NAPOLEÓN, EN WATERLOO

NAPOLEÓN, EN WATERLOO

©Por Giuseppe Isgró C.


En Los Miserables, Victor Hugo describe la batalla de Waterloo, en la meseta de Mont-Saint-Jean, -rellenada, en parte, artificialmente-, realizada los días 14 y 15 de junio de 1815, la cual Napoleón pierde, habiéndola tenido virtualmente ganada.


Wellington, después de los altos y bajos de las acciones, y con fuerzas inferiores a las de su contrincante, retrocedió al fondo del bosque de Soignes, hecho que hizo estremecer a Napoleón, en cuya mente se vislumbró el destello de la victoria.


Antes del ataque decisivo, Napoleón, con sus jefes, estudiaba la situación; parecía que no se le escapaba ningún detalle y todo indicaba que iba a lograr el triunfo.


Que Napoleón pensara tal cosa no era de poca monta, siendo uno de los mayores estrategas de todos los tiempos. A una pregunta suya, a media voz, su guía Lacoste le hace un signo con la cabeza; acto seguido, Napoleón, envía, a París, un correo para informar que la batalla estaba ya ganada, dando la orden a los coraceros de Milhaud que se apoderasen de la meseta; empieza la batalla definitiva.


La caballería se lanza al ataque, en una carrera vertiginosa, y, ¡sorpresa!, la primera fila, en forma repentina, frena en seco, encabritándose los caballos; la velocidad de las filas siguientes es tal que empujan a las de adelante, y todas caen en una enorme zanja producida por haber cedido el terreno, la cual rellenan dos mil caballos y mil quinientos hombres sobre la cual puede pasar el resto de la caballería.


Empero, 1500 hombres menos, -los de la columna Wathier-, hacen que una batalla teóricamente ganada se vuelva en contra y Wellington, reaccionando con impasibilidad, -recibiendo a última hora los refuerzos de Bülow-, gana en Waterloo, sellando el ocaso de Napoleón y abriendo su camino hacia Santa Elena.


La noche anterior había llovido incesantemente, lo cual determinó, -mientras se esperaba a que el terreno se secase para poder trasladar la artillería-, que la batalla se iniciase con tres horas de retraso, lo que produjo dos hechos que marcaron la diferencia; el primero, la lluvia ocasionó que se abriese el barranco, imperceptible a la vista y, el segundo, las tres horas de retraso en el inicio de la batalla, dio tiempo a Bülow para acudir en ayuda de Wellington; sin lo cual, el triunfo habría sido de Napoleón.


Victor Hugo, visitó muchas veces “Waterloo”, en busca de información, donde, a la vez que se imaginaba la manera en que se habían desarrollado los sucesos, se preguntaba cómo pudo acontecer tal cosa.


La conclusión a la que llegó, -a la vista de cómo se desenvolvieron los acontecimientos futuros-, es la de, siendo Napoleón el hombre más poderoso de su tiempo, se había convertido en un obstáculo en los planes cósmicos, y que, antes de iniciarse la batalla ya estaba sentenciada por el Creador Universal de que la iba a perder.


Es sorprendente la conclusión de Víctor Hugo; empero, León Denis, en su libro El mundo invisible y la guerra, analiza como batallas “ya pérdidas” son ganadas por ejércitos ubicados en condiciones de desventaja, con la ayuda del mundo espiritual, teniendo el bando contrario alucinaciones que le hacen ver a un enemigo mucho más numeroso de lo que realmente es; el ardor y entusiasmo inspirados desde la dimensión espiritual, a los soldados, conjuntamente con la influencia inhibidora de entes espirituales afines sobre el bando contrario, marcan la diferencia. Las batallas se realizan en ambos planos. –“Como es abajo es arriba y viceversa”, -dijo Hermes Trismegisto.


Denis, documenta los sucesos con datos precisos que hacen irrefutable esta intervención espiritual y ello, si se analizan bien las cosas es comprensible, por cuanto, las nuevas generaciones de espíritus por nacer, en un país determinado, están interesados en la clase de escenarios que precisan para realizar sus objetivos, cuando, oportunamente, les toque a ellos desempeñar sus roles en la dimensión física, de ahí que se involucren en conducir los acontecimientos al derrotero más conveniente a sus ideales de justicia. Esta clase de estudios podría denominarse Meta-historia, a la luz de la cual, se comprenden mejor los grandes enigmas históricos.


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