesitan los Espíritus trasladarse para ver en dos lugares diferentes? Pueden ellos, por ejemplo, ver al mismo tiempo en los dos hemisferios del planeta?
-“Por cuanto el Espíritu se traslada de un lugar a otro con la velocidad del pensamiento, se puede decir que él ve por todas partes al mismo tiempo. Por otra parte, su pensamiento puede irradiarse, al mismo tiempo, en muchos sitios diversos; empero, esta facultad depende de su pureza; cuanto menos él es puro, tanto más esa capacidad se encuentra limitada. Solamente los Espíritus superiores pueden en un solo instante abrazar un conjunto de cosas”-.
La facultad de ver en los Espíritus es una propiedad inherente a su propia naturaleza, por lo cual su sede reside en toda la persona, como la luz en todas las partes del cuerpo luminoso: es una especie de lucidez universal, que se extiende en todo, abraza en uno el espacio, los tiempos y las cosas, y para ella no existen más oscuridades, ni obstáculos materiales. Y es natural: en el ser humano, por cuanto la vista es el efecto de un órgano tosco de la luz, sin luz se manifiesta la oscuridad; en el Espíritu, en quien la facultad de ver es un atributo suyo propio, sin necesidad de algún agente externo, la vista es independiente de la luz (ve nº 92).
26. El Espíritu ve las cosas en forma diferente de nosotros?
-“Bastante más, por cuanto su vista, no obscurecida por ningún obstáculo, penetra donde a nuestra mirada no le es posible hacerlo”-.
27. El Espíritu escucha los sonidos?
-“Mejor que vosotros, por cuanto existen otros que el oído humano no puede percibir”-.
También la facultad de oír se encuentra en todo su ser, como la de ver?
-“Todas las sensaciones constituyen atributos del Espíritu, y hacen parte de su ser: cuando él se encuentra revestido de un cuerpo material, las percibe por medio de los órganos; empero, en el estado espiritual o de pureza dejan de estar localizados en un determinado órgano”-.
28. Por cuanto las sensaciones son atributos del Espíritu, le es posible, a él, evadirlas?
-“En general, y especialmente para los elevados, los Espíritus no ven y no sienten sino lo que quieren: todavía los imperfectos oyen y ven, frecuentemente, en contra de su voluntad, lo que puede procurarle su propio progreso”-.
29. Le gusta la música a los Espíritus?
-“Entended referiros a vuestra música? Qué puede representar ella en comparación con la espiritual? De aquella armonía de la cual nada en la tierra os puede dar una idea? La una es respecto de la otra, lo que el canto del salvaje respecto a una suave melodía. Todavía, los Espíritus vulgares pueden sentir vuestra música con cierto placer, por cuanto aún no le es dado de comprender una más sublime. La música tiene para los Espíritus infinitas atracciones, según sus desarrolladísimas propiedades sensitivas. Entiendo hablar de la música celeste, que es cuanto la imaginación puede concebir de más bello y de más suave”-.
30. Los Espíritus perciben como nosotros las bellezas de la naturaleza?
-“Las bellezas naturales de los mundos son de tal manera variadas que los Espíritus no las pueden conocer todas; empero, las perciben de acuerdo a su aptitud para apreciarlas y comprenderlas. Para los Espíritus elevados existen bellezas de conjunto, delante de las cuales desaparecen, por así decirlo, las particulares”-.
31. Se encuentran, los Espíritus, sujetos a nuestras necesidades y dolores físicos?
-“Son de su conocimiento por cuanto han experimentado sus efectos; empero, por ser Espíritus, su percepción es diferente”-.
32. Los Espíritus experimentan el cansancio y la necesidad de descansar?
-“Ellos no pueden sentir el cansancio tal como vosotros lo entendéis, y en consecuencia no precisan vuestro descanso corporal, por cuanto no tienen órganos cuyas fuerzas deban restaurar. Si descansan en cierto sentido, por cuanto no se encuentran en actividad continua. Por cuanto no actúan materialmente, su acción es toda intelectiva y su descanso totalmente moral, vale decir que existen momentos en los cuales su pensamiento es apartado de su férvida actividad, y no se para sobre un objeto determinado: es un verdadero descanso, empero no es comparable al del cuerpo. En todo caso, también esta especie de cansancio, que pueden experimentar los Espíritus, se encuentra en razón de su propia inferioridad, ya que, cuanto más son elevados, tanto menos les es necesario el descanso”-.
33. Cuando un Espíritu manifiesta que sufre, qué clase de sufrimiento es el suyo?
-“Son emociones morales, que le torturan mucho más que los dolores físicos”-.
34. Y, entonces, cómo explicar que algunos Espíritus se hayan quejado de sufrir frío y calor?
-“Por remembranza, muchas veces penosa cuanto la realidad de todo lo que habían sufrido en la dimensión física, y frecuentemente, por comparación, con la cual, por falta de un medio mejor de expresión, describen el propio estado. Dado que se acuerdan del cuerpo, experimentan cierta impresión, como cuando alguien se quita una manta, experimentando la sensación de sentirlo, por un cierto tiempo, encima”-.
ENSAYO TEORICO SOBRE LAS SENSACIONES DE LOS ESPÍRITUS
35. El cuerpo, más que el instrumento del dolor, es, si no la causa primera, por lo menos la causa inmediata. El Espíritu tiene la sensación de este dolor: siendo esta sensación el efecto. El recuerdo que ella alimenta, puede ser muy penoso, pero no ejercita acción física. En efectos, ni el frío ni el calor pueden disolver la esencia del Espíritu: la cual no puede helarse ni quemarse. No vemos, nosotros, todos los días, el recuerdo o la aprensión de un mal producir el efecto de una realidad, y causar, también, la desencarnación? Todos saben que las personas que han sufrido alguna amputación pueden sentir dolor en los miembros que no existen más, por lo cual no pueden ser, ciertamente, las sede del dolor, ni el punto de partida: el cerebro ha conservado la impresión, es ahí todo. Ahora, por qué no tendría alguna analogía con esto el fenómeno de los sufrimientos del Espíritu después de la desencarnación? Un estudio más profundo del alma (periespíritu), que tiene parte esenciadísima en todos los fenómenos espiritas; las apariciones vaporosas o tangibles; el estado del Espíritu al momento de la desencarnación, la idea tan frecuente de encontrarse todavía vivo –en la dimensión física-; el horrible cuadro de las desencarnaciones forzadas o autoprovocadas, la de los ajusticiados, de quienes se habían sumergido en los placeres materiales, y muchos otros hechos, han venido a traer la luz sobre este argumento, dando lugar a amplias dilucidaciones que aquí es preciso sintetizar.
El alma, es el ligamen que une el Espíritu con el cuerpo. Su esencia es absorbida del ambiente desde el fluido magnético, y, hasta cierto punto, de la materia inerte. Se podría decir que es la quintaesencia de la materia: ese es el principio de la vida orgánica, como el Espíritu es el de la vida intelectiva y moral, y por lo tanto el agente de las sensaciones externas. En el cuerpo, estas sensaciones se localizan en los órganos, que le sirven de vehículos.
Una vez destruido el cuerpo, las sensaciones se generalizan. Es aquí la razón por la cual los Espíritus dicen de sufrir mas bien en la cabeza que en los píes. Adviértase de no confundir las sensaciones del alma en libertad con las del cuerpo: tomemos estas últimas como punto de comparación y no como analogía. El Espíritu puede sufrir, también, después de separado del cuerpo. Pero, qué sufrimiento es el suyo? No es corporal, pero tampoco exclusivamente moral como el remordimiento, por cuanto se lamenta, por ejemplo, del frío y del calor. Y él, es su condición de Espíritu, no puede sufrir más ni el invierno ni el verano, por cuanto podría estar entre los hielos o pasar a través de las llamas sin el mínimo dolor: por lo cual, no recibe impresión alguna de las intemperies. En consecuencia, los dolores que siente no son dolores físicos propiamente dichos, sino vagas sensaciones íntimas, de las cuales, el mismo no sabe explicarse la razón; este es el motivo por el cual no son locales, ni producidos por agentes externos: ellos consisten, más que en una realidad, en recuerdos penosos.
Todavía, alguna vez, son algo más que un recuerdo y esto, de acuerdo a lo que nos enseña la experiencia, en el momento de la desencarnación el alma se separa con cierta lentitud del cuerpo y durante algún tiempo el Espíritu no se explica el estado en que se encuentra: no cree de haber desencarnado, por cuanto siente que vive, pero ve su cuerpo abandonado, sabe que es el suyo, y no percibe de estar separado de él; tal estado dura mientras exista un ligamen entre el cuerpo y el alma. Un Espíritu que había provocado su propia desencarnación nos decía: -“No, yo sigo viviendo!”; agregando luego: “Nada menos, siento los gusanos que me roen”. Por supuesto, los gusanos no roían el alma, y todavía menos el Espíritu: roían el cuerpo. Empero, por cuanto la separación del cuerpo y del alma no era perfecta, resultaba de ello una especie de repercusión moral, que transmitía al Espíritu la sensación de lo que ocurría en el cuerpo. No obstante, es preciso tomar en cuenta que repercusión no es el término correcto, por cuanto podría hacer creer a un efecto muy material; lo utilizamos a falta de otro mejor, para significar como la visión de lo que ocurría en su cuerpo, al cual todavía le unía el alma, producía en él una ilusión, la cual él tomaba como real.
Por lo cual, el sufrir del Espíritu no era por remembranza, por cuanto durante su vida en la dimensión física él no había sido jamás roído por los gusanos, sino que se trataba de la percepción de un hecho que le ocurría en tiempo presente. Veamos, ahora, cuales deducciones se pueden extraer de los hechos observado de manera tan atenta.
Durante la vida, el cuerpo recibe las impresiones externas y las transmite al Espíritu por medio del alma, que probablemente es lo que se denomina fluido nervioso. El cuerpo ya separado del Espíritu no siente nada, por cuanto no tiene más ni alma, que es la que transmite, ni Espíritu, que es quien siente.
El alma, separada totalmente o en parte, del cuerpo, experimenta la sensación; sin embargo, por cuanto tal sensación no le viene transmitida más por medio de un órgano determinado, la percibe de una manera generalizada. Ahora, por cuanto el alma no es más que un agente de transmisión, ya que solamente el Espíritu es quien tiene la conciencia, se deduce que, si pudiese existir un alma separada del Espíritu, éste no percibiría nada más relativo al cuerpo, al igual que, si el Espíritu no tuviese alma, o en el caso de tener una etérea por excelencia, sería inaccesible a toda sensación penosa, tal como ocurre a los Espíritus puros.
Sabemos, de hecho, cuanto más se purifican los Espíritus, tanto más etérea llega a ser la naturaleza del alma, lo cual quiere decir que la influencia de la materia disminuye en la medida en que el Espíritu progresa, por lo que el alma se depura en grado equivalente.
Empero, se objetará: las sensaciones placenteras son transmitidas al Espíritu por medio del alma, como, por ejemplo: las penosas; ahora, si el Espíritu puro es inaccesible a las unas, debe serlo, igualmente, a las otras. Sí, sin duda, el Espíritu puro es insensible a las sensaciones agradables que se derivan de aquella materia que nosotros conocemos. El sonido de nuestros instrumentos, el perfume de nuestras flores no les impresionan en absoluto: sin embargo, él es capaz de percibir íntimas sensaciones de atracción inefable, de las cuales no nos podemos formar idea alguna, por cuanto nosotros, respecto a ellos, como las personas privadas del sentido de la vista desde su nacimiento con respecto a la luz. Sabemos que tales sensaciones existen, pero, en qué modo? Nuestra ciencia no va más allá. Conocemos que tienen sensaciones, oído, vista, y que estas facultades son atributos de todo el ser, y no ya, como en la persona, funciones de un órgano; pero, repetimos, de cuál medio se sirven ellos? Es preciso dilucidar este punto. Los mismos Espíritus no nos pueden dar descripciones, ya que nuestro lenguaje no está hecho para expresar ideas que no tenemos, al igual que el de los pueblos primitivos no tiene términos para explicar nuestras artes, ciencias y doctrinas filosóficas.
