TRASCENDENCIA DEL KARMA SEGÚN EDGAR CAYCE

Conozcamos a nuestro yo -I-

Por Mary Ann Woodward

-“Porque de cierto os digo, que hasta que aunque pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni tilde perecerá de la Ley, hasta que las cosas sean hechas”-.
Mateo, V:18

-“Empero, más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustarse un tilde de la Ley”-.
Lucas, XVI: 17

¿Cuál es la ley inmutable, a la que se refieren tanto Lucas como Mateo? Es evidentemente la ley de causa y efecto, a la que muchos, particularmente en Oriente, llaman Karma.
Esta palabra “karma”, se usa filosóficamente para indicar las condiciones actuales, nacidas de pensamientos y acciones que tuvieron lugar en el pasado. Su significado sánscrito abarca tanto a la acción como a la reacción (consecuencias). Su significado hindú comprende al trabajo , o a la labor del alma en busca de lograr la unión con Dios. Hoy, cuando pensamos en ella, la vemos como la causa y efecto.
Las interpretaciones psíquicas realizadas por Edgar Cayce explicaban al karma, en sus muchos aspectos y ramificaciones, como “conocer al yo”. La mayoría de nuestros actos y nuestras acciones producen un efecto o resultado inmediato. Habitualmente, tenemos conciencia del efecto de nuestras acciones y las elecciones que hacemos y sabemos si son acertadas o erróneas. Lo vemos en forma inmediata. Debiéramos llamarlo karma “al contado”, por la rapidez con que sentimos sus consecuencias. Se presentan, sin embargo, numerosas circunstancias o condiciones a las que no les vemos causa o razón alguna, a menos que podamos aceptar la teoría de la reencarnación. Por ejemplo: -¿por qué nace un niño en medio de riquezas y abundancia, feliz en un ambiente de amor, y otro cercado de pobreza y el rechazo? -¿Qué es lo que atrae al alma a ambientes tan distintos? -¿Por qué un niño es un genio, y otro un retardado o un idiota? El ser humano clama a menudo en sus circunstancias, como lo hizo Job: -“Por qué ha caído sobre mí esto?”-. A menos que se las explique con referencia a existencias o vidas anteriores, estas cosas parecen inexplicables.
Las interpretaciones realizadas por Edgar Cayce sostienen que cada persona es responsable de las circunstancias en la que se encuentra. No es una víctima inocente del ambiente que le rodea: simplemente se está encontrando a sí mismo”-.
-“Lo que siembres, eso cosecharás. Se conocen con frecuencia experiencias en las que los individuos cosechan aparentemente aquello que no han sembrado, pero esto no es más que la visión “aparente” de la entidad, o de quien analiza o estudia los propósitos e ideales relacionados con esos individuos en particular”-. (Lectura 2.528-3; Edgar Cayce).
Cnocer al yo, de acuerdo con la información que nos proporcionan las interpretaciones de Edgar Cayce, es realmente conocer las consecuencias de nuestras propias acciones o actitudes. Esta forma de conocer a nuestro yo, incluye también nuestros pensamientos y emociones anteriores. Nosotros reencarnamos, o volvemos a vivir en la Tierra, para enfrentarnos con los resultados que hemos provocado. No sólo tomamos decisiones todos los días, sino que también las hemos tomado en vidas anteriores, y de ellas somos responsables. Tenemos la libertad para elegir, pero debemos tener presente que dentro de cada elección existen elecciones futuras. Las consecuencias de nuestras elecciones y acciones son “la jota y el tilde” con que debemos enfrentarnos. No hay escapatoria.
-“La causa y el efecto son para muchos iguales al karma. Karma es lo que arrastramos con nosotros, mientras que la causa y el efecto pueden existir en una sola experiencia material”-. (Edgar Cayce, lectura 2981-21).
La mayoría de los individuos en estos momentos, interpretan erróneamente las experiencias kármicas; cada espíritu, cada entidad, debería adquirir su propio concepto del destino. El destino está en nuestro interior, o nos viene de la fe, o se nos proporciona como un don de las Fuerzas Creativas. La influencia kármica es, entonces, una influencia rebelde que se alza contra aquellos. Cuando se presentan las oportunidades, es la fuerza de voluntad propia de la entidad lo que hay que poner en juego, aquello que la ha separado o la ha igualado a las influencias creativas en las fuerzas espirituales superiores, para hacer por sí mismo ese progreso. Así, pues, hay en todos los contactos la oportunidad para que una entidad, un espíritu, cumpla o encuentre por sí, en la asociación del yo de su alma con las Fuerzas Creativas emanada de la Primera Causa, lo necesario para que esa entidad llegue a la unidad con la Fuerza Creativa. De ahí que, en cuanto al desarrollo total de la entidad, ella siempre está en el camino. (Lectura 903-23, Edgar Cayce).
