COMENTARIO EXEGÉTICO 25

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COMENTARIO EXEGÉTICO 25

 

©Giuseppe Isgró C.

 

 25. El Espíritu es independiente de la materia, o es, en cambio, una propiedad de ella, como los colores los son de la luz, y el sonido, del aire?

-“El uno es distinto de la otra; empero, es necesaria la unión de ambos para dar una inteligencia a la materia”-.

Es, quizá, igualmente necesaria esta unión también para la manifestación del Espíritu?

-“Es necesaria para vosotros, ya que no estáis organizados para percibir el Espíritu libre de la materia: las limitaciones de vuestros sentidos no lo permite”-.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

 

Toda expresión de vida, en la dimensión física del planeta Tierra, y en cualquier mundo del universo, -siempre físicamente hablando-, está conformada, por lo menos, por tres entes claramente diferenciados, entre sí: El Espíritu, o ente inteligente; el Alma, o periespíritu, como elemento neutro de enlace entre el Espíritu y el cuerpo; y el cuerpo, vehículo que funge como elemento fundamental para la expresión física de la vida, en los cuatro reinos naturales.

Una es la ley cósmica que rige todo en la Creación Universal. Cada ser, en los cuatro reinos naturales, está conformado por Espíritu, Alma y cuerpo. Dejamos sentado este principio en forma clara, precisa y contundente, para corregir, definitivamente, cualquier equívoco al respecto. Hasta los animales, los vegetales y los minerales, están conformados por Espíritu, Alma y cuerpo; es decir, en toda expresión física, la fuente de la vida es el Espíritu.

El Espíritu, como se ha expresado reiteradamente, está conformado por la misma esencia de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad.

Igualmente, el Espíritu está dotado de todos los atributos divinos del Ser Universal, y del poder potencialmente infinito que le es inherente, que expresará sin límites de ninguna naturaleza, en la eterna polarización, en el eterno retorno del ser individual al Ser Universal.

Esto, algunas corrientes de pensamiento lo han denominado un proceso de involución-evolución. Es la teoría del eterno retorno. El viaje de regreso a la fuente, de la cual, en un momento dado, se ha emanado a la conciencia individual: No creado, sino emanado de la Divinidad, sin separarse de la divinidad que ha existido siempre, y sin dejar de ser la Divinidad.

Cada ser emana perfecto a la conciencia individual;  lo que evoluciona, en sí, es cada uno de los estados de conciencias relativos a los valores universales, o atributos divinos, pasando por todas las estaciones –o grados-, del cero al infinito, mediante cuyo proceso encuentra siempre un más allá en conocimiento de la verdad universal, de los valores universales, del uso del poder creador -potencialmente infinito- que le es inherente, y de los objetivos de cooperación en la realización de la Gran Obra, en la expansión de la Creación universal.

Todo este bagaje de realización cósmica se encuentra regido por los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo en la Ley Cósmica, cuyo soporte constituye cada uno de los valores universales.

Igualmente, en cada uno de los Espíritus de los cuatro reinos naturales se encuentra una réplica exacta de la Conciencia del Ser Universal, en la cual se expresa, por medio del lenguaje de los sentimientos relativos a los valores universales, la misma Divinidad, en una acción pedagógica constante, y perenne.

Al mismo tiempo, toda expresión de vida es la única vida que existe: la de la Divinidad. Por eso se habla que todo es UNO.

La Divinidad es voluntad y anhelo de ser a nivel universal, en la eterna expansión de la Creación, y cada ser que emana a la conciencia individual, en los cuatro reinos naturales, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar de ser la Divinidad.

Cada ser es el instrumento de ese anhelo de realización y la voluntad de su expresión, en todas sus vertientes y variantes, desde un grado cero al infinito, encontrando, como ya fue dicho, siempre un más allá sin límites de ninguna naturaleza.

La Divinidad Universal jamás agotará el total del caudal de su potencial realizador, y de sabiduría de los valores universales impresa en la ley cósmica y en la conciencia de cada ser, o toda expresión de vida, en los cuatro reinos naturales conocidos, y en los eventuales otros por conocer.

Es importante destacar que el Espíritu interactúa, simultáneamente, en ambas dimensiones: Espiritual y física, en forma constante, aun cuando no tenga conciencia objetiva de ello.

El fenómeno, de interrelación entre ambas dimensiones, se realiza por medio de la facultad de desdoblamiento, o proyección espiritual.

Pero, lo que el Espíritu realiza en la dimensión espiritual no lo registran los sentidos físicos, razón por la cual no conserva un recuerdo claro en la conciencia objetiva.

Esto se explica por el viejo aforismo de que, lo que no pasa por los cinco sentidos no se encuentra en la conciencia, cuyo primer exponente fuera Aristóteles, y posteriormente, Francis Bacón. Empero, esto es, únicamente, una verdad a media, ya que, muchas de las realizaciones, o percepciones que el Espíritu realiza en esos breves intervalos, en la dimensión espiritual, aunque sean de escasos segundos, las recuerda como intuiciones, o ideas que les vienen a la mente sin saber de dónde las obtiene: Es decir, sabe sin saber cómo ni porque sabe. De esa interrelación con el mundo espiritual, obtiene, también, incontables inspiraciones, que no son más que la comunicación de contenidos mentales de entes encarnados, o desencarnados, comunicando pensamientos dentro del pensamiento,que aportan ideas que le conducirán, a cada quien, al desarrollo de las mismas, o de orientación, o guía, en la realización del propio trabajo. Homero es uno de los genios que describió con precisión esta interrelación entre ambas dimensiones, tanto en la Ilíada como en la Odisea. Es una faceta de la obra homérica que es preciso profundizar. Platón, en el diálogo Ion, también desarrolla este tema en forma admirable. (En el Blog Verdad Universal se encuentran tres amplios trabajos sobre la Intuición, la Inspiración y el Desdoblamiento, o proyección espiritual).

El Espíritu interactúa, como fue dicho, en ambas dimensiones: La Espiritual y la física, simultáneamente.

Sería beneficioso que los seres humanos se abocasen al estudio serio y profundo de las facultades del Espíritu, para optimizar esa interrelación. La primera obra que estudia a fondo, en la historia de la humanidad, y con conocimiento de causa, las facultades espirituales, es El Libro de las facultades espirituales, del ilustre maestro de Lyon, Allan Kardec. Esta obra, que estamos traduciendo, podrá leerse en nuestro Blog: El libro de las facultades.

Quilón, el Lacedemonio, en el siglo VI antes de nuestra era, inscribió su precepto, en Delfos: -“Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios, sino conocerse a sí mismo”. Mahoma, al inicio del siglo VII de nuestra era, acuño el aforismo: -“Conócete, y conocerás a Dios”.

Cada ser debe centrar su atención en conocer su propio ser en los tres entes que le conforman, con el fin de aprovechar al máximo su misión existencial en la expresión física de la vida.

Se tendrá ocasión, a lo largo de estos comentarios exegéticos, y del estudio de la obra que se comenta, de analizar a fondo, dentro de lo posible, cada uno de los entes que conforman cada ser, o expresión de vida, en sus tres elementos constitutivos: Espíritu, Alma y Cuerpo.

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