Cuando decimos que los Espíritus se encuentran en un estado que hace inaccesible la percepción de las impresiones de nuestra materia, entendemos hablar de los muy elevados, cuya envoltura etérea no tiene nada de símil en nuestra dimensión física. Los otros, en quienes su alma es más densa, sienten nuestros sonidos y olores, pero no más por medio de un determinado órgano de su ser, como cuando se encontraban encarnados. Podría decirse que las vibraciones moleculares son sentidas en todo su ser, llegando, de esta manera a su sensorium commune, que es el mismo Espíritu, si bien en diferente manera, y probablemente, aún, con impresión distinta, lo cual produciría una modificación en las impresiones. Ellos oyen el sonido de nuestra voz, pero nos comprenden sin el discurso de la palabra, por la sola comunicación de contenidos mentales, y lo que le da más valor a lo que afirman, es que esta intuición es tanto más fácil cuanto más se ha destacado el Espíritu de la materia. En cuanto a la vista, ella es independiente de nuestra luz. La facultad de ver es un atributo esencial del Espíritu, para quien no existe oscuridad; aquella es tanto más amplia y aguda cuanto éste es más puro. El Espíritu, por lo tanto, posee en sí la facultad de todas las sensaciones: en la vida corpórea ellas son percibidas de acuerdo a la sensibilidad de los órganos, mientras que en la dimensión espiritual en menor grado según se encuentre depurada la envoltura anímica.
Esta envoltura, tomada del medio ambiente, varía según la naturaleza de los planetas. Al pasar de un mundo a otro, los Espíritus cambian de envoltura, al igual que nosotros la vestimenta, pasando del invierno al verano o de los polos al ecuador.
Los Espíritus, aún los más elevados, cuando vienen a visitarnos, se revisten, por lo tanto, del alma terrestre, y desde aquel momento perciben las sensaciones como los inferiores, pero, con la diferencia de que pueden rendirlas activas o anularlas, a voluntad.
En cuanto al oído en general, los Espíritus pueden dejar de oír, si así lo desean, las palabras de los inferiores, mientras que éstos siempre están obligados de escuchar las de los superiores. Lo mismo sucede con respecto a la vista, con análoga ley se pueden ocultar los unos a los otros, por cuanto cada Espíritu, sea cual fuere su grado evolutivo, siempre, a su libre arbitrio, pueden ocultarse a los inferiores, empero, a éstos les es imposible sustraerse a la mirada de los superiores.
En los primeros momentos posteriores a la desencarnación, la vista del Espíritu siempre es turbia y confusa: pero ella se va esclareciendo a medida en que se efectúa su liberación, llegando a penetrar cuerpos que para nosotros son opacos.
En cuanto a su extensión a través del infinito espacio, en el pasado o en el futuro, ella depende del respectivo grado de elevación y pureza del Espíritu.
Toda esta teoría, dirán muchos, no está hecha para reconfortar: nosotros creíamos que, despojados de la densa envoltura, instrumentos de muchos dolores, no habríamos sufrido más, y ahora, venís a anunciarnos que seguiremos sufriendo, todavía, por cuanto, de una manera u otra, es el dolor que nos atiende.
Con todo, así es; podemos sufrir aún, y mucho, y largamente; pero, podemos, también, no sufrir más desde el momento en que dejamos esta vida corpórea.
Los sufrimientos en la dimensión física, frecuentemente, es verdad, no dependen de nosotros; empero, en gran parte son los efectos de nuestra voluntad. Trasladémonos a la fuente, donde veremos que muy pocos de ellos dejan de ser consecuencias de causas que habríamos podido evitar. Cuántos males y qué número de enfermedades no debe el ser humano a sus propios excesos y a sus pasiones? Si viviese una vida sobria, sin abusar de nada, si fuese simple en sus gustos y moderado en sus deseos, se ahorraría muchas tribulaciones.
Lo mismo ocurre al Espíritu, cuyos sufrimientos son siempre los efectos de la conducta que ha tenido sobre la tierra; ciertamente, él no tiene más reumatismos, pero, experimentará otros dolores que no serán menos penosos. Hemos visto, como sus sufrimientos son producidos por los ligámenes que existen todavía entre él y la materia, es decir, que cuanto más se haya él sustraído a su influencia, tanto menos tendrá sensaciones penosas.
Ahora, depende de él, solamente, emanciparse ya en esta vida. Dotado de libre albedrío, tiene la facultad de elegir entre hacer o dejar de hacer: que dome sus pasiones, cultive el amor y la emulación de las grandes virtudes, la confianza y la dignidad; que sea generoso y purifique el Espíritu con sentimientos elevados; haga siempre y en todo el bien; no de a las cosas de este mundo mayor importancia de la que tienen, y entonces, mientras aún se encuentre en la dimensión física, se habrá purificado, liberándose del yugo de la materia, y cuando deje a la tierra su envoltura, no experimentará más su influencia, mientras que los sufrimientos físicos no les dejarán impresiones algunas, por cuanto habrán afectado únicamente al cuerpo: el Espíritu incólume se encontrará contento de haberse liberado, y su conciencia tranquila le eximirá de toda afectación moral.
Nosotros hemos interrogado a miles de Espíritus, en todos los grados y en todas las condiciones sociales; los hemos estudiado en todos los períodos de su vida espiritual, desde el momento en que han abandonado el cuerpo, siguiéndolos paso a paso en la vida de la dimensión espiritual, para observar los cambios que iban efectuándose en ellos, en sus ideas, en sus sensaciones y sobre este argumento hasta los Espíritus de los seres más vulgares nos han proporcionado elementos de estudio muy preciosos. Ahora, siempre hemos observado que los sufrimientos del Espíritu se encuentran en relación directa con su vida en la dimensión física, de la cual experimenta las consecuencias, y que la nueva existencia es fuente de inefable felicidad para quienes se han conducido por el buen camino, de donde se deduce que, quien sufre, lo hace porque ha querido, no debiendo culparse más que a sí mismo, tanto en la dimensión espiritual como en ésta.
ELECCIÓN DE LAS PRUEBAS:
36. En la dimensión espiritual, antes de iniciar un nuevo ciclo de vida corpórea, tiene el Espíritu conciencia y conocimiento previo de los sucesos que habrán de acontecer en el curso de la nueva vida?
-”No es él mismo que, haciendo uso de su libre albedrío, elige el tipo de pruebas a las cuales quiere someterse?”
Entonces, no es Dios que le impone las tribulaciones de la vida como castigo?
-“No ocurre nada sin el permiso de Dios, por cuanto Él solo ha establecido todas las leyes que rigen el universo. Pretenderíais, quizá, conocer por qué ha implantado una ley en vez de otra? Concediendo al Espíritu la libertad de elección, le deja toda la imputabilidad de sus acciones y de sus respectivas consecuencias; a su porvenir nada se le impone: la vía del bien le permanece abierta al igual que la del mal. Empero, si el Espíritu sucumbe a la prueba, le queda una consolación: todo no ha terminado para él, y Dios, en su bondad, le permite de rehacer bien lo que ha efectuado en forma deficiente. Del resto, es preciso distinguir lo que es obra de la voluntad de Dios, y lo que es obra de la voluntad del ser humano. si un peligro os amenaza, no sois vosotros que lo habéis creado, sino Dios. Vosotros lo afrontáis voluntariamente, por cuanto habéis visto en él un medio para avanzar, y eso porque Dios os lo ha permitido”-.
37. Si el Espíritu tiene la facultad de elegir el género de prueba que debe asumir, se deduce, por eso, que todas las tribulaciones de su vida han sido previstas y seleccionadas por él?
-”Tener la facultad de elegir el género de prueba no quiere decir que podremos prever todo cuanto nos sucederá hasta en los mínimos particulares, por cuanto éstos son la consecuencia de nuestra propia condición, y, frecuentemente, de nuestros propios actos. Si el Espíritu, pongamos por caso, ha querido nacer entre gente con tendencias poco favorables, él conocía de antemano a lo que se exponía, pero no cada una de las acciones que él habría cumplido, las cuales serían los efectos de su voluntad y libre albedrío. El Espíritu sabe que, eligiendo una determinada vía tendrá que asumir la respectiva índole de la acción: sabe, por lo tanto, la naturaleza de las vicisitudes que encontrará, pero no bajo qué aspectos se le presentarán. Los acontecimientos particulares nacen de las circunstancias y de la fuerza de las cosas. Solamente los grandes avenimientos, aquellos que tienen mucho peso sobre el destino, son previstos por el Espíritu. Si tomáis un sendero lleno de peligros, sabéis que tenéis que tomar grandes precauciones, por el riesgo que corréis de caer; empero, el lugar en que podría caerse se desconoce, y darse el caso de que, por la cautela asumida, de superar exitosamente la prueba. Si ocurre algún hecho en particular, no creáis, al igual que el vulgo, que eso estaba escrito que sucedería”-.
38. Por qué un Espíritu querría nacer entre gente de tendencias menos favorables?
–“Es preciso que vaya a un ambiente en el cual pueda experimentar la prueba que ha solicitado. Por lo cual, se precisa, entonces, una cierta analogía: para actuar, por ejemplo, en contra del instinto del mal, es necesario que él se encuentre entre gente que se desenvuelve en tal ambiente”-.
Es decir, si no hubiese gente de condición negativa sobre la tierra, ciertos Espíritus no podrían encontrar el ambiente necesario para experimentar sus pruebas?
-“Así es. Existe alguna razón para lamentarse por ello? Solamente los mundos superiores, donde viven únicamente Espíritus buenos, son inaccesibles al mal. Haced que lo mismo ocurra pronto en vuestra tierra”-.
39. En las pruebas que debe asumir con el fin de perfeccionarse, debe el Espíritu experimentar todo tipo de tentaciones, o, en otras palabras, debe pasar por todas las circunstancias que puedan excitar en él el orgullo, la envidia, la avaricia, la sensualidad, y otras pasiones similares?
-“No necesariamente, por cuanto sabéis que existen muchos que toman, desde el inicio, una vía que los exime de muchas pruebas, y que, solamente quienes se dejan arrastrar por la vía opuesta al bien corren todos los peligros que ésta presenta. Un Espíritu, por ejemplo, puede pedir y obtener la riqueza: entonces él, según su carácter, podrá convertirse en avaro o pródigo, en egoísta o generoso, o podría abrazar todas las variantes de los placeres de la sensualidad; pero esto no quiere decir que él debe pasar, necesariamente, por el filo de estas pasiones”-.
40. Cómo es posible que el Espíritu, que en su origen es simple, ignorante e inexperto, puede elegir, con conocimiento de causa, un determinado perfil de existencia, y tener que responder de la elección?
-“Dios suple su inexperiencia, trazándole la vía que debe seguir, como hacéis vosotros con un niño desde la cuna, empero, a medida que desarrolla el libre albedrío, poco a poco lo deja en libertad de elegir. Entonces ocurre, frecuentemente, que él se desvíe, tomando la falsa vía, si deja de escuchar los consejos de los buenos Espíritus: esta es la verdad sobre la caída del ser humano”-.
Habiendo alcanzado el Espíritu el ejercicio de su libre albedrío, la elección de su nueva existencia corpórea depende siempre, y exclusivamente, de su propia voluntad o la nueva existencia puede serle impuesta por Dios como expiación?
-“Dios sabe esperar y no apresura la expiación. Todavía puede imponer una existencia a un Espíritu, cuando éste, por inferioridad o mal querer, no comprende lo que es mejor para él, y cuando ve que la nueva existencia le puede servir para su purificación y progreso, cumpliendo, al mismo tiempo, funciones de expiación”-.
