PEQUEÑO ENSAYO SOBRE EL HOMBRE Y SU RELACIÓN CON DIOS

PEQUEÑO ENSAYO SOBRE EL HOMBRE Y SU RELACIÓN CON DIOS

Giuseppe Isgró C.

1970

En el curso de los milenios, la proliferación de ideas y conceptos sobre Dios ha permitido que pueda existir gran confusión y constante duda sobre la “insondable” personalidad de Dios.

Desde las épocas primitivas, cuando el hombre temía al rayo, a los truenos y a otros fenómenos naturales, concibió ideas de adoración y de ofrendar sacrificios que pudieran granjearle la simpatía de determinados dioses. Con la evolución de esas ideas y creencias, con el transcurso del tiempo, pasando por la adoración de los espíritus de los antepasados, etcétera, hasta concluir con el concepto monoteísta que en diferentes partes del mundo conocido, en cada época, fuera propagado por gran número de “guías de pueblos”, patriarcas, profetas, entre los cuales, nombrando sólo algunos, tenemos al “Hellí”. de Abraham, al Jehová, de Moisés, al Dios Atón, de Aknatón, en Egipto, etcétera, quienes han conducido las creencias hacia la existencia de un solo Dios Universal.

Cada nueva generación hace posible la introducción de “cambios” que aportan “nuevas luces” e “innovaciones” sobre los más arduos problemas del hombre, sus relaciones con una “casi ignorada” causa superior de los reinos espirituales, de los cuales, la proliferada división de creencias impartidas por las múltiples religiones, han sembrado la más espantosa oscuridad en las conciencias, cuyos cimientos arcaicos y dogmáticos, las nuevas generaciones se están haciendo cargo de demoler, para establecer ideas más dinámicas y acordes con la evolución que la humanidad está viviendo en los momentos históricos actuales tan trascendentales.

El hombre, por su condición intrínseca, al referirse a alguna cosa, tiende siempre a relacionarlo con las experiencias que él posee. Es común observar como el ser humano atribuye a Dios sus propias cualidades e imperfecciones humanas. Los conceptos que de Dios el hombre tiene, pareciera que lejos de ser un Creador Inmutable, fuese un Dios parcial, vengativo e injusto y terrible.

De igual manera se atribuye a Dios el don de perdonar si el pecador se arrepiente y algún semejante, “uno de sus ministros” le absolviera. Como si la naturaleza no diera suficientes manifestaciones y pruebas del rigor -de causa y efecto- que sigue a la infracción de las inmutables leyes.

Es frecuente ver que existen personas que creen que Dios puede permitir o impedir algunas realizaciones del hombre de manera arbitraria, dado que, si Él hizo las leyes, se piensa que también puede modificarlas. Acertadamente, Joaquín Trincado, expresó: -“Dios hace todo cuanto debe y no cuanto quiere”-.

Cierto día, recuerdo haber oído a alguien que preguntaba a su amigo: -“¿Vienes mañana?” Y el amigo le contestó –“Bueno, ¡si Dios quiere!” Mientras que el amigo, sonriente, nuevamente, le decía: -“Bueno, ¡si Él no quiere, te vienes a escondidas!” Esto evidencia hasta que punto el hombre ha humanizado a Dios, pero también señala su despertar cuando ya comienza por romper los lazos del temor y de la superstición respecto a Dios.

Los clásicos y fantásticos infierno y paraíso, por los que fuera posible aumentaron, en el plano económico, los “millones” en las distintas instituciones u organizaciones de índole religioso, de manera especial en la llamada “iglesia universal”.Pese a que a la ciencia le ha resultado fácil y ya ha sido posible demostrar la carencia de fundamentos de esas creencias, sin embargo, persiste una ola de confusión, especialmente en las mentes muy religiosas y fanáticas, en los últimos intentos de esas instituciones por mantener un poco más sus influencias.

La misma concepción absurda del “diablo” ya fue posible que rodara por el suelo, cuando las mentes abiertas no tuvieron prejuicios de abordar temas tan “delicados” e “insondables”.

A tal objeto, cabe mencionar lo que a continuación copiamos del interesante libro “El Diablo” de Giovanni Papini: -“En una de las primeras páginas del librito de texto el pequeño Byron leyó estas palabras que nunca olvidó: “Dios hizo a Satán y Satán hizo el pecado…..Jorge (Byron) había sido educado por su niñera Mary Gray en un temor saludable a Satanás y de sus llamas eternas. Pero ahora en el libro le enseñaban que Satanás había sido hecho por Dios y que este hijo de Dios había tenido por hijo el pecado. ¿Cómo Dios, entonces, había creado a Satanás con capacidad para errar, para pecar y para hacer el mal? Dios era el Padre de Satanás y Satanás era el padre del pecado. Y una de dos: o no debió poner en el mundo a Satanás o debió haberlo hecho de una sustancia más pura, incapaz de perjudicarse a sí mismo y a los demás”. –“Razonamiento de niño?”, -pregunta Papini, y él mismo se responde: -“De acuerdo, pero, ¿acaso no ha dicho Jesús que a los niños ha sido dado comprender aquello que es oscuro a los sabios?”.No obstante, a la luz de este trascendental siglo, y con los aportes de las nuevas generaciones, ya es posible vislumbrar un “Principio Creador” muy por encima de los absurdos atribuidos a Dios hasta ahora.

