LA ETERNA LUZ, MEDITACIÓN 2

LA ETERNA LUZ, MEDITACIÓN 2

©GIUSEPPE
ISGRÓ C.

Leer como si fuese un monólogo consigo mismo.

-“No tengáis miedo”-, es la expresión con la cual el hermano Jesús de Nazareth estimulaba a sus seguidores.
El miedo es un sentimiento generado por el desconocimiento del objeto temido. Se teme lo que no se conoce; pero, inspira confianza, o valor, lo conocido.
Por tal motivo, frente al entorno cambiante, en el diario vivir, para tener pleno autodominio y confianza en mí y en la vida, preciso conocer lo más posible las leyes universales; por ejemplo: las de amor, evolución, afinidad, justicia, causa y efecto, igualdad, servicio, compensación, oferta y demanda, etcétera.
Igualmente, requiero conocer mejor todo lo relacionado con mi trabajo y el mercado en que actúo para incrementar mi competencia y autoridad profesional que, además de facilitarme un desempeño más efectivo, me permite, al mismo tiempo, la mayor suma posible de éxito integral y auto-expresión, cada día.
Ese conocimiento conlleva la fijación de objetivos a corto, mediano y largo plazo; tener claro