41. Los Espíritus hacen su elección inmediatamente después de su desencarnación?
-“No, por cuanto muchos creen a la eternidad de las penas, lo cual, como ya fue dicho, constituye un castigo”-.
42. Quién dirige al Espíritu en la elección de las pruebas que quiere asumir?
-“El mismo elige aquellas que pueden ser una expiación, según la naturaleza de sus fallos, que puedan hacerle progresar más rápidamente. Por esto, algunos se imponen una vida humilde y de privaciones con el propósito de soportarla con coraje; otros desean desafiar las tentaciones de la fortuna y del poder, muy peligrosas por el abuso que se puede hacer y por las la índole negativa de las pasiones que suscitan; otros, en fin, tienden a templarse con las acciones que la persona virtuosa debe sostener, estando en contacto con el vicio”-.
43. Comprendemos que algunos Espíritus elijan el contacto con el vicio como prueba; empero, no hay de aquellos que lo eligen movidos por la simpatía y por el deseo de vivir en un ambiente conforme a sus gustos, con el fin de abrazar las satisfacciones materiales?
Realmente es así, y hay muchos cuyo sentido moral es todavía muy poco desarrollado; empero, la prueba, después, llega por sí misma, y dura por un tiempo largo. Tarde o temprano, comprenden, sin embargo, que la satisfacción de las pasiones brutales conlleva consecuencias deplorables; emanciparse de sus efectos en un determinado lapso le parecerá una eternidad. Dios podrá dejarle en tal estado hasta tanto comprendan la propia falla, y por sí mismos soliciten expiarla con pruebas provechosas”-.
44. No sería natural elegir las pruebas menos penosas?
-“Para vosotros sí; para el Espíritu no. Cuando se encuentra libre de la materia, cesa la ilusión, y él piensa de manera diferente”-.
El ser humano sobre la tierra, dominado por las ideas mundanas, ve en estas pruebas el lado penoso, por lo cual le parece natural que se elijan aquellas que puedan permitir los goces materiales; empero, después, en la vida de la dimensión espiritual, compara estas fugaces y rudimentarias sensaciones con la felicidad inalterable que entrevé, entonces, qué le importan unos pocos sufrimientos temporales? Por lo cual, el Espíritu puede elegir la más dura prueba, la existencia más penosa, con la esperanza de alcanzar, en breve, a un estado mejor, tal como la persona que, para curarse más pronto, elige la medicina más amarga. Quien desea unir su nombre al descubrimiento de un país ignoto no elige una vía florida: conoce los riesgos que corre, empero, está consciente, también, de la gloria que le espera, si lo logra.
La teoría de la libertad en la elección de nuestras existencias y las respectivas pruebas que deberán ser experimentadas, deja de parecer singular cuando se considere que los Espíritus, liberados de la materia, aprecian las cosas en forma diversa de cómo lo hacemos nosotros. Ellos ven la meta infinitamente más preciosa que los placeres caducos de aquí abajo, y, por cuanto después de cada existencia observan el progreso que han hecho, comprenden cuanto aún le falta, en pureza, para alcanzarla. Esta es la razón por la cual se someten, voluntariamente, a todas las vicisitudes de la vida corpórea, y prefieren aquellas que puedan conducirle, más rápidamente, adelante. Sería un error asombrarse de ver un Espíritu que elige las pruebas menos fáciles. Hasta que él permanezca en la imperfección, no puede gozar la vida inmune de sinsabores; empero, sabe que ésta lo atiende más allá del error, y para alcanzarla busca mejorarse.
Por otra parte, no tenemos, nosotros, todos los días debajo de los ojos ejemplos de elecciones semejantes? El ser humano que trabaja sin tregua y descanso los dos tercios de la vida para acumular los medios que le aporten el bienestar en su edad madura, no se impone, quizá, un riguroso trabajo actual con el objetivo de un porvenir mejor? El soldado se ofrece, espontáneamente, para ejecutar un encargo riesgoso, el viajante que afronta riesgos de no menor calibre a beneficio de la ciencia o de la propia fortuna, no eligen, voluntariamente, aquellas arduas pruebas, que, una vez superadas, les aportarán honores y ventajas? A qué deja de someterse, el ser humano, por el interés o por la gloria? Todos los concursos, no son, también ellos, pruebas, a la cual se somete, por propia voluntad, para elevarse en su carrera? Nadie alcanza un elevado grado social, bien sea en la ciencia, en las artes, en las industrias y en los públicos o privados despachos, sino pasando por la larga escala de los grados precedentes, que constituyen, todos, verdaderas pruebas. De esta manera, la vida humana, es la reproducción de la vida de la dimensión espiritual, por cuanto encontramos en ella, en pequeño, las mismas peripecias. Si, por lo tanto, en la tierra, nosotros elegimos, frecuentemente, las más duras pruebas con el objetivo de ascender más alto, por qué, el Espíritu, que observa mucho más lejos, y para quien la vida del cuerpo no es más que un rápido incidente, dejaría de elegir una existencia de exigente trabajo y laboriosa, cuando ella debe conducirlo a una eterna felicidad? Quienes expresan que, si el Espíritu tiene la facultad de elegir su existencia, pedirán ser príncipes o millonarios, demuestran escasa visión, como aquellos niños glotones que, interrogados sobre cual profesión desean ejercitarse, responden: la de pastelero o confitero.
Tal el viajante, que, en el fondo de un valle oscuro por la neblina, no ve ni lo largo ni los puntos extremos de su vía; pero, llegado junto a la veta de la montaña, abraza con la mirada el camino recorrido y el que le queda por delante, y al mismo tiempo, descubriendo la meta y los obstáculos que se le atraviesan en la vía, puede con mayor seguridad encontrar los medios adecuados para alcanzar más rápido y fácilmente la misma.
El Espíritu encarnado es como el viajante que se encuentra, todavía, abajo en el valle; libre de los ligámenes terrestres es como el viajante sobre la cima de la montaña. La meta es, para el viajante, el descanso después de la actividad; para el Espíritu la suprema felicidad después de las tribulaciones y las pruebas.
Todos los Espíritus dicen que en el estado espiritual indagan, estudian y observan para hacer la propia elección; y nosotros, en la vida corpórea, no buscamos por largos años la carrera sobre la cual fijar, libremente, nuestra elección, para conseguir el fin que nos hemos propuesto? Si después no lo logramos en una, buscamos otra; y cada carrera que abrazamos es una fase, un período de la vida. No pensamos, nosotros, cada día, a lo que haremos el día de mañana? Ahora, las diversas existencias corpóreas constituyen para el Espíritu las fases, los períodos de su vida en la dimensión espiritual, que, como sabemos, es su vida normal, no siendo la del cuerpo que transitoria y pasajera.
45. Podría el Espíritu hacer una elección durante la vida corpórea?
-“Algunas veces sí, en los momentos en los cuales se emancipa de la materia que le envuelve; pero éstas son excepciones. La elección se hace en el estado de libertad, por cuanto, entonces, ve las cosas bajo un aspecto muy diverso”.
Los más desean las grandezas y las riquezas; pero parecería que no fuese ni como expiación ni como prueba.
-“Aquellos en quienes prevalece la materia las desean para gozarlas; en quienes prevalece el Espíritu, para aguerrirse en sus vicisitudes”-.
46. Hasta que el Espíritu no alcanza el máximo grado de pureza, debe experimentar, continuamente, determinadas pruebas?
-“Sí, pero no las que entendéis vosotros, que llamáis pruebas a las tribulaciones materiales. De estas, el Espíritu, llegado a un cierto grado, sin ser perfecto, no les quedan más que experimentar; en cambio, les incumben, siempre, ciertos deberes que les ayudan a perfeccionarse sin resultarles, en lo mínimo, penosos, y, entre estos deberes se encuentran, también, el de contribuir al perfeccionamiento de los demás”-.
47. Puede, el Espíritu, engañarse en la elección de la prueba?
-“Puede elegir una que sea superior a sus fuerzas y, entonces, sucumbe; y puede, también, elegir una que no le sea de ningún provecho; tal sería, por ejemplo, la elección de una vida ociosa e inútil. Empero, reentrado que haya en la dimensión espiritual, se da cuenta, y solicita de compensar el tiempo perdido”-.
48. De qué derivan las vocaciones, y la voluntad de seguir una carrera en vez de otra?
-“A esta pregunta podéis contestar vosotros mismos. No son estas cosas, quizá, la consecuencia de cuanto hemos dicho sobre la elección de las pruebas y sobre el progreso hecho en las existencias anteriores?”
49. Desde el momento que en la dimensión espiritual el Espíritu estudia las diversas condiciones en las cuales puede progresar, -cómo es que existen quienes piensan conseguir aquel objetivo naciendo, por ejemplo, entre los antropófagos?
-“No son los Espíritus ya progresados quienes nacen entre los antropófagos, sino los de la misma naturaleza de éstos, o, todavía, más bajos”-.
Sabemos que nuestros antropófagos no se encuentran en el último grado de la escala de los seres, por cuanto existen mundos en los cuales la brutalidad y la ferocidad superan largamente la barbarie de la tierra. Aquellos Espíritus son, por lo tanto, todavía inferiores a los ínfimos de nuestro mundo y el encarnarse entre nuestros salvajes es para ellos un progreso, como lo sería para los caníbales el ejercitar entre nosotros una profesión que les obligara a derramar la sangre. Si no miran más alto, esto ocurre por su inferioridad moral que no le permite de comprender un progreso mayor. El Espíritu, por cuanto progresa gradualmente, no puede superar de un salto la distancia que le separa de la barbarie a la civilización. Es ésta una de las razones que rinden la reencarnación necesaria y del todo conforme con la justicia de Dios: de otra manera, qué sería de aquellos millones de seres que desencarnan, cada día, en los grados más bajos de la humanidad si después un tuviesen los medios de alcanzar, cuando sea el momento, a los grados superiores? Dios los habría inicuamente privados de los favores concedidos a otros seres.
50. Una persona que hubiese hecho parte de un pueblo civilizado, podría, por expiación, reencarnarse en medio de un grupo étnico salvaje?
51. –“Sí, pero según el género de expiación. Un jefe que, en una existencia previa, hubiese sido cruel con sus dependientes, podría en otra ser dependiente a su vez y sufrir los tratos que hizo experimentar a otros, al igual que aquel que haya mandado mal, podría ser obligado a obedecer a quienes en una vida precedente les eran subordinados. Son expiaciones que Dios puede imponer al que abusa de su poder. Ocurre, por otra parte, que un Espíritu bueno elija una existencia entre aquellos bárbaros para moverlos y guiarlos en la vía del progreso: entonces constituye una misión”-.
JERQRQUÍA EN LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL
52. Existe, entre los Espíritus, una jerarquía de poderes? Hay, entre ellos, subordinación y autoridad?
–“Sí, y grande: los Espíritus tienen los unos sobre los otros una autoridad correspondiente a su elevación, la cual ejercen con una fuerza moral irresistible”-.
Los Espíritus inferiores pueden sustraerse a la autoridad de quienes son más elevados?
-“Absolutamente no, como he dicho, por cuanto ella es irresistible”-.
53. El poder y la consideración que un ser ha gozado en la tierra, les dan una primacía en la dimensión espiritual?
-“No, por cuanto los humildes serán exaltados y los poderosos humillados”-.
En qué modo debemos entender esta exaltación y esta humillación?
-“No sabéis que los Espíritus son de ordenes diversos según su propio mérito? Pues bien, el ser humano más grande de la tierra podría ser, en la dimensión espiritual, entre los ínfimos Espíritus, mientras su servidor podría encontrarse entre los primeros. Recordad que Jesús ha dicho: -“Quien se humilla será exaltado y quien se exalta será humillado”. Leed los salmos.