La demostración repetida de la Reencarnación ha puesto en evidencia el reflejo superior de una “Ley” o “Justicia Divina Superior” muy digna del Creador Universal y de sus inmutables leyes, de las cuales, una muy fundamental, en ciertas instituciones de estudios superiores de filosofía o en la Escuela Espírita, se conoce con el nombre de “Ley del Karma” o “Ley de Compensación”.La frase: “Dios creo al hombre a su imagen y semejanza” no es sino una tergiversación de la correcta expresión: -“Dios creó al hombre a imagen y semejanza de su naturaleza”; lo cual es muy distinto.

Sólo la acentuación de la ignorancia ha hecho posible que el hombre adorara como Dioses a maestros, profetas o misioneros de la antigüedad, tal como aconteció con Krisna, Jesús y otros.

El hombre, en la medida que evoluciona desecha las creencias cuya falsedad comprueba. Hoy ya comprende que no puede existir un Dios de Venganza, cuyo hecho más despreciable sería condenar eternamente a sus hijos. Así como, el de colocar para una sola existencia a cualquiera de sus hijos en el mundo de vicisitudes como el planeta tierra para luego condenarle a sufrir eternamente, como si ya no le hubiera sido suficiente la vida de luchas terrenas. Además, por otra parte, las vidas de gran número de individuos a quienes la “institución artífice de tales extravíos” elevara a la categoría de “santos” reflejan un cuadro poco halagador en cuanto a la práctica de todas las virtudes.

Las personas familiarizadas con la doctrina de la Reencarnación y la ley de compensación, comprenden perfectamente lo que de cierto hay sobre el punto anterior.

Ya el ser humano, en cada nueva generación, y de manera especial en los actuales momentos históricos, piensa en un Principio Creador, del cual emana todo lo existente; quien formalizó –en el eterno presente- las inmutables leyes –universales- las cuales comienzan por conocer y cumplir, aunque las fundamentales, sin conocerlas, también las cumple, pues como dijera Jesús: “Ni una hoja de un árbol se mueve –por la ley cósmica- sin la voluntad del Creador”. La ley por sí misma se manifiesta y el hombre sin darse cuenta no escapa de su fuerza de gravedad.El hombre se percata de que a Dios es “imposible” que pueda conocerlo, a no ser por el reconocimiento de su grandeza en la grandeza de la naturaleza y en ella “conocerse a sí mismo”.

Acertadamente expresó Quilón, el Lacedemonio: -“Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios, sino conocerse a sí mismo”. –Aquí reside el gran secreto para conocer a Dios. Primeramente el hombre debe conocerse a sí mismo; entonces conocerá a Dios, dentro de sí mismo y del que forma parte en una unidad perfecta e indisoluble. Al descubrir su propia divinidad, lo hace simultáneamente con la de Dios. La condición sine qua non es conocerse a sí mismo, y en el mismo instante y grado, conocerá a Dios. Una pregunta interesante: ¿No conocemos ya a Dios? ¿No les hemos visto ya cara a cara, en la Rueda de la vida, en el Círculo y el Signo Más? Tratemos de recordar……subjetivamente, interiorizándonos profundamente, muy profundamente, con confianza. Nuestro Espíritu ya Le conoce.

El constante recuerdo de su nombre nos conduce al recuerdo del recordado. Cuando Le veamos, en el Círculo y el Signo Más, en la Rueda de la Vida, nos percatamos, enseguida, de que ya Le conocíamos y apenas breves instantes antes se tiene la certeza de que se la va a ver.

La meditación en los atributos divinos –valores universales- nos lleva al conocimiento de los propios atributos divinos o sentidos cósmicos, facilitando la práctica de todas las virtudes. Es preciso para ello una elevada depuración del propio Espíritu y vibrar a frecuencias acordes al fin propuesto. Es el testimonio de quienes aseveran este tipo de experiencias. Su número en el tiempo es mayor de lo que podría pensarse. (Nota del autor del día 25 de julio de 2009).Bastante es la labor que el hombre tiene para conocerse a sí mismo. Es su misión inmediata, por lo que reconoce la presencia del Principio Creador cuya grandeza es un estímulo en el conocimiento y cumplimiento de sus leyes. Evoluciona, siendo de esta manera posible conquistar más conocimiento de sí mismo.

La contemplación estática sobre la naturaleza y la meditación pasiva sobre Dios no aportan beneficio alguno para la evolución del hombre. El hombre debería destacarse por su acción en todas las labores desechando para siempre la pasividad. Sólo el estudio activo y el constante trabajo permiten la evolución, la que hace posible la presencia de la Fe Viva, por el conocimiento y la sabiduría. Es preciso recordar que en lo que se centra la atención se expande la conciencia intuitiva y el poder creador.Mediante el desarrollo alcanzado por la Psicología Experimental, -y las diversas corrientes de pensamientos- ha sido posible que el hombre verificara que la presente existencia es sólo una de las miles –o millones- que ha tenido y que tendrá en el futuro, en este planeta y en infinitos otros.