La vida y sus expresiones son una sola cosa. Cada Espíritu o entidad quiere regresar, y regresa, o cumple un ciclo, como lo hace la naturaleza en sus manifestaciones acerca del ser humano, dejando, haciendo o presentando de este modo –por así decirlo- aquellas verdades infalibles, indelebles, de que ella –la Vida- es continua. Y aun cuando puedan invertirse unos pocos y cortos años en esta o en aquella experiencia, son una sola cosa; el espíritu, el yo interior, que se purifica, que se eleva, para que pueda ser uno con aquella primera causa, aquel primer propósito, para que cobre vida.
Y aunque puedan presentarse aquellas existencias por acá y por allá, cada una tiene sus relaciones con lo que ha pasado antes, y lo que tiene que venir. Y a cada espíritu se le ha dado ese privilegio, esa elección, de aunarse con las Fuerzas Creativas. Y las pautas que se han establecido como señales a lo largo del progreso del ser humano son bien claras.
Nosotros y solamente nosotros somos responsables por lo que somos y por nuestra condición en esta Tierra.
Las interpretaciones de Edgar Cayce indican que la individualidad es la suma total de lo que el espíritu ha hecho con las Fuerzas Creativas e ideales, en sus distintas experiencias en la Tierra. La individualidad cambia a medida que la entidad actúa, piensa y siente en el presente acerca de sus ideales, sus experiencias y sus oportunidades. Los problemas, las condiciones, las personas, todos ellos causan una reacción en el individuo. Cada fase de la entidad tiene atributos separados, que pueden ser tanto físicos como espirituales. También pueden ser uno, y para poder realizar esto, la entidad tiene que emplear la mente. La mente es el constructor, el camino en el cual uno se acerca a lo infinito o a lo material.
Pues no es casual que cada entidad entre, sino que la entidad –como parte integrante del todo- pueda llenar ese lugar que ningún otro espíritu puede llenar tan bien.
De este modo, en cada manifestación material una entidad asume el compromiso de manifestar que ella, como parte del todo, pueda ir armonizándose cada vez más con esa conciencia, glorificándolo a Él (el Creador), por ese motivo, con sus relaciones con los demás, en cada experiencia y en todas ellas.
De este modo, los impulsos latentes o manifiestos son expresiones de un espíritu en las variadas fases de la conciencia. En la estancia material o terrenal, estas hallan expresión o manifestación de un modo tri-dimensional. Cada entidad, de este modo, se ve a sí misma como cuerpo, mente y espíritu. Estas fases representan los tres atributos espirituales que son comprensibles o están comprendidos en lo material. No obstante, como lo mental y lo espiritual van haciéndose cada vez más expresivos, o se controlan más a causa de sus experiencias en la Tierra, la entidad advierte la existencia de otras dimensiones en su estancia física.
Mientras el cuerpo está sujeto a todas las influencias de lo material, puede ser controlado –y también sus emociones- por la mente. Y la mente puede ser dirigida por el Espíritu. El espíritu es aquella porción de la Primera Causa, que halla expresión en todo lo que es imperecedero en la conciencia de la mente o de la materia.
Y ningún impulso sobrepasa a las capacidades mentales y espirituales de un espíritu para elegir el camino que, el espíritu y la mente, puedan seguir.
En lo material, entonces, según pueda expresarse en cualquier medio que un cuerpo haya elegido, este se acostumbra al ambiente de esa particular esfera de actividad, o armoniza con él. Sin embargo, esto puede quedar localizado; o interesarse en el Estado o la Nación, o en lo espiritual, o en sus semejantes, alterando de este modo la forma en que la entidad pueda expresarse a sí misma, aún cuando actúe dentro del ambiente de otros que se dedican a esa particular esfera de actividad. (Lectura 2.533-1, Edgar Cayce).
Cada entidad, cada espíritu, penetra en la experiencia física buscando una finalidad. Esta no es individual, ni de naturaleza egoísta, aun cuando es muy personal en lo que respecta a su aplicación y a su práctica.
Cada espíritu se encuentra constantemente consigo mismo; no solo en lo que con frecuencia llamamos karma o influencias kármicas. Recordemos: La Vida es Dios; aquello que es constructivo crece; lo que es destructivo se deteriora.
Entonces, las fuerzas kármicas, -si la consagración de una vida en la experiencia de una entidad individual CRECE hacia un abrigo de paz y de armonía y de comprensión, o si ustedes crecen espiritualmente, lo harán en comprensión.
-¿Cómo –preguntarán ustedes- podrán saber cuando marchan por la senda correcta?
-¿Cómo? Tu conciencia de Dios, tu Espíritu, condena, rechaza o vacila ante las condiciones existentes en la experiencia del yo mental y material. La mente es siempre la que construye.

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