54. Quién habiendo sido grande en la tierra, y se encuentra en bajo nivel entre los Espíritus, experimenta humillación?
-“Frecuentemente muy grande, especialmente si fue orgulloso y envidioso”-.
55. El soldado que, caído en batalla conjuntamente con su general, y lo encuentra, después, en la dimensión espiritual, le reconoce, todavía, como su superior?-.
-“Vuestros títulos no tendrán más ningún valor; todo depende de la superioridad del mérito”-.
56. Los Espíritus de los diversos órdenes se encuentran juntos?
-“Si y no, es decir, se ven pero se distinguen los unos de los otros. Se atraen y se rechazan recíprocamente, según las semejanzas o la disparidad de sus sentimientos, tal como sucede entre vosotros, por cuanto vuestro mundo no es más que un débil reflejo del mundo espiritual. Aquellos del mismo grado se reúnen por afinidad, formando grupos o familias de Espíritus ligados por la simpatía y por el objetivo común que se proponen alcanzar: los buenos desean hacer el bien, los de polaridad opuesta, lo contrario: en todos vergüenza por sus fallos y la necesidad de encontrarse en medio a seres similares a ellos”-.
De esta manera es entre nosotros una gran ciudad, donde los seres humanos de todos los grados y de todas las condiciones se ven y se encuentran sin confundirse; donde, las sociedades se forman por la analogía de los gustos; allí, el vicio y la virtud siguen, sin tener nada en común, su propia vía.
57. Los Espíritus tienen todos, indiferentemente, acceso los unos cerca de los otros?
-“Los buenos van por todas partes, y es preciso que sea de esta manera, hasta tanto puedan ejercitar la propia autoridad sobre los malos; pero lugares habitados por los buenos se encuentran prohibidos a los Espíritus bajos, para que no puedan llevar turbaciones relativas a las bajas pasiones”-.
58. Cuál es la naturaleza de las relaciones entre los buenos y los malos Espíritus?
-“Los primeros buscan de combatir las malas tendencias de los segundos, con el objetivo de ayudarlos a ascender: es una misión”-.
59. Por qué los Espíritus inferiores gozan induciendo al mal?
-“Por envidia de no encontrarse entre los buenos y por el deseo de impedir a los Espíritus aún inexpertos que alcancen el sumo bien: quieren hacer probar a los demás aquello que ellos mismos experimentan. No ocurre igualmente entre vosotros?
60. En cuál modo se comunican los Espíritus entre ellos?
–“Se ven y se comprenden; por el simple reflejo del Espíritu, por cuanto la palabra es cosa material. El fluido cósmico establece entre ellos una constante comunicación; constituye el vehículo de la transmisión del pensamiento, al igual que entre vosotros el aire es el vehículo de la del sonido, una especie de telégrafo universal, que une todos los mundos, y permite a los Espíritus de corresponder de un globo a otro”-.
COMENTARIO EXEGÉTICO GIC: El Espíritu tiene la facultad de viajar a la velocidad del pensamiento y se desplaza de un lugar a otro en el cual se encuentra la persona con quien se comunica; al entrar en contacto sus campos magnéticos se efectúan, automáticamente, lecturas de contenidos mentales, por el pensamiento. Constituye una capacidad de percepción del pensamiento al igual que la de los demás sentidos. Realmente, no hay transmisión, sino comunicación y percepción del pensamiento o del sentimiento con contacto espiritual entre las partes, por cuanto el uno se desplaza al lugar en que se encuentra el otro o viceversa, en forma instantánea. Es decir, se adquiere conciencia del contenido mental de la otra parte por contacto espiritual entre ambos.
61. Los Espíritus pueden disimularse recíprocamente sus pensamientos o escondérselos respectivamente?
–“No: a ellos todo les es manifiesto, especialmente cuando son perfectos. Aún lejos el uno del otro se ven, y se comprenden siempre. Empero, esto no constituye una regla absoluta, por cuanto algunos Espíritus, juzgándolo necesario, pueden muy bien hacerse invisibles para otros”-.
62. En cuál modo, ya que se encuentran libres de cuerpo físicos, pueden los Espíritus conservar su individualidad y distinguirse los unos de los otros?
–“Por medio del alma, –peri-espíritu-, que los hace ser diferentes, como el cuerpo entre los seres humanos”-.
63. Los Espíritus se reconocen por haber cohabitados en la tierra? El amigo reconoce al amigo? El hijo reconoce a su padre?
-“Sí, perfectamente, y de esta manera de generación en generación”-.
Cómo hacen los seres humanos que se han conocido en la tierra para reconocerse en el mundo de los Espíritus?
-“Nosotros vemos el pasado leyéndolo como en un libro; descubriendo en tal manera lo de nuestros amigos o enemigos, vemos, también, su pasaje de la vida a la desencarnación”-.
64. Tan pronto como se haya efectuado la desencarnación, el Espíritu ve inmediatamente a sus familiares o amigos que les han precedido en la dimensión espiritual?
-“Enseguida, raramente, por cuanto, con frecuencia, como ya se ha dicho, precisa algún tiempo para reconocerse, y sacudirse del velo de la materia”-.
65. Cómo es acogido el Espíritu por los seres buenos a su regreso a la dimensión espiritual?
-“La del ser justo, como un hermano amadísimo por largo tiempo esperado; la del perverso, como un ser digno, solamente, de compasión”-.
66. Cuál sentimiento prueban los Espíritus inferiores al llegar a ellos otro de su mismo nivel?
-“La satisfacción de ver un semejante privado como ellos de la felicidad, sentimiento que también experimentan en la dimensión física al observar el estado de los seres de similar nivel”-.
67. Los parientes y amigos acuden al encuentro, cuando se deja la dimensión física?
-“Sí: reciben al Espíritu hacia quien experimentan afecto; se emocionan con él como al regreso de un viaje, si ha sabido evitar los riesgos, y le ayudan a desvincularse de los ligámenes del cuerpo. Esta afectuosa acogida es un premio para los buenos; mientras el culpable, en castigo, queda en el aislamiento, o no es circundado más que por Espíritus de similar condición”-.
68. Los parientes y los amigos se vuelven a reencontrar después de la desencarnación?
-“Esto depende de su elevación, y de la vía que siguen para progresar. Si uno de ellos se encuentra ya más adelantado, o camina más rápido que el otro, no quedarán juntos: podrán verse alguna vez, pero no permanecerán unidos para siempre, sino cuando procedan con ritmo paralelo, es decir, al alcanzar igual grado de perfección. Por otra parte, el hecho de no poder ver los parientes y amigos, frecuentemente, constituye un castigo”-.
RELACIONES SIMPÁTICAS Y ANTIPÁTICAS ETRE LOS ESPÍRITUS:
ESPÍRITUS GEMELOS:
69. Además de la simpatía general que nace de la semejanza, tienen los Espíritus afectos particulares?
-“Sí, como entre los seres humanos; empero, el afecto que une a los Espíritus desencarnados es más fuerte, por cuanto ya no se encuentra sujeto a las vicisitudes de las pasiones”-.
70. Existe, entre los Espíritus, también, el odio?
-“Sí, entre los inferiores, quienes suscitan entre vosotros las inamistades y la divergencia”-.
71. Dos seres que hayan sido enemigos sobre la tierra, conservan su enemistad también en la dimensión espiritual?
-“Solamente los Espíritus imperfectos alimentan la animosidad hasta tanto que, con el mejorarse, llegan a comprender que su odio era insensato, y pueril la respectiva causa. Si les dividió un mero interés material, por muy poco que hayan progresado, dejarán de pensar en ello. En tal caso, desapareciendo la causa que les separaba, la antipatía que existía entre ellos desaparecerá y vuelven a verse con alegría”-.
De la misma manera, dos chavales, hechos adultos, reconocen la frivolidad de las cuestiones habidas en la infancia y cesan de tenerse aversión.
72. El recuerdo de las faltas que dos hombres hayan podido hacerse recíprocamente, es un obstáculo para su amistad en la dimensión espiritual?
-“Sí, eso le lleva a alejarse el uno del otro”-.
73. Qué sentimiento experimentan después de la desencarnación quienes han sido perjudicados por nosotros en la dimensión física?
-“Si son buenos, perdonan de acuerdo con vuestro arrepentimiento; si son pocos evolucionados, alimentan rencor, y alguna vez pueden perseguiros, como una consecuencia permitida por Dios, también en otra existencia”-.
74. Los afectos personales de los Espíritus son mutables?
-“No, porque ellos no se pueden engañar; en la dimensión espiritual no existe más la mascara debajo de la cual se pueda esconder la hipocresía. Por lo cual, los afectos de los Espíritus son inalterables y fuente, para ellos, de suprema felicidad”-.
75. El afecto que dos seres se tienen en la dimensión física, continuará en la espiritual?
-“Sin duda, si está fundado sobre la base de una verdadera simpatía; pero, si proviene de una causa material, terminará con ésta. Las afecciones entre los Espíritus son más fuertes y más permanentes que sobre la tierra, porque ya no están sujetas al capricho de los intereses materiales y del amor propio”-.
76. Los Espíritus, que deben unirse por amor, están predestinados a hacerlo desde el origen, y el Espíritu de cada quien tiene en alguna parte del universo su pareja gemela, a quien estará un día fatalmente ligado?
–“No, no existe una unión predestinada y fatal entre dos Espíritus. Ella reina entre los Espíritus en grados diversos, según el lugar que ocupan, es decir, de acuerdo al grado de su propia perfección. Cuanto más son perfectos, tanto más íntima es su unión. Todos los males de la humanidad nacen de la discordia, mientras que de la concordia nace la completa felicidad”-.
77. Entonces, son impropias las voces almas gemelas, de las cuales algunos se sirven para denotar dos Espíritus simpáticos?
-“Impropias e inexactas; si un Espíritu fuese la mitad de otro, separado de éste, sería incompleto”-.
78. Dos Espíritus simpáticos, una vez unidos, permanecen unidos por toda la eternidad, o pueden separarse y unirse con otros Espíritus?
-“Todos los Espíritus se encuentran unidos entre ellos: hablo de aquellos que alcanzaron la perfección; en las esferas inferiores, después, cuando un Espíritu se eleva no siente más la misma simpatía por aquellos que ha dejado atrás”-.
79. Dos Espíritus simpáticos se completan recíprocamente, o, en cambio, su simpatía es la consecuencia de una identidad perfecta?
-“La simpatía que mantiene unidos dos Espíritus es el resultado de su perfecta afinidad de tendencias e instintos; si uno de los dos debiese completar al otro perdería su propia personalidad”-.
80. La identidad necesaria para la perfecta simpatía consiste sólo en la similitud de los pensamientos y de los sentimientos, o, también, en la uniformidad de las condiciones intelectuales?
-“En el idéntico grado de elevación”-.
81. Los Espíritus que hoy no sienten recíprocamente simpatía, podrán sentirla más adelante?
-“Sí, todos la sentirán, cuando el Espíritu de un mundo inferior alcanza, perfeccionándose, el mundo en el cual otro reside. Y su encuentro ocurrirá tanto más rápido cuanto más el Espíritu elevado habrá mal soportado las pruebas a las cuales se había sometido, quedando estacionado”-.
La simpatía que ya existe entre dos Espíritus, puede cesar?
-“Sin duda, tan pronto uno de los dos se quede rezagado”-.
La teoría de las almas gemelas es una figura que alude a la unión de dos Espíritus simpáticos. Es una expresión del lenguaje vulgar, la cual es preciso dejar de tomar a la letra. Si algún Espíritu se ha servido de ella, no pertenecía, ciertamente, a un orden elevado; de ideas limitadas, ha expuesto su pensamiento con términos que les eran habituales en la vida corpórea. Conviene, por lo tanto, repudiar la idea de dos Espíritus creados el uno para el otro, los cuales, después de haberse dividido por un tiempo más o menos largo, deban un día reunirse fatalmente por toda la eternidad.
MEMORIA DE LA EXISTENCIA CORPÓREA