Sabiamente expresó Kardec: -“Nacer, desencarnar y volver a nacer”, mientras que el filósofo Trincado corrobora lo mismo en la proclama del programa perpetuo de estudio “La vida eterna y continuada”.

El conocimiento de lo que acontecerá al hombre después de dejar la materia humana, unido a la comprensión de la Ley de Reencarnación, permite derribar, desechando, gran cúmulo de supersticiones sobre la “desencarnación”, despojándose la mente de absurdos dogmas, quien ya ha dejado de sentir temor de un supuesto Dios de “Venganza” e “ira”, sino que mediante la acción continua deberá reparar –compensando- los perjuicios que habrá podido ocasionar y –de esta manera- evolucionar.El hombre actual, generalmente libre pensador, ya dejó de lado la adoración de imágenes y figuras porque comprende que al Principio Creador, esa no es la forma adecuada de adorarle o amarle. Comprende ya porque Isaías había condenado a los Dioses de barro y palo.

Moisés, también es muy explícito cuando en el Decálogo dice: -“…¡No harás para ti obra de escultura ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de las cosas que están en las aguas debajo de la tierra, no las adorarás ni le darás culto”!

El filósofo Joaquín Trincado, en una de sus múltiples obras, cuando se refiere a la adoración del Principio Creador, sabiamente expresa: -“…la adoración al Padre será en espíritu y verdad y con el pensamiento, sin fórmulas de oración que representan la rutina o el pensamiento de quien la compuso. El “espíritu” debe expresar por el pensamiento la necesidad o la alegría del momento, de pedido o de gratitud, y basta pensar en el Padre, sabiendo que somos sus hijos y nuestro pensamiento en estas condiciones llega a Él y porque con vosotros están espíritus afines que recogen vuestro pedido y nos sirven de intermediarios; pero los cantos de amor, de plegaría o gratitud hechos en común, son de mayor intensidad y son del agrado del Padre porque representan vuestras alegrías y unidad en el Pedido”. Nosotros, hoy en día, quienes promulgamos una espiritualidad directa centrada en el Creador Universal, estamos conscientes de que en la relación del hombre con su Creador son innecesarios los intermediarios.

Empero, la asistencia espiritual de los afines, guías y protectores, es siempre de gran utilidad y apoyo y forma parte de la solidaridad universal.El hombre tiene como templo el Universo, en él cumple las leyes naturales, su misión de “acrecentar la creación y ser maestro de la misma” y para elevarse a Dios lo hace sin fórmulas ni ritos. Bástale su potente pensamiento. La mejor manera en que el hombre puede adorar a Dios, es amando al semejante; la mejor oración es el trabajo productivo; el más sabio preceptor espiritual es la conciencia; el mejor perdón: reparar las faltas cometidas.

El hombre actual debería estimular las cualidades superiores del ser; intensificar su evolución, y saber que existe un Principio Creador, que tiene leyes inmutable, las cuales es preciso cumplir, pero también conocer, única manera de acentuar la propia evolución y demoler los castillos de la superstición respecto a la personalidad de Dios.El Gran Pedagogo es Dios, -el Creador Universal: ELOÍ-, quien se expresa en la conciencia por medio de los sentimientos equivalentes a los valores universales. Es la Ley Cósmica en acción por medio de la conciencia. La ley de afinidad es la gran ordenadora del universo, con el veredicto de la ley de justicia, con la cooperación de la ley de compensación y la ley de igualdad, -en la ley y ante ella-.

Por su intermedio, el ser recibe su salario cósmico de acuerdo a la obra realizada, el cual le ubica y reubica, constantemente, en el orden que le corresponde en armonía con su suma existencial.

 

