MARÍA DONDENA, LA GATA QUE REALIZÓ UNA HAZAÑA

MARÍA DONDENA, LA GATA QUE REALIZÓ UNA HAZAÑA

©POR GIUSEPPE ISGRÓ C.

Era un día de octubre de 1950. La familia Romento, integrada por el matrimonio y tres hijos, en uno de sus viajes periódicos a Caracas, trajeron de Boleitas una gata negra con manchas blanquecinas, algo fea pero simpática con sus vivaces ojos.

El viaje, la gata, lo había realizado encerrada en una caja de cartón, en el viejo carro de la familia.


-¿Quién iba a pensar que esa larga incomodidad de cinco horas de viaje le permitiría aprovechar la gran oportunidad de su vida? La de demostrar al mundo lo grande y real de la inteligencia y capacidad de los gatos, cuya máxima expresión ella representaba en ese momento.


-¡Por fin hemos llegado!, -se habrá dicho María Dondena, al verse libre de la oscura caja donde había realizado su duro viaje.


La familia Romento, al llegar a su residencia, en Puerto La Cruz, había sacado a la asustada gata y encerrado en una pequeña habitación que le servía de depósito.


La señora Romento, después de dar alimento a María Dondena, se retiró tranquila a reposar del largo y cansado viaje.

–Ya se acostumbrará al nuevo hogar-, pensaba mientras cerraba la puerta. Pero, la realidad era muy otra. María Dondena parecía no estar conforme; allí, en Boleitas, vivía muy bien. Bueno, aquí con la familia Romento, también viviría excelentemente; pero no sería lo mismo. Quizá la vida romántica de María Dondena, allí en Boleitas, le hacía pensar de esta manera. Posiblemente era el afecto que sentía por sus antiguos dueños. En fin, -¿quién sabe lo que era? ¡Son cosas de gatos! Sólo sabemos que no estaba conforme con todo aquello y eso nos basta. -¡Escaparé!, -repetiría en su serena mente, mientras estudiaba el terreno con impasibilidad y férrea decisión.


La señora Romento, por descuido, había dejado media abierta una pequeña ventana en el lado sur de la casa. Seguramente, no era la casualidad la que ayudaba a María Dondena. ¡Muchas veces suceden cosas tan extrañas! Esta era una de aquellas. Afortunadamente ayudaba a la futura heroína.


María Dondena, mientras observaba palmo a palmo la habitación, fijó sus vivaces ojos en lo que sería tabla de su salvación. Allí estaba la salida que la ponía cara a la libertad. Saltando, rápidamente, por encima de unas cajas, María Dondena alcanzó la ventana, encontrándose ya libre.


Era ese el inicio de la parte culminante de la hazaña. Pero, -¿sabía ella que le separaban 400 Km? -¿Tendría fuerzas suficientes para llegar hasta allí? Otra interrogante tomaba cuerpo: -podría ella orientarse? -¿Cómo regresar si ni siquiera había visto por dónde había venido?


Estas preguntas le habían puesto a meditar, llegando quizá a exclamar: -¡No importa, apelaré a las facultades psíquicas propias de los seres vivientes y regresaré!


Convencida, seguramente, de su triunfo, emprende el retorno que había de conducirle a su amado hogar.

Al día siguiente, cuando la señora Romento fue a llevarle algo de comer, encontró que María Dondena ya no estaba allí. Preocupada, miró por todos lados, pensando que posiblemente se encontraba en alguna de las cajas que allí estaban. Pero no, la pequeña ventana abierta aclaró la realidad. ¡Maria Dondena, había escapado!


No sabemos las miles de situaciones que habrá vivido María Dondena. El hambre, de seguro habrá devorado su vacío estómago. La reseca garganta pocas veces habrá encontrado agua, la odiada agua, que apaciguara, aunque fuese levemente, su sed. Pero, superior a todo obstáculo, fiel a todo propósito, realizó la hazaña. María Dondena demostraba ser extraordinaria.


Ocho meses después, la familia antigua de María Dondena, veía llegar una gata en el gran patio de la casa. Era una gata maltrecha. Los gatos del lugar, acostumbrados tanto a echar a todo semejante extraño, por el contrario, se le acercaron con muestra de alegría, como aquellos que después de haber tenido fuera por muchos años a un ser querido, a su regreso le reciben con mezcla de lágrimas y alegría.


Los niños fueron los primeros en exclamar: -¡Mamá, es María Dondena! La sorpresa no pudo ser mayor para aquella señora. Una gata que para demostrar el afecto que siente por sus dueños recorre tantos kilómetros, no pudo menos que despertar, en aquella familia, un gran sentimiento de admiración y cariño. Se le tomó una foto, para registrar el acontecimiento.

El relato anterior, evidencia que los animales, en general, poseen facultades psíquicas sobre las cuales tienen un gran control, y que, en momentos dados, les permiten realizar hechos que se pueden catalogar de extraordinarios, los cuales hoy en día, la Parapsicología está estudiando cada día mejor.


Adelante.

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