82. Recuerda el Espíritu elevado sus existencias corpóreas?
-“Sí, y os aseguro que, frecuentemente, sonríe de compasión hacia sí mismo”-.
Al igual que el ser humano, alcanzada que haya la edad de la razón, se ríe de las imprudencias de su juventud, o de las puerilidades de su infancia.
83. La memoria de la existencia corpórea se presenta al Espíritu perfecta y enseguida después de la desencarnación?
-“No: le regresa poco a poco, como algo que sale de la neblina, a medida que él centra la atención”-.
84. Recuerda el Espíritu todos los particulares de su vida y puede tener una visión de conjunto con una mirada?
-“Recuerda las cosas en razón de la consecuencia que hayan tenido en su estado de Espíritu; pero comprenderéis que existen en su vida circunstancias a las cuales no dará ninguna importancia y de las que no buscará, siquiera, de recordar”-.
Pero, si quisiera, podría?
-“Cuando sea útil, sí, inclusive los detalles más mínimos tanto de los hechos como de los propios pensamientos”-.
Entrevé él el fin de la vida terrestre con respecto a la vida futura?
-“Ciertamente, lo ve, y lo comprende mucho mejor que cuando se encontraba ligado al cuerpo; entiende la necesidad de depurarse para alcanzar el infinito, reconociendo que en cada existencia se despoja de alguna impuridad”-.
85. En qué modo se asoma a la mente del Espíritu la memoria de sus vidas pasadas? Por un esfuerzo de memoria o como un cuadro que se le presenta ante su visión?
-“Ni en la una ni en la otra manera: todos los avenimientos, de los cuales le resulta importante recordarse, se les presentan como actuales; los otros permanecen como ocultados o enteramente olvidados. Cuanto más él se ha destacado de la materia, tanta menor importancia le concede a las cosas materiales. Frecuentemente, le sucederá de evocar un Espíritu, en la dimensión espiritual, que, a pesar del poco tiempo ha dejado la tierra, no recuerda el nombre de las personas que más amaba, ni muchas otras circunstancias que a vosotros os parecen importante: lo cual quiere decir que, por cuanto para él no tienen peso, las olvida. Lo que rememora muy bien, en cambio, son los hechos que les ayudan a mejorar”-.
86. Se recuerda, el Espíritu, también, de todas las existencias que precedieron la última?
-“Todo su pasado se desenvuelve delante como las estaciones recorridas por un viajero; pero, repetimos, él no recuerda sus actos sino en razón de su influencia sobre su estado actual. En cuanto a sus primeras existencias, a las que se pueden comparar como a la infancia del Espíritu, esas se diluyen poco a poco, y desaparecen en la noche de los tiempos”-.
87. Cómo considera el Espíritu el cuerpo del que se ha despojado en la tierra?
-“Como un viejo vestido que le incomodaba y del cual está contento de haberse liberado”-.
Qué siente el Espíritu a la vista de su cuerpo en el proceso que sigue a la desencarnación?
-“Casi siempre indiferencia, como de algo que ya no posee más”-.
88. Después de algún tiempo, reconoce el Espíritu sus restos corpóreos u otros objetos que les pertenecían en esta vida?
–“Alguna vez; esto depende de la mayor o menor elevación con la cual considera las cosas terrenas”-.
89. El respeto que se tiene aquí abajo por sus despojos físicos atrae la atención del Espíritu y lo agradece?
-“El Espíritu está siempre contento de vuestro buen recuerdo y las cosas que de él conserváis constituyen una prueba de ello; empero, lo que le atrae a vosotros es vuestro pensamiento, no aquellos objetos”-.
90. Recuerdan los Espíritus las experiencias experimentadas durante su existencia corpórea?
-“Frecuentemente sí, y aquella rememoración rinde mayor la felicidad que puedan gozar como Espíritus”-.
91. El ser humano que ha sido feliz aquí, lamenta sus disfrutes una vez dejada la tierra?
-“Solamente los Espíritus inferiores pueden lamentar el disfrute proveniente de la impuridad de su naturaleza, las cuales expían mediante pruebas, Los Espíritus elevados prefieren mil veces la felicidad perdurable a la satisfacción efímera de la tierra”-.
De la misma manera, el ser humano adulto se ríe de las cosas que les alegraban en su infancia.
92. Aquel que ha empezado trabajos de gran calibre por el bien de la humanidad y los ve interrumpidos por la desencarnación, se lamenta en la dimensión espiritual por haberlos dejado incumplidos?
-“No, porque ve que otros están destinados a continuar su obra. Más bien, él mismo se esfuerza de alentar otros Espíritus humanos a la continuación de estos trabajos. Su objetivo sobre la tierra era el bien de la humanidad, el cual conserva en la dimensión espiritual”-.
93. Quien ha dejado detrás de sí trabajos de arte o de literatura, conserva por sus obras el amor que por ellas tenía en la dimensión física?
-“Según su elevación, las juzga de una manera diversa, y, frecuentemente, en la dimensión espiritual desaprueba lo que en la física admiraba”-.
94. Le importan al Espíritu los trabajos que se hacen en la tierra, el progreso de las artes y de la ciencia?
-“Depende de su elevación, o de la misión que él ha de desempeñar. Lo que a vosotros os parece magnífico, frecuentemente es poco cosa para los Espíritus avanzados, que lo valoran como el docto lo hace con la obra de un escolar. Ellos no miran sino a lo que pueda dar prueba de la elevación de los Espíritus encarnados y de su progreso”-.
95. Los Espíritus conservan en la dimensión espiritual el amor de patria?
-“Es siempre el mismo principio: para los Espíritus elevados la Patria es el Universo; de la tierra pueden amar como tal aquella parte en la que han dejado el mayor número de personas queridas”-.
Las condiciones de los Espíritus y su manera de ver las cosas varían al infinito en razón del grado de su desarrollo moral e intelectual. Los Espíritus de orden elevado vienen, en general, muy poco a la tierra; todo aquello que se realiza es mezquino en relación a las grandezas del infinito; también las cosas a las cuales los seres humanos atribuyen la mayor importancia son a sus ojos tan pueriles que encuentran pocas atractivas, cuando no son llamados a cooperar al progreso de la humanidad. Los Espíritus de orden medio la frecuentan en forma más asidua, si bien consideran las cosas con una elevación mayor de cuando se encontraban en la dimensión física. Los Espíritus vulgares son, por así decir, de residencia permanente y constituyen la masa de la población ambiental del mundo invisible: han conservado, en línea general, las mismas ideas, los mismos gustos y las mismas tendencias que tenían en su envoltura material; se entrometen en nuestras reuniones, en nuestros negocios, en nuestras diversiones, en las cuales toman parte más o menos activa según su carácter. Por cuanto no pueden satisfacer sus propias pasiones, gozan que otros se abandonen a las mismas y les excitan. Entre tantos, pero, los hay más serios que miran y observan para instruirse para transformarse en mejores.
96. Las ideas de los Espíritus se modifican siempre en la dimensión espiritual?
-“Mucho: ellos asumen grandes transformaciones a medida que el Espíritu se cansa de la materia. Él, puede, empero, permanecer largo tiempo con las mismas ideas; pero, poco a poco la fascinación de la materia disminuye; él ve las cosas más claramente, y, entonces, busca los medios para mejorarse”-.
97. Por cuanto el Espíritu ha vivido la vida en la dimensión espiritual antes de su encarnación, -de dónde se deriva su estupor al regresar a la misma?
-“Del efecto momentáneo producido por la turbación que experimenta al despertarse después de la desencarnación: más tarde, él se reconoce perfectamente por cuanto adquiere conciencia de la memoria del pasado y se sensibiliza, borrando la impresión de la vida terrena.
CONMEMORACIÓN DE LOS ESPÍRITUS
98. Es grata a los Espíritus el buen recuerdo de quienes han amado sobre la tierra?
-“Mucho más de lo que podáis creer: este recuerdo acrecienta la felicidad, si son felices; y, si son infelices, es para ellos un motivo de sosiego”-.
99. El día de la conmemoración de los desencarnados es solemne para los Espíritus? Vienen ellos de preferencia, aquel día, a visitar a quienes van a visitarle en su última morada física?
–“Los Espíritus acuden a la llamada del pensamiento al igual que en cualquier otro día del año”-.
Ese día se sienten llamados de preferencia en el lugar de su última morada física?
-“Los hay en mayor número, ese día, por cuanto les llama un mayor número de personas; pero cada uno llega solamente por sus seres queridos y no por la multitud de indiferentes”-.
En qué forma nos visitan y como se verían si pudiésemos verle?
-“En aquella forma bajo la cual les conocimos encontrándose en la dimensión física”-.
100. Los Espíritus olvidados, de quienes nadie va a visitar su última morada física, -visitan aquel lugar, igualmente, y les afecta el hecho de que nadie les recuerda?
-“Qué les importa a ellos de la tierra? Los Espíritus solamente estiman los sentimientos, por lo cual si no les atrae el afecto, no se preocupan: tienen para sí el universo”-.
101. La visita de sus seres queridos al lugar de su última morada física resulta al Espíritu más grata que una oración efectuada por ellos en el secreto del propio hogar?
-“Esa visita es solamente un modo para demostrar que se piensa en el Espíritu ausente. Ya os lo he dicho: es la oración que dinamiza el acto de la memoria: poco importa el lugar donde esa se hace, si se realiza con afecto”-.
102. Los Espíritus de quienes se elevan estatuas y monumentos, -asisten a la inauguración, y la observan con placer?
–“Muchos van, cuando pueden; pero, en aquellos actos agradecen, más que el honor, el buen recuerdo que se conserva de ellos”-.
103. Dónde se origina, en muchos, el deseo de que su última morada física sea en un lugar o en otro? Regresan a ellos con mejor voluntad después de la desencarnación? Es esta importancia dada a una cosa material un signo de inferioridad moral del Espíritu?
-“Habéis juzgado bien. Qué importa un lugar en vez de otro a un Espíritu elevado? Él sabe que los Espíritus amados se reunirán de todas maneras”-.
Entonces, la reunión de los restos físicos de todos los miembros de una familia debe considerarse como una cosa frívola?
-“No: es costumbre venerable, demostración de simpatía para quienes hemos amado. Si es de poca importancia para los Espíritu, en cambio es importante para los seres humanos como vehículo de expresión de los propios sentimientos”-.
104. El Espíritu, ya regresado a la dimensión espiritual, recibe con agrado los honores que se les tributan a su vestidura física?
-“Si ha alcanzado ya cierto grado de perfección, ya está despojado de vanidad terrenal y comprende la inutilidad de las ceremonias. Existen, empero, muchos Espíritus, quienes, después de la desencarnación, disfrutan de los honores que se rinden a sus cuerpos y se entristecen del abandono en el cual venga dejado, por cuanto alimentan, todavía, los prejuicios de la vida terrenal”-.
105. Asiste el Espíritu a las ceremonias de su última morada física?
-“Frecuentemente; pero, si es presa de la turbación no se rinde cuenta de lo que sucede”-.
Le es grato el concurso de la gente en ese acto?
-“Más o menos, según el sentimiento que lo conduce”-.
106. El Espíritu desencarnado asiste a las reuniones de sus herederos?
-“Casi siempre: Dios lo quiere, para que él se instruya, y para que experimenten el castigo los culpables. Es allí, que él juzga cuanto valían sus demostraciones de afecto, por cuanto lee en su ánimo como en un libro y el desengaño que prueba, frecuentemente, al ver la rapacidad de quienes se dividen sus bienes le iluminan sobre sus sentimientos; pero, también para ellos llegará su turno”-.
107. El respeto instintivo que en todos los tiempos y en todos los pueblos el ser humano ha demostrado por los Espíritus desencarnados, -es un efecto de su intuición sobre la vida futura?
-“Es la consecuencia natural: sin esa intuición aquel respeto no tendría razón de ser”-.