EL HOMBRE, ESE GIGANTE DE LA ACCIÓN – ENSAYO DE JUVENTUD 5

El hombre, es un ser cuya labor fundamental es labrar evolución. La naturaleza, desde el principio inmemorial constituye el libro eterno de la sabiduría. El hombre heredó de su Padre, el Creador, ese cúmulo de riquezas, ese inmenso taller Universal, donde experimenta, trabaja, lucha, evoluciona y se hace sabio.
Desde que el hombre inicia su actuación en la escala de valores, comienza desde un grado primario, como un ser sencillo, despojado de toda experiencia y con un mandato de su Padre, de acrecentar la Creación y ser maestro de la misma. Él es un centro de energía potencial y un cúmulo de sabiduría, luz y amor en estado embrionario latente. Es decir, es poseedor de una fuerza, la cual va a aprender a usar, para efectuar la transformación continua de las formas en la naturaleza y en ella, su evolución.
Ese valor inmenso de potencialidad y luz que en sí encierra, se encuentra desprovisto de experiencia y es opacado, neutralizado en el momento en que el espíritu toma materia en su primera encarnación.
Es decir, el hombre tiene en sí ese caudal enorme de sabiduría y luz que encierra el Universo, pero falto de experiencia, no la reconoce, o deja de apreciarla, por lo que él va a iniciar su carrera como hombre partiendo del grado mínimo de evolución, (siempre como hombre, en este punto esta descartada la teoría de que el hombre ha evolucionado de especies inferiores), para que por medio de la experiencias y estudio perpetuo él pueda reconocerse a sí mismo y su misión en la naturaleza, a través del cumplimiento de la ley de la Reencarnación.
El hombre, es un Universo en miniatura o microcosmos. En él está todo lo que existe en el entero Universo. En la formación de su cuerpo participan los tres reinos naturales. El alma alberga los instintos naturales de esos reinos, que representan grados naturales de inteligencia. El cuerpo y el alma del hombre, son complementados por un ente inteligente, espíritu, parte ínfima y activa de ese principio Creador. Ese ente, espíritu, tiene por misión dirigir la acción creadora y evolutiva del Universo. El cuerpo del hombre es un vehículo que permite la manifestación de la vida-espíritu, quien se sirve de aquel para realizar su actuación. Pues, el cuerpo sin el espíritu no presenta signos de vida y el espíritu sin el cuerpo no puede ejercer su labor en las formas físicas de la materia.
Como el hombre es depositario de todo lo existente en el Universo, en porción ínfima, de ahí que él tiene como labor inmediata conocerse a sí mismo, en las partes constitutivas, y de ese conocimiento particular elevarse a lo general, el Universo o Macrocosmos, parte integral que eternamente estudiará.
Con acertada sabiduría expresó Quilón, el Lacedemonio: -“Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios sino conocerse a sí mismo”.
Mientras eternamente el hombre estudia y avanza en sabiduría, se percata de que son tales las magnitudes del conocimiento, por explorar dentro de sí, microcosmos, y del Universo, Macrocosmos, que sabe a ciencia cierta que siempre encontrará un más allá.
El hombre, es como un diamante; cuando inicia su misión, toda su riqueza en valores se encuentra cubierta por escorias, escamas; mientras evoluciona, pulimenta la capa que su luz apaga, y se manifiesta el potencial de fuerza y sabiduría que en sí encierra. Pero siempre habrá nuevos horizontes de la luz que alcanzar, porque “siempre hay un más allá”.
El hombre, en su ambiente natural, utiliza como herramientas los elementos naturales con que le ha dotado la naturaleza y desarrolla su labor.
El inmenso Universo es el Taller Universal del hombre. Como en toda empresa, existen normas o sistemas, un orden establecido y condiciones, que se llaman leyes, las cuales ha de conocer y cumplir inexorablemente.
El mismo, en su ser físico, biológica y físicamente tiene ciertas características que reflejan las huellas de esas leyes. Aun cuando el hombre tiene libre albedrío, llega un momento, en su escala evolutiva, en que comprende que, para efectuar una marcha armónica, en ritmo ascendente de evolución, tiene que cumplirlas y las cumple.
El hombre es un ser gregario, es decir, su labor la realiza en conjunto con otros seres y ha llegado a formar lo que llama sociedad. Toda la labor del hombre en sociedad es realizada ayudando y y recibiendo ayuda de otros. Todos son el complemento de todos: la sociedad. Cada ser, o individuo, es un grado de fuerza, de progreso, de sabiduría. En el Universo existe una cadena infinita de fuerzas, por grados, partiendo del cero al infinito.
En esta cadena, integrada por entes individuales de fuerzas y grados, cada grado es un facto, cada factor es un hombre. Cada hombre es una parte de la misma, cuya esencia constituye la Fraternidad Universal. Cada uno cumple su cometido. Para que haya armonía de fuerzas, bienestar colectivo, las debe integrar un solo querer unánime; un solo deseo: un ideal común.
Cuando el hombre no ha alcanzado un estado determinado de evolución, se encuentra deslindado de la solidaridad del conjunto. Para que exista un perfecto equilibrio social, es preciso que las fuerzas individuales estén acopladas adecuadamente.
El hombre, en la tierra, desde las edades prehistóricas, ha venido realizando mejoras en sus relaciones sociales y medios de comunicación con sus semejantes.
A medida de su evolución, ha ido acoplando sus fuerzas para realizar una mejor estructuración de la comunidad. Grandes obstáculos han sido interpuestos en su avance, de los cuales, unas veces ha vencido, otras ha caído, Pero, parafraseando a Confucio, de lo que hay que vanagloriarse es de levantarse cada vez que se cae. El hombre ha caído, se ha levantado, lucha constantemente, eternamente avanzará.
La unión de fuerzas permite satisfacer mejor las necesidades humanas y les conduce a una realización más efectiva de sus ideales.
Los mismos seres de rango diferente al ser humano, se unen en manada o grupo para subsistir.
Mediante las cualidades que forman la personalidad, el ser humano combina, mejorando, sus relaciones con los demás, en un esfuerzo supremo hacia una mejor armonía.
Constantemente, son adoptadas normas para mejorar esas relaciones, las cuales son regidas, también, por una ley natural que se denomina Afinidad. Ella agrupa a individuos con condiciones y cualidades análogas.
El hombre, agrupado con sus semejantes, actúa comunitariamente dentro de la naturaleza Universal. Satisface, en esa unión, los imperativos psico-físicos que les caracterizan.
En el inmenso Universo que ha heredado como fuente común de trabajo, el ser humano cumple su misión. Es decir, al mismo tiempo que perfecciona las formas de la naturaleza en una transformación activa se transmuta a sí mismo; su sabiduría y progresa labra.
La naturaleza es el libro eterno que estudiará. Para ello el tiempo siempre es presente. Caudales de conocimientos y sabiduría inagotables se les ofrecen para ejercitar su infinita capacidad de realización. Nada se le oculta; todo está expuesto ante sus ojos. Sólo le limita su propia capacidad de percepción y el estado evolutivo de su inteligencia. En la medida que desarrolla su conciencia perceptiva podrá conocer más y mejor ese hermoso libro y su grandiosa misión. Podrá conocerse a sí mismo y reconocerse en el Creador Universal, armonizándose con los planes que Él trazara para la realización de la Obra y asumir la cuota con la cual desea contribuir.
Por eso, cuando el ser humano vislumbra la realidad que le es inherente, se avoca al estudio asiduo o intenso de todo cuanto le rodea, para mejorar su condición humana y espiritual. En la medida en que la luz se manifiesta libre en el curso del proceso evolutivo, conociéndose a sí mismo, labrando la gran misión con que ha sido investido en su propio ambiente o en el que elige desenvolverse, por su propio peso específico, va adquiriendo conciencia de su condición de co-Creador y activo Gigante ejecutor en la manifestación eterna de la vida.