ENCARNACIÓN DE LOS ESPÍRITUS

 

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Capítulo VI

 

DE: EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

  • El mejor libro de todos los tiempos

  • Autor: ALLAN KARDEC

  • Versión castellana: Giuseppe Isgró C.

 

 

ENCARNACIÓN DE LOS ESPÍRITUS

 

Objetivo de la Encarnación. Del Espíritu y del Alma. Materialismo.

 

OBJETIVO DE LA ENCARNACIÓN

 

  1. Cuál es el objetivo de la encarnación de los Espíritus?

-“Dios se la impone como el medio para alcanzar la perfección, soportando todas las circunstancias de la existencia corporal, que para los más constituye una expiación o una prueba, para otros una misión. La encarnación tiene, al mismo tiempo, otra finalidad, la de delegarle al Espíritu su parte en la obra de la Creación. Para conseguir este objetivo el Espíritu toma, en cada mundo, una vestimenta corpórea en armonía con la materia del mismo, condición esencial para poder actuar en conformidad con los mandatos de Dios, y mientras concurre a la ejecución de los planes de Dios, trabaja, también, para su propio perfeccionamiento.

La acción de los seres corpóreos es necesaria al desenvolvimiento del universo; pero, Dios, en su sabiduría, ha querido que en ella encontrasen un medio para progresar y de acercarse a Él. De esta manera, por Ley admirable de su Providencia, todo se liga conjuntamente, todo es armonía en la naturaleza.

  1. Los Espíritus, que desde el principio han seguido la vía del bien, tienen necesidad, también ellos, de la encarnación?

-“Todos son creados sencillos e ignorantes, y no se instruyen sino en las acciones y en las tribulaciones de la vida corpórea. Dios, que es justo, no podía hacer feliz algunos sin sufrimientos y sin fatigas, y por lo tanto sin mérito”-.

Entonces, a qué sirve a los Espíritus el haber seguido la vía del bien, si Dios no les dispensa de las pruebas de la vida corpórea?

-“Alcanzan más rápidamente la meta. Por otra parte, las pruebas de la vida son, frecuentemente, una consecuencia de las imperfecciones del Espíritu, empero, quien las tiene en menor grado sufre menos tormentos; de esta manera, quien no tiene envidia, celos, avaricia y ambición, no sufrirá las torturas que son consecuencia de estos defectos”-.

DEL ESPÍRITU

  1. Qué es el Espíritu?

-“Un ente espiritual encarnado”-.

Qué era el Espíritu antes de unirse al cuerpo?

-“Era un Espíritu en la dimensión espiritual”-.

Almas y Espíritus son las mismas cosas?

-“No. Antes de unirse al cuerpo, el Espíritu es uno de los seres inteligentes que pueblan el mundo invisible, y revisten, temporalmente, un involucro carnal para purificarse e instruirse”.

COMENTARIO EXEGÉTICO GIC: El alma y el Espíritu son dos cosas totalmente diferentes, pese a que, suele, con frecuencia, usársele como sinónimos. El Espíritu es el ente inteligente, el conductor del cuerpo; el alma es lo que se denomina periespíritu, el elemento de enlace que une al Espíritu con el cuerpo. Ya los egipcios tenían clara esta diferencia, denominando al Espíritu con el término Khu, al alma: kha, y al cuerpo Khut. Nosotros, ahora, hemos adaptado la terminología al uso actual, en concordancia con lo que ha predominado en el pensamiento universal, con las denominaciones de Espíritu, Alma y Cuerpo.

  1. Hay en el ser humano algún otro elemento además del Espíritu y del cuerpo?

-“El ligamen que les une”-.

Cuál es la naturaleza de este ligamen?

-“Es una sustancia semi-material, de naturaleza intermedia entre el Espíritu y el cuerpo, que rinde posible las comunicaciones del uno con el otro. Es por medio de este ligamen que el Espíritu actúa sobre la materia, y la materia sobre el Espíritu”-.

El ser humano consta, por lo tanto, de tres partes esenciales:

  1. Por el cuerpo, que es un ser material análogo al de los animales y vivificado por el mismo principio vital; 2. Por el Espíritu, -ente inteligente encarnado- a quien el cuerpo sirve de morada; 3. Por el principio intermedio, periespíritu o alma, que es sustancia semi-material, que sirve como primera envoltura del Espíritu, la cual une al Espíritu con el cuerpo. De igual manera que en un fruto encontramos la corteza, la pulpa y la semilla.

  2. Es el Espíritu independiente del principio vital?

-“Sin duda, por cuanto el cuerpo no es más que la envoltura”-.

Puede existir el cuerpo sin el Espíritu?

-“Sí: empero, tan pronto como el Espíritu lo abandona, el cuerpo cesa de vivir. Con el nacimiento se consolida la unión del Espíritu con el cuerpo, -la cual ocurre en el mismo instante de su engendramiento y concepción-; mientras que, en el momento de la desencarnación se rompe el ligamen que mantenía unido al Espíritu con el cuerpo y éste se separa. La vida orgánica puede animar un cuerpo sin Espíritu, pero éste no puede morar en un cuerpo privado de la vida orgánica”-.

Qué sería de nuestro cuerpo, si no tuviese Espíritu?

-“Una masa de carne sin inteligencia, todo aquello que queráis, pero jamás un ser humano”-.

  1. El Espíritu, puede encarnarse, al mismo tiempo, en dos cuerpos diferentes?

-“No; el Espíritu es indivisible, y no puede animar, al mismo tiempo, dos seres diferentes”-.

  1. Qué debemos pensar sobre la opinión de quienes consideran el Espíritu como el principio de la vida material? (*)

-“Es cuestión de palabras: nosotros no nos atenemos a eso; buscad de entenderos entre vosotros”-.

  1. Algunos Espíritus, y antes de ellos algunos filósofos, han definido el Espíritu: “una chispa de naturaleza espiritual emanada del Gran Todo”. Por qué esta contradicción?

-“La contradicción es aparente y depende de la variedad de significados de las palabras. Por qué no tenéis para cada cosa un término propio?”-.

El vocablo Espíritu es empleado para expresar cosas muy diferentes. Unos denominan así el principio de la vida, y en este significado es exacto decir, figurativamente, que el Espíritu es una chispa “de naturaleza espiritual” emanada del Gran Todo, cuyos últimos vocablos indican la Fuente Universal del principio vital, de quien, cada ser, absorbe una partícula, la cual regresa a la dimensión espiritual después de la desencarnación. Esto se compagina con la idea de un ser moral distinto e independiente de la materia, denominado Espíritu, -“cuya unión con el cuerpo realiza por intermedio del alma o periespíritu”-. Por lo cual, al darle, los Espíritus, al alma -y al Espíritu-, diferentes definiciones, lo han hecho de acuerdo a las aplicaciones que ellos hacían de dichos términos, según las ideas terrenas en que se habían cultivado. Esto deriva de la insuficiencia del lenguaje humano, el cual no posee un vocablo para cada idea, lo que da origen a múltiples equívocos y debates: esta es la razón de porque los Espíritus superiores nos aconsejan de ponernos, antes, de acuerdo sobre el significado de las palabras.(**)

  1. Qué debemos pensar de la teoría que supone al Espíritu dividido en tantas partes cuantos músculos tiene el cuerpo humano, y prepuesto, así, a cada una de sus funciones?

-“Esta depende del sentido que se atribuye al término Espíritu; si se entiende como fluido vital, se tiene razón; si se hace referencia al Espíritu encarnado, es incorrecto. Nosotros lo hemos dicho: el Espíritu es indivisible, y transmite el movimiento a los órganos por vía del fluido intermedio”-.

Cómo se explica, pero, que existan Espíritus que hayan dado esta definición?

“Los Espíritus ignorantes pueden confundir el efecto por la causa”-.

El Espíritu, que informa al cuerpo durante la vida, y le abandona con la desencarnación, actúa por medio de los órganos, y los órganos son animados por el fluido vital distribuido en ellos, en forma más abundante en aquellos que constituyen los centros y pilares del movimiento. Empero, el fluido vital no es más que el medio de acción: el agente es el Espíritu.

  1. Existe algo de verdad en la opinión de quienes piensan que el Espíritu se encuentra fuera del cuerpo y que lo envuelve todo?

-“El Espíritu no está encerrado en el cuerpo, como un pájaro en una jaula, sino que irradia, y se manifiesta fuera del mismo como la luz atraviesa un globo de cristal, o como el sonido en torno a un centro sonoro. En este sentido se le puede considerar externo, sin deducir, por ello, que sea el involucro del cuerpo. Es, en cambio, el Espíritu que tiene dos envolturas: una, sutil y ligera, la primera, que vosotros denomináis alma –o periespiritu-; la otra, más densa, que es el cuerpo. El Espíritu, repetimos, es el centro de este involucro, como la parte comestible en una avellana.

  1. Qué pensáis de la otra teoría, según la cual el Espíritu en un niño se desenvuelve y se cumple en cada período de la vida?

-“El Espíritu es uno y entero en el niño como en el adulto: el desenvolvimiento es inherente a los órganos o instrumentos de la manifestación del Espíritu por intermedio del alma. También aquí, suele tomarse el efecto por la causa”-.

  1. Por qué todos los Espíritus no definen el Espíritu de la misma manera?

-“Porque su grado de instrucción no es el mismo en todos. Los hay, todavía, con conocimientos de tal manera escasos, que, al igual que los niños entre vosotros, no comprenden las cosas abstractas; y los hay, siempre como entre vosotros, pseudo-sabios, quienes hacen alardes utilizando palabras altisonantes para impresionar a los simples. Hay que tener en cuenta, también, que aún los Espíritus sabios pueden expresarse en términos diferentes, los cuales, en el fondo comunican el mismo significado, especialmente si vuestro lenguaje es inadecuado para expresarse con claridad y precisión, en cuyo caso deben utilizar figuras, alegorías y comparaciones, las cuales vosotros tomáis por realidades”-.

  1. Qué debe entenderse por alma del mundo?

-“El principio universal de la vida y de la inteligencia, de quien emanan las individualidades; empero, quienes se sirven de estas expresiones no se entienden, mayormente, ni siquiera ellos mismos. La palabra alma es de tal manera elástica. Que cada quien la interpreta de acuerdo a sus propias concepciones. Alguno ha llegado hasta a atribuir, también, un alma a la Tierra, queriendo con esto entender el conjunto de Espíritus devotos, que tienen como objetivos cuidar de vosotros, orientando, cuando le prestáis atención, vuestras acciones hacia la buena vía y son, en cierto modo, los vicarios de Dios para vuestro globo”-.

  1. Por qué tantos filósofos antiguos y modernos, habiendo debatido tan a fondo en torno a la ciencia psicológica, no han llegado a la verdad?

-“Precursores de la doctrina Espirita eterna, han preparado la vía. Eran seres humanos, y se engañaron, tomando las propias ideas por la luz; empero, sus mismos errores sirven para hacer resaltar la verdad, mostrando el pro y el contra, y por otra parte, entre aquellos errores se encuentran grandes verdades que un estudio comparativo os puede hacer comprender”-.

  1. El Espíritu tiene sede determinada y circunscrita en un órgano del cuerpo?

-“No; pero en los genios y en todos aquellos que piensan mucho, reside más particularmente en la cabeza, como reside en la conciencia en quienes sienten mucho y cuyas obras están dedicadas al bien de la humanidad”-.

Qué pensáis de la opinión de quienes ubican el Espíritu en un centro vital?

-“Quisieran decir que el Espíritu reside de preferencia en determinada parte de vuestro organismo, por cuanto allí ubican todas las sensaciones. Pero, quien lo coloca en lo que considera como un centro de la vitalidad, la confunde con el fluido o principio vital. En todo caso, se puede decir que la sede del Espíritu se encuentra más particularmente en los órganos que sirven a las manifestaciones intelectuales y morales”-.

MATERIALISMO

  1. Por cuál razón los anatomistas, los fisiólogos y en general quienes estudian, de manera especial, las ciencias naturales, son, frecuentemente, llevados al materialismo?

-“Porque refieren todo a lo que ven: orgullo de los seres humanos, quienes creen de saber todo, y no admiten que existen cosas que puedan sobrepasar su propia inteligencia! Su ciencia le rinde de tal manera presuntuosos que llegan a creer que la naturaleza ya no tiene secretos para ellos”-.

  1. No es lamentable que el materialismo sea por lo más consecuencia de estudios, los cuales deberían mostrar al ser humano la superioridad de la inteligencia que gobierna el mundo?

-“No es verdad que el materialismo sea efecto de estos estudios. La culpa es del ser humano, que deduce falsas consecuencias, por cuanto suele abusar de todo, aún de las mejores cosas. Por otra parte, la nada lo aterra más de cuanto quiere aparentar y los Espíritus fuertes son, frecuentemente, más fanfarrones que animosos. Los más son materialistas, solamente porque no tienen con que llenar este vacío; empero, delante del abismo que amenaza de tragárselos, mostradle el ancla salvadora, y ellos se afianzarán satisfechos”-.

Por una aberración del intelecto hay quien no ve en los seres orgánicos sino la acción de la materia, y le refiere todos nuestros actos. Por cuanto no han sabido descubrir en el cuerpo humano más que una maquina eléctrica; han estudiado el mecanismo de la vida solo en las funciones de los órganos; ya que han visto ésta culminar su ciclo vital por la rotura de un hilo, han buscado para ver si quedaba algo y no habiendo encontrado nada más que materia inerte, no habiendo visto al Espíritu partir y no pudiendo agarrarlo al vuelo, por decirlo de alguna manera, han concluido que todo era, únicamente, sustentado por las propiedades de la materia y que, después de la desencarnación, no quedaba otra cosa que la nada: consecuencia desalentadora, si fuese verdadera, por cuanto, entonces, el bien y el mal serían indiferentes y la humanidad, fundada sobre el egoísmo, pondría, por encima de cualquier otra cosa, la satisfacción de los propios placeres, y los lazos sociales serían destruidos, y los más elevados afectos rotos para siempre. Empero, afortunadamente, estas ideas no son generalizadas, ya que en ningún lugar constituyen lo que suele decirse una doctrina. Una sociedad que se afincase sobre estas bases, llevaría, en sí misma, el germen de la propia disolución, y sus miembros se destruirían, recíprocamente, como bestias feroces.

El ser humano siente que con la desencarnación no termina todo para él; siente horror por la nada, y, por cuanto rehúya del pensamiento del porvenir, llegado que sea el momento supremo, no puede dejar de preguntarse que será de él, por cuanto la idea de abandonar la vida sin retorno agota el Espíritu más endurecido. Y, en efectos, quien podría jamás mirar con indiferencia la separación absoluta y eterna de todo lo que ha amado? Quien, sin temor, podría mirar delante de sí el inmensurable abismo de la nada, en el cual desaparecerían para siempre todas sus facultades, todas sus esperanzas, y decirse a sí: Cómo, después de mí, nada más? Nada más que el vacío? Todo, por lo tanto, debe terminar, irreparablemente? Algún día más y después mi memoria debe ser borrada para siempre, también, de la mente de mis queridos seres? Y, de mi estadía en la tierra no quedará ningún vestigio, y será, también, olvidado el bien que habré hecho a ingratos, para rendírmelos benévolos? Y, como compensación de todos los dolores de mi vida, y de las luchas sostenidas por un noble y generoso ideal, nada más que la nada, y ningún otra prospectiva más que la conclusión del presente ciclo de vida?

Oh, cómo estos pensamientos deben llenar el ánimo de incertidumbre!

La Doctrina enseña y la razón lo confirma que no puede ser así. Empero, la existencia futura, vaga e indeterminada, tal como la predican, no satisface las exigencias de una mente ávida de conocimientos concretos, la cual cosa, en muchísimos genera la duda. Decís que tenemos un Espíritu, y sea; empero, qué es este Espíritu? Tiene alguna forma, o apariencia? Es un ser limitado, o indefinido? Hay quien lo quiere un aliento de Dios; quien una chispa del fuego eterno; quien una partícula del Gran Todo, el principio de la vida y de la inteligencia; empero, con cuál ventaja? Y, qué nos importa tener un Espíritu, si después de nosotros habrá de confundirse en la inmensidad como una gota en el océano? La perdida de nuestra personalidad no equivale a la nada, para nosotros? Se pretende que el Espíritu sea inmaterial; pero, una cosa inmaterial no podría tener proporciones definidas; por lo tanto, volvemos a encontrarnos en la nada. La religión, es verdad, nos enseña que seremos felices o infelices según el bien o el mal que hayamos hecho. Pero, cuál es la felicidad que nos espera en el seno de Dios? Una perenne beatitud, una contemplación eterna, sin ningún otro objetivo que cantar alabanzas al Creador? Y, las llamas del infierno, los instrumentos de la pena, son una realidad o una metáfora? La misma religión lo entiende en este último significado. Entonces, cuáles son los sufrimientos antepuestos en forma de amenazas? -Dónde se encuentra el lugar del suplicio? En pocas palabras: qué se hace, qué se ve en aquel mundo de allá, que a todos nos atiende? Aseguran que nadie ha regresado jamás para contarnos al respecto.

 

A lo cual, responderemos: Os engañáis; la misión del Espiritismo es, precisamente, la de iluminarnos en torno a este porvenir, y de hacérnoslo, casi, tocar con las manos, no más con razonamientos, sino con hechos. Gracias a las comunicaciones espiritas, esto ya no es una hipótesis, una probabilidad que cada quien imagina a su gusto, que los poetas crean con ingeniosas ficciones, describiéndolas con falsas figuras alegóricas; sino una realidad objetiva, por cuanto, los mismos seres de la dimensión espiritual, vienen a describirnos las vivencias de su nueva vida, nos muestras el porvenir que nos está reservado según los propios méritos o deméritos. Es, quizá, ésta, una doctrina de anti-espiritualidad? Parecería lo contrario, por cuanto los incrédulos encuentran en ella la fe, y los tibios, su entrada al fervor y a la confianza. Por lo tanto, el Espiritismo es el más válido auxiliar de la verdadera espiritualidad, y Dios lo concede para reanimar nuestras vagas esperanzas, y para reconducirnos sobre la vía del bien, mediante el conocimiento del porvenir.

REGRESO A LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

 flor-loto

Capítulo VII

 

REGRESO A LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

De: El Libro de los Espíritus

Autor: Allan Kardec

Versión castellana y comentarios exegéticos:

Giuseppe Isgró C.

 

El Espíritu después de la desencarnación; su individualidad. Vida eterna. Separación del Espíritu del cuerpo. Turbación espiritual.                                                                                            

EL ESPÍRITU DESPUÉS DE LA DESENCARNACIÓN

 

  1. En qué se transforma el Espíritu en el instante de la desencarnación?

En Espíritu, que ya libre de los lazos de la materia, regresa a la dimensión espiritual.

  1. Conserva el Espíritu su individualidad después de la separación del cuerpo?

-“Sí, jamás la pierde; de otra manera, qué sería el Espíritu?

Cómo hace el Espíritu, no teniendo más el cuerpo material, a reconocer su individualidad?

-“Si no tiene el cuerpo físico, conserva, empero, el fluídico, que había adquirido de la atmósfera de su planeta, el cual conserva la figura de la última encarnación: es su alma o periespíritu”-.

Además del alma, el Espíritu no lleva nada más de la dimensión física?”-.

-“Nada más que el deseo de un mundo mejor y el recuerdo de éste, todo dulzura o amargura, según las obras de su vida. Cuanto más haya sido su vida pura, tanto más comprende la vanidad de lo que deja sobre la tierra”-.

  1. Cómo se debe entender la opinión, según la cual el Espíritu después de la desencarnación vuelve a entrar en el Todo universal?

–“Que el conjunto de los Espíritus forma un todo, constituye un mundo. Cuando intervenís en una asamblea, sois parte integrante de la misma, pero, siempre conserváis vuestra individualidad”-.

  1. Podemos tener pruebas de la individualidad después de la desencarnación?

-“Y, no la tenéis, acaso, en nuestras comunicaciones? Si mirad bien, veréis, y, si prestad atención, oiréis, por cuanto, con frecuencia os habla una voz, que os revela la existencia de un ser diferente de vosotros mismos”-.

Quienes piensan que con la desencarnación el Espíritu vuelve a entrar en el Todo universal, yerran si entienden que, a semejanza de una gota de agua que cae en el océano, él pierde su individualidad; empero, dicen la verdad si entienden por el Todo universal el conjunto de los seres incorpóreos, del cual cada Espíritu es un elemento.

Si los Espíritus estuviesen reintegrados en la masa, tendrían las cualidades del conjunto, en cuyo caso nada le distinguiría entre uno y otro. Ellos carecerían de inteligencia y de cualidades propias; mientras que, en todas las comunicaciones, nos dan prueba de tener la conciencia del yo y una diferenciada voluntad; la variedad infinita que presentan bajo todo respecto es consecuencia de personalidad innegable. Si después de la desencarnación hubiese, de verdad, este gran Todo absorbedor de la individualidad, sería uniforme, y entonces, todas las comunicaciones espirituales resultarían idénticas. Empero, por cuanto de hecho nos permiten comprender que provienen de seres buenos y malos, doctos e ignorantes, felices e infelices, alegres y tristes, serios y ligeros, está claro que estas comunicaciones provienen de entes espirituales que conservan su individualidad y su conciencia. Esto resulta todavía más evidente cuando prueban su identidad con signos incontrovertibles y con particularidades personales relativas a su vida terrestre, las cuales pueden verificarse, lo cual se vuelve incontrastable cuando se manifiestan a la vista en las apariciones, La individualidad del Espíritu nos era enseñada, en teoría, como un artículo de fe; el Espiritismo la demuestra de un modo evidente y positivo.

  1. Qué se debe entender por vida eterna?

-“La vida del Espíritu, por cuanto la del cuerpo es transitoria y pasajera. Cuando el ser humano desencarna, el Espíritu –eterno e inmortal- regresa a la dimensión espiritual”-.

No sería más exacto llamar vida eterna la de los Espíritus puros, que, habiendo alcanzado el supremo grado de perfección relativa, no tienen más pruebas por las que pasar?

-“Ésta sería, más bien, la felicidad eterna. Empero, ésta es siempre cuestión de palabras; llamad las cosas como queráis, si con ello lográis entenderos”-.

SEPARACIÓN DEL ESPÍRITU DEL CUERPO

  1. Es dolorosa la separación del Espíritu del cuerpo?

-“No; el cuerpo sufre, frecuentemente, mucho más durante la vida que en el instante de la desencarnación. El Espíritu, sin embargo, no participa en modo alguno a aquellos dolores; más bien, si es bueno, goza, por cuanto le anuncian el fin de su exilio”-.