El ideal en la propia Evolución – ENSAYO DE JUVENTUD 4

…El hombre sin un ideal,
es como la tierra sin sol,
como la flor sin fruto,….
de su letargo precisa despertar,
para, plenamente, vivir -.

La humanidad, hoy como nunca, vive momentos de incertidumbre, de miras equívocas hacia un futuro que precisa exactas definiciones, para imprimirle un sentido cierto al destino humano.
Los pseudo líderes, en su ambición, arrastran tras de sí a los que viviendo aprisa, por las condiciones del medio de vida presente, no se percatan de que viven y de que son envueltos por los ríos turbulentos de las bajas pasiones y negativismos psicológicos, pasándoles desapercibida la existencia del disfrute de un bienestar equilibrado y de una propia evolución controlada. Para esto, como condición fundamental exigida por la naturaleza humana, se requiere la libre manifestación de la conciencia interna del hombre y la formación de un ideal, un ideal común de Amor, trabajo y estudios en las múltiples ramificaciones de la naturaleza y sus manifestaciones en la vida.
Vivir para un ideal es percatarse de las realidades existenciales y constituirse en el guía y paladín de la propia razón y conciencia. En tal virtud, si se alcanza una conciencia plena para la formación de un ideal definido, las fuerzas naturales que gobiernan al ser vendrán en su ayuda creando la condición favorable al fin propuesto.
-“La humanidad, -dice José Ingenieros- necesita fe, pero una fe puesta en el futuro, que no le sirva de consuelo sino de esperanza, que le impulse a luchar activamente contra las causas del mal, que sea fuerza renovadora y no regresiva pasividad”. La fe, para el ser progresista, e idealista, debe significar el conocimiento de las propias fuerzas y facultades, y a la vez, la confianza en el éxito del ideal concebido. A esto, nos completa Joaquín Trincado: -“Sólo las obras hacen fe”; por lo cual se hace obvia la necesidad de ser activos y llevar todo a la práctica y a la experimentación para obtener la convicción de lo que se postula. Resumiendo lo anterior, diremos: Sólo la convicción de un ideal permitirá a un individuo desarrollar actividades que aporten valores en pro de la propia evolución y de la colectividad en que vive.
Sólo de esta manera podrá justificarse delante de la existencia que de él espera el equilibrio de la evolución.
Todo individuo vive de acuerdo a ideas concebidas; en sus actos antepone justificaciones de índole diversas, lo cual demuestra que vive sujeto a creencias que determinan el cauce de su existencia. Las funciones desempeñadas los son por impulsos espontáneos de fuerzas manifiestas de “algo” interno del individuo, a cuya fuente se le denomina conciencia. Si estas fuerzas internas son dirigidas, el ser se torna en auto-dirigente del destino de su existencia. A estas alturas caben las preguntas: 1) Es abstracto e indefinido el destino de cada ser? 2) ¿Es posible gobernarlo? A lo cual podemos contestar que, el destino de todo ser presenta una fase indefinida pero no abstracta, por cuanto se manifiesta gradualmente en el transcurso de la existencia, e inclusive, por una guía interna que refleja las propias tendencias y facultades, se puede determinar el curso a seguir en la vida, por lo cual asentamos: Sí es posible dirigir el gobierno del propio destino. ¿Cómo? Encauzando las propias fuerzas a una meta prefijada por medio de la potencia del ideal manifiesto en la conciencia –intuitiva- de todo individuo.
El ideal máximo que el ser puede forjarse en la vida, es el conocimiento de la misma y de las leyes que les rigen. Quilón, el Lacedemonio, en la antigua Grecia, lo reveló cuando dije: -“Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios, sino conocerse a sí mismo”-. Denota, indudablemente, sabiduría inmensa este eterno pensamiento de Quilón. Pero, a pesar de haber pasado tantos siglos desde que él lo inscribiera en el portal del Templo de Apolo, en Delfos, -¿cuántos se conocen a sí mismos? -¿Cuántos pueden regular sus propias vidas? Solamente aquellos que se han forjado el ideal de la propia evolución.
En el Universo, toda partícula de materia, molécula, átomo, electrón, etc., actúa en el centro y punto de equilibrio que lo determinan las propias fuerzas (vibraciones emitidas por el espíritu elemental de cada elemento o sustancia) y, en ese centro, está en continúo movimiento, por cuanto todo cuanto existe, es debido a un desplazamiento continuo de vibraciones, en cuyo centro se activan en evolución perenne. De ahí la armonía en las funciones de la naturaleza. De igual manera, el ser humano, Microcosmos o Universo en miniatura, tiene su propio centro y funciones específicas a las fuerzas y facultades correspondientes al estado alcanzado en su escala evolutiva. Este mecanismo es regido por la ley de Afinidad con la cooperación de las leyes de justicia, igualdad y compensación, que ubica y reubica a cada ser de acuerdo a la propia suma existencial, progreso evolutivo y estado de conciencia alcanzados en un momento dado. Este proceso se encuentra en constante transformación de acuerdo a cada pensamiento sostenido en la pantalla mental y a la respectiva acción ejecutada.
El conocimiento de las propias facultades involucra dominio de sí mismo y perfeccionamiento continuo del ideal concebido. José Ingenieros, nos vuelve a ocupar, cuando dice: -“En todo lo que existe actúan las fuerzas de perfección. Amar la perfección implica vivir en un plano superior a la realidad inmediata”
En efecto, el ideal de perfección determina la inexistencia de estancamiento y la generación de las fuerzas morales, impulsando a la vez la evolución humana a un plano superior, cuya esencia constituye la razón por la cual existimos.
Se admira a los grandes hombres –y a las grandes mujeres- que en la historia de la humanidad han dejado páginas de heroísmo y valor, por cuyo continuo sacrificio ha sido posible el progreso de los pueblos; sus luchas ante los intereses creados les ha valido, muchas veces, pagar un costo muy elevado en su integridad física, empero, ningún temor fue suficiente para frenar la fuerza de sus ideales renovadores y en todas las épocas en que han vivido han dejado establecido siempre un nuevo avance en la escala evolutiva humana.
La culminación de los grandes ideales, concebidos y llevados a la cumbre del éxito por hombres y mujeres insignes, ha sido siempre el estímulo orientador en el logro de los propios ideales. El ser humano, con sus fuerzas creativas, transforma todo cuanto existe. Visualiza y materializa los matices que harán más expresiva su obra en belleza y sublimidad y es que él, cada vez que crea nuevas formas en la naturaleza, es porque ya alcanzó antes ese estado de realización, cuyo progreso conquistado se reconoce por la magnitud de las obras realizadas; las cuales desarrolla por su misión implícita de evolución, de cuya semilla germinante dotó el Creador en el principio inmemorable, cuya escala evolutiva en la naturaleza toda la observamos. En ella, el ser humano asciende la propia, cuyas etapas supera sólo por la fuerza generadora de los distintos ideales que en forma periódica se manifiestan en la conciencia como deseos e inquietudes cuyos impulsos le llevan a la realización de el ideal en la propia evolución.