En la desencarnación por causas naturales, que avienen por el agotamiento de los órganos a consecuencia de la edad, el ser humano deja la vida física sin darse cuenta: es como una lámpara que se apaga por falta de corriente eléctrica.

  1. Cómo ocurre la separación del Espíritu del cuerpo?

-“Rotos los ligámenes, que le retenían, el Espíritu se separa del cuerpo”-.

La separación se produce instantáneamente sin preparación? Existe un límite claramente fijado entre la vida y la ausencia de ella?

-“No: el Espíritu se desvincula gradualmente, y no escapa como un pájaro cautivo restituido inesperadamente a la libertad. La vida va confundiéndose con la ausencia de ella, por cuanto el Espíritu se libera poco a poco de los lazos, que se desatan, sí, pero no se rompen”-.

Mientras dura la vida, el Espíritu se encuentra ligado al cuerpo mediante su envoltura semi-material, periespíritu –o alma-; la desencarnación conlleva la destrucción o transformación del cuerpo y no del periespíritu, que se separa cuando en aquel cesa la vida orgánica. La observación enseña, que en el instante de la desencarnación la separación del periespíritu no se efectúa de una sola vez, sino gradualmente y con mayor o menor lentitud según las personas; en algunos es muy rápido, y a un día próximo a la desencarnación se encuentra también el de la liberación; en otros, y especialmente en aquellos cuya vida fue toda materia y sentidos, es mucho más lento, pudiendo durar días, semanas, y también meses, la cual cosa no implica, en el cuerpo, la mínima vitalidad, ni la posibilidad de un regreso a la vida, sino una simple afinidad entre el cuerpo y el Espíritu, afinidad siempre en razón de la preponderancia que, durante la vida, el Espíritu ha concedido a la materia. Está claro y es lógico que, cuanto más el Espíritu se identificó con la materia, tanto más rehúse a separarse; mientras la actividad intelectual y moral y la elevación de los pensamientos hacen sí que el desprendimiento se inicie mientras el cuerpo se encuentre, todavía, en vida, por lo que, ocurrida la desencarnación, aquel se cumple casi instantáneamente.

Esto es el resultado de los estudios de gran número de personas observadas en el instante del traspaso. Estas observaciones prueban, por otra parte, que la afinidad persistente en algunos, todavía perdurable entre el Espíritu  y el cuerpo  extinto es penosísima, por cuanto aquel puede probar el horror de la descomposición de éste. Un tal caso, empero, constituye una excepción, y es particular a ciertos géneros de vida y a algunas variantes de desencarnaciones; se tenía, por ejemplo, en algún tipo de desencarnación auto-provocada.

  1. La separación definitiva del Espíritu del cuerpo, puede ocurrir antes de que cese completamente la vida orgánica?

-“En la agonía, el Espíritu alguna vez ya ha dejado el cuerpo, por lo cual a éste no le queda más que la vida orgánica. El ser humano, entonces, no tiene más consciencia de sí mismo, aunque, todavía, le queda un soplo de vida. El cuerpo es una maquina puesta en movimiento por el corazón, por lo cual existe hasta cuando el corazón hace circular la sangre en las venas, para cuya función no tiene necesidad de Espíritu”-.

COMENTARIO EXEGÉTICO GIC.

 

Mientras existan signos vitales, vida orgánica, aunque la persona se encuentre inconsciente, es indicio de que, aún, el Espíritu se encuentra unido al cuerpo en determinado grado, aunque los lazos que unen al Espíritu con el cuerpo, mediante el alma, -periespíritu-, hayan comenzado a soltarse, -no a romperse-.

El Espíritu suele emanciparse del cuerpo tan pronto se adormezcan los sentidos físicos, y con el desdoblamiento del Espíritu, el cuerpo duerme, pero mantiene las funciones vitales.

Empero, tan pronto se suelten los lazos del alma, -periespíritu-, que unen al Espíritus con el cuerpo, cesan, automáticamente, todos los signos vitales, toda la vida orgánica, evidencia clara de la desencarnación del Espíritu.

En algunos casos, el apego del Espíritu a la materia es tan grande que, la desencarnación requiere de un largo proceso antes de que se suelten los ligamentos -del Alma, o periespíritu-, que unen al Espíritu con el cuerpo de turno.

En los Espíritus de elevada conciencia, con desapego correcto de la materia, los lazos de unión se sueltan con facilidad.

Recordemos que el ser, en los cuatro reinos naturales, fundamentalmente está formado por el Espíritu, el Alma, o periespíritu, y el cuerpo. La ley cósmica es una, y rige en los cuatro reinos naturales, en semejante modo, adaptado a las particularidades de cada especie.

  1. En el instante de la desencarnación el Espíritu, tal vez, no tiene una aspiración o éxtasis, que le hace entrever el mundo que le espera?

-“Frecuentemente el Espíritu, al aflojarse los ligámenes que les unen al cuerpo, hace todos los esfuerzos posibles para romperlos del todo, y entonces, ya suelto en parte de la materia, ve desenvolverse delante  el porvenir y goza, anticipadamente el estado de Espíritu libre”-.

  1. El ejemplo del gusano, que primeramente se arrastra por el suelo, y después, convertido en crisálida, en estado de vida latente, regresa a la existencia como espléndida mariposa, puede darnos una idea de la vida terrestre, de la que sigue a la desencarnación y de nuestra nueva vida?

-“En pequeño sí, por cuanto la comparación no es mala; empero, tened en cuenta, después, de no tomarlo a la letra, como con mucha frecuencia os sucede”-.

  1. Cuál sensación prueba el Espíritu, cuando se reconoce en el mundo de los Espíritus?

-“Según los casos: si tiene conciencia de haber hecho el mal, se encuentra todo avergonzado y doliente; si, en cambio, tuvo la oportunidad de vivir virtuosamente, experimenta la sensación de ser aliviado de un gran peso, y goza sin temor de ninguna mirada escrutadora”-.

  1. El Espíritu reencuentra a quienes ha conocido en la tierra, y que han desencarnado antes que él?

-“Sí, según el afecto que él tenía por ellos, y de acuerdo al que ellos tenían por él. Frecuentemente, de sus seres queridos, ya desencarnados, algunos vienen a recibirlo a su reingreso en la patria común, y le ayudan a despojarse del involucro material. Él,  además, reconoce a muchos otros de quienes había perdido los rastros durante su estadía en la tierra: ve aquellos que se encuentran en la dimensión espiritual, y va a visitar a quienes, aún, se encuentran encarnados”-.

  1. En caso de desencarnación por causa violenta o accidental, cuando los órganos no se encuentran aún debilitados por la edad, o por ausencia de salud, la separación del Espíritu y la cesación de la vida física acontecen al mismo tiempo?

-“En general sí: empero, en todo caso, el instante que le separa es brevísimo”-.

  1. Después de la decapitación, por ejemplo, -conserva la persona, aún por poco tiempo, la conciencia de sí misma?

-“Hasta que la vida orgánica se haya extinguido. Frecuentemente, la aprensión de la desencarnación le hace perder aquel sentimiento mucho antes del suplicio”-.

Aquí se habla de conciencia, que el ajusticiado puede tener de sí mismo como hombre, por vía de los órganos, y no ya como Espíritu. Por lo cual, parece que, si no la ha perdido antes del suplicio, puede conservarla, aún, algún breve momento después, empero, cesa, necesariamente, con la vida orgánica del cerebro, la cual cosa, todavía, no implica que el periespíritu –o alma-, se haya soltado en absoluto del cuerpo. Ocurre, más bien, lo contrario en todos los casos de desencarnación violenta, es decir, no provocada por la progresiva consumación de las fuerzas vitales, donde los ligámenes que unen el cuerpo con el periespíritu son más tenaces, lo que determina que sea más lenta la separación completa.

EL ESPÍRITU TIENE LA CONCIENCIA

  1. El Espíritu tiene conciencia de sí inmediatamente que haya dejado el cuerpo?

-“Inmediatamente no; él permanece por algún tiempo en una especie de turbación”-.

  1. Experimentan todos los Espíritus, en el mismo grado y en igual duración, la turbación que sigue a la separación del Espíritu del cuerpo?

-“No: Esto depende de la diversidad de su elevación. El ser virtuoso se reconoce casi inmediatamente, por cuanto ya se emancipó de la materia durante la vida del cuerpo, mientras que el ser sensual, cuya conciencia no es pura, conserva más largamente la impresión de la misma”-.

  1. El conocimiento del Espiritismo tiene alguna influencia sobre la duración más o menos larga de la turbación?

-“Peso grandísimo, por cuanto el Espíritu conocía ya su futura condición; empero, más que ninguna otra cosa, abrevian esta duración una conciencia pura y la práctica del bien”-.

En el momento del traspaso todo es confuso, y el Espíritu precisa algún tiempo para reconocerse; él se encuentra aturdido, como en el estado de quien sale de un profundo sueño, que busca darse cuenta de su condición. La lucidez de las ideas y la memoria del pasado le regresan  a medida que se va borrando la influencia de la materia, de la cual se ha soltado, disipándose aquella especia de neblina que vela los pensamientos.

La duración de la turbación, que sigue a la desencarnación, es variabilísima: puede ser de alguna hora, como de varios meses o años. Es menos larga para aquellos que ya en vida se han compenetrado al estado futuro, por cuanto, apenas se encuentran allí, lo comprenden inmediatamente.

La turbación espiritual ofrece circunstancias particulares, según el carácter de las personas, y sobre todo según el género de la desencarnación. En aquellas violentas, por auto-determinación, por suplicio, por accidente, por heridas, y similares, el Espíritu es sorprendido; lleno de estupor, no cree de encontrarse en la dimensión espiritual, y lo niega con obstinación; ve su cuerpo, sabe que es el suyo y no comprende que se ha separado; va cerca de las personas que ama, les habla, y desconoce la razón por la cual no le escuchan. Esta ilusión dura hasta la perfecta separación del periespíritu. Solamente entonces el Espíritu se reconoce, y comprende que no hace más parte de los vivos, -en la dimensión física. Un fenómeno de tal naturaleza se explica fácilmente. Sorprendido, de repente, por la desencarnación, el Espíritu está aturdido por el brusco cambio que se ha efectuado en él. Él, como ordinariamente suele ocurrir, creía que la desencarnación fuese sinónimo de destrucción, de anulación: ahora, por cuanto él piensa, ve, siente, no comprende de haber desencarnado. Acrecienta el engaño el hecho de verse en un cuerpo símil al precedente en la forma, cuya naturaleza etérea él no ha tenido tiempo, aún de percibir; él lo cree sólido y compacto como el primero; y, cuando alguna cosa llama su atención sobre este punto, se maravilla de no poderse tocar. Este fenómeno es análogo al de los sonámbulos, quienes desde el principio están persuadidos de no dormir. Para ellos el sueño equivale a supresión de las facultades: ahora, por cuanto piensan libremente, y ven, están persuadidos de no dormir. Algunos Espíritus presentan esta particularidad, aunque la desencarnación no le haya tomados por sorpresa; empero, ella es más común en aquellos que, si bien con ausencia de salud, no piensan en la desencarnación. Se ve, entonces, el singular espectáculo de un Espíritu, que asiste a su funeral como al de un extraño, y discurre como de algo que no le concierne, hasta que llega a comprender la verdad.

La turbación que sigue a la desencarnación no tiene nada de penosa para la persona de bien: es serena y en todo similar a la que acompaña un plácido despertar. Para el malvado, al contrario, es plena de ansiedad y de angustia, las cuales aumentan a medida que él adquiera la cognición de sí mismo.

En los casos de desencarnación colectiva se ha observado que no todos aquellos que desencarnan conjuntamente se vuelven a ver siempre enseguida. En la turbación que sigue al traspaso, cada quien va por su propia vía, o se cuida únicamente de aquellos seres que les son más queridos.