EVOLUCIÓN

Sumido en la percepción de un ideal
el ser avanza en su destino;
con su fuerza doblega
las trabas que a su paso se interponen
dándole a todo lo que existe
la expresión que en su mente visualizada
refleja la condición de su existencia.

Es el hombre un ser
de naturaleza en constante transformar,
en su condición de rudimentaria vida
aparente valor no tiene,
pero tampoco diamante alguno
refleja valor en estado bruto,
pero al pulimentar su concha
exterioriza valor inmenso
que a todos cautiva.

En idénticas condiciones
el ser en su evolución
pulimenta las capas que su luz opaca,
trasluciendo la grandeza
de la ya alcanzada evolución.

En continuas y activas luchas
el ser evoluciona
y de saber nuevos horizontes alcanza,
que esa visión les dan del más allá.

Es ley, pues, y en la esencia de la vida
el ser se renueva;
la naturaleza cual madre bondadosa
en su seno le acoge y alimenta,
y en ella desarrolla
condición de creador de formas.
Concibe los ideales que realizarlos
constitúyesele en fin de la existencia
y en ésta visualiza los matices
que harán más expresiva
su obra de evolución.

UNA CALLE DESIERTA, UN HOMBRE CAMINANDO – ENSAYO DE JUVENTUD 3


Una calle desierta. Un hombre caminando con lento paso y cabizbajo, cual si mientras caminara fuera profundo pensando. Un hombre extraño por su aspecto insólito. Con un traje oscuro, con su barba larga, con su mirar fijo. Va caminando calle tras calle, como si la ciudad dejar quisiera pronto. Mientras se aleja se va acercando al campo también desierto de seres humanos, pero poblado de otros seres, de otra vida. Mientras su paso lento continúa, llegando va a una choza pequeña, de aspecto descuidado y humilde. Llega, abre la puerta y entra. Enciende una lámpara grande, iluminando un interior inesperado y sorpresivo a todo mirador externo que llegara, entrara y observara. El cuadro no puede más que asombrar si uno entrara por vez primera.

Aquella casa sola, de aspecto humilde y descuidada, en el campo profundo del silencio opaco, donde nadie pensar llegaría que a sus paredes adornan grandes estantes de libros varios. Libros de todas clases, filosofía, psicología, ocultismo, espiritismo, teosofía, etc.

Un hombre solo en aquella casa sola en la soledad del campo, rodeado de libros, devorando horas de intenso estudio, escribiendo luego versos, ciencia y filosofía, publicando con sonoros pseudónimos. Cual si quisiera realizar la idea del sabio Carrel, de la necesidad de aislarse algunos hombres en intenso estudio, para en muchos años compendiar un estudio amplio del hombre.

-¿Quién era aquel hombre, extraño hombre? Su aspecto imponente, su mirada fija, su tez luminosa, su andar firme algunas veces, cabizbajo otras, devorando libros en su extraña choza, hacían preguntar a un supuesto observador: -¿Quién era ese extraño hombre?

Era un hombre sabio quizá. Un psicólogo innato. De día estudiaba en los libros y la naturaleza, con íntimo contacto; de noche estudiaba la ciudad, la gente, mientras ésta dormía. Con la soledad del sueño en la presencia física y la desdoblada compañía de entes invisibles a los opacos sentidos, pero manifiestos al que se ha dado en llamar “Sexto Sentido”.

Mientras estudiaba la ciudad en las desiertas calles, con su imaginación viva y vibrante su saber refinaba. Por eso, en las noches caminaba por las desiertas calles, cabizbajo, meditabundo, mientras activaba la circulación sanguínea, como lo hacen los sabios hombres en sus largos paseos, que mucho caminan: Mientras caminan piensan. Mientras piensan aprenden. Mientras aprenden perfeccionan su saber.

Cuantas noches observamos en altas horas, por las desiertas calles, algún solitario hombre. Algunas veces un borracho, un bohemio, otras veces un hombre serio, tranquilo, con paso lento, cual si triste fuera pensando un motivo desconocido.

Nuestro hombre, solitario hombre, por las desiertas calles, fue escribiendo sus más importantes versos. Mientras caminaba se inspiraba en las luminosas estrellas del estrellado firmamento de moradas sin fin. Se inspiraba en las mansiones suntuosas. En las casas humildes, de los humildes hombres de los rústicos hogares. En las calle que requerían reparaciones, en las avenidas, que precisaban mayor cantidad de árboles y mientras pensaba se inspiraba, escribía poesías, versos sentidos de la sentida vida de un hombre solo por las tortuosas calles desiertas de la vida.

Hay muchos solos hombres por el mundo como nuestro hombre solo que por los desiertos caminos de la sabia vida solos caminan. Algunas o muchas veces incomprendidos. En su soledad parecen aprehender la inmensidad sublime, mientras más comprenden que el hombre solo, aislado, poco hacer puede para ayudar al mundo a renovar su faz. El común de los seres desperdician preciado tiempo, desechando las casi desiertas calles que en la tierra conducen a la sabiduría.

Una calle desierta. Un hombre caminando. Muchos hombres meditando.

ENSAYOS DE JUVENTUD -1- ¿Por qué necesitamos leer una hora diaria?

La lectura amplia y variada representa el elemento fundamental para el desarrollo psíquico e intelectual del ser humano.
Las condiciones de la vida moderna sustraen al hombre –y a la mujer- del desarrollo activo de sus facultades mentales y con frecuencia descuida el recurso más asequible: la lectura, para sustituirlo por la televisión, la cual en exceso atrofia los órganos de ciertas facultades mentales. Esto tiende a aminorar la capacidad de iniciativa y hace al individuo más dependiente de los demás. También cabe destacar que, durante la etapa estudiantil , merma la capacidad de aprendizaje.
El ser humano necesita una activa reeducación personal. Precisa enfocar, periódicamente, su atención hacia aquellos elementos que son indispensables para el logro de una personalidad dinámica y para la perfección de los conocimientos que permiten su evolución en la naturaleza y una mayor comprensión de las leyes que les rigen.
Vivimos en un mundo donde estancarse significa quedarse rezagados. No conocernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea es faltar a lo más sublime de nuestra condición de seres pensantes. –“Conócete a ti mismo”, dijo Quilón, el Lacedemonio. El hombre –y la mujer-, en la búsqueda de ese conocimiento lucha durante toda su existencia. La lectura y la investigación son el medio indispensable para la satisfacción de la necesidad que representa un mayor desarrollo cultural o intelectual y una visión más amplia del ser humano en la naturaleza.
¿Qué hace la lectura? Lo veremos a continuación. El cerebro humano está formado por unas doce mil millones –o más- de células llamadas neuronas, las cuales forman las diferentes áreas o centros direccionales (psíquicos) del mismo. Estos centros constituyen el mecanismo de control mediante el cual un ente llamado “psiquis” desempeña las funciones que nos caracterizan como seres pensantes y racionales. Al abordar el individuo los diferentes campos del saber humano, desarrolla activamente a estos centros o áreas psíquicas, cuyo desarrollo hace al ser humano más grande mentalmente, no tanto por los conocimientos adquiridos, sino por lo que el desarrollo en sí representa.
La lectura en sí representa para el cerebro lo que la gimnasia para el resto del organismo. La falta de ejercicio atrofia a los órganos y los degenera, perdiendo éstos capacidad para su funcionamiento normal. La manera de mantener activas y llenas de vitalidad a las neuronas cerebrales –y todo el aparato psico-mental- es mediante un período de lectura no menor de una hora diaria.
Esto contribuye, además, a la adquisición de una personalidad dinámica y definida.
Un axioma de Charles Darwin, dice: -“Toda necesidad crea el órgano y el hábito lo desarrolla”-. En el ser humano está latente la necesidad de una mayor preparación cultural y de un desarrollo activo y contínuo de su personalidad. El medio más asequible es la lectura. -¿Por qué no hacer que un período de lectura de una hora diaria impulsa nuestra naturaleza humana a un nivel más alto de perfección y evolución?.

ENSAYOS DE JUVENTUD -2- ESBOZOS SUTILES

DIOS -EL CREADOR UNIVERSAL

ESBOZOS SUTILES

©GIUSEPPE ISGRÓ C.

23-09-1969

Cuando dispersos los ideales concluyen un ciclo, la gente busca orientarse de acuerdo con las inquietudes de los tiempos. La inteligencia, afrontando la solución de las situaciones que la vida diaria les va ofreciendo, proyecta su luz, iluminando la senda. El ánimo fortalecido por la integridad de los valores que le sostienen, encuentra el sentido de la existencia.

La realización activa de las sutiles cualidades de algunos seres de férrea voluntad y visión de águila, determinan el cauce en la orientación humana. Todo culmina según se espera. La etapa transitoria pasa; la nueva nace.

Los hercúleos brazos del hombre del campo extraen de la madre tierra sus preciadas esencias. Son los proveedores de la sutil energía que reanima el cuerpo en el diario trajín. La inquieta mente del hombre de la ciudad, lanzado en activa carrera en contra del tiempo, efectúa una acción afanada, realizando la obra de los siglos en un esfuerzo supremo por sobrevivir en las luchas por la vida y culminar exitosamente el proceso continuo de evolución en sus distintas etapas.

La dinámica juventud que inicia su carrera en la existencia, completa la trilogía de una sociedad insatisfecha e inclinada a una renovación de los ideales. Esos ideales caracterizan cada época en la historia. El libre florecimiento de ellos permite el avance de los pueblos y de la civilización. La no renovación al culminar la etapa de manifestación, produce los trastornos sociales y el estancamiento humano, cuya corrección es necesaria y dará inicio a una nueva época, imprimiéndole el sentido direccional más conveniente.

El rico y el pobre, el sabio y el ignorante, todos penden de la sutil esencia que se llama vida. Esa vida tiene leyes y el ser humano ha de cumplirlas si efectuar quiere su evolución, disfrutando del bienestar y de la visión amplia que ella proporciona. Todos debieran mostrarse confiados en las pruebas que la vida pudiera deparar. Si alguna vez la duda tuviera acceso en su ánimo y se llegara a caer estrepitosamente, quizá ayuda recordar a Confucio, especialmente cuando dice: -“No hay que vanagloriarse de nunca caer, sino de levantarse cada vez que se cae”-. Entonces se inicia la lucha con más fuerza y ahínco y ese mundo inmenso que parecía indomable con sus situaciones por resolver, se domina, pudiendo salir victorioso en los embates sostenidos.

Es del conocimiento de todos, que es poco probable que exista quien de una u otra manera se encuentre libre de situaciones por resolver. Tenía razón Sócrates, cuando dijo: -“Si cada uno de los seres humanos acumulara sus circunstancias y entre todos formaran una enorme montaña para luego dividirla entre toda la humanidad, en partes iguales, cada quien regresaría a su casa con la propia”-.

La observación de lo anterior permite valorar a cada quien por su auténtico valor, determinando que nadie tenga porque sentirse más o menos que ningún otro ser humano. Por otra parte, si todos somos participes de la influencia de las condiciones socio-económicas y humanas, -¿por qué en un solo querer unánime no habríamos de contribuir a la eliminación de las causas que las producen y de esta manera disfrutar más de los beneficios y de los atractivos de la vida?
El hombre lucha por un porvenir cada vez mejor, aunque éste se presente algunas veces luminoso, y otras precise aclararse. El ser humano, imbuido de la sutil inspiración de la vida, penetra en el infinito y va encontrando luces.

Los grandes hombres –y las grandes mujeres- de la mente, con el aporte dado y por dar, definen en cada época o etapa, el progreso de la humanidad. Todos contribuyen, y experimentan según que grado de evolución hayan conquistado. Luchan por una vida mejor, un mayor bienestar y una cultura más amplia.

Es una aspiración necesaria. Los valores humanos se deben cultivar cual preciada flor que desvela al jardinero. La humanidad ha de conquistar su bienestar y su evolución. Quizá sean encarriladores efectivos los ideales de estudio, amor y trabajo.

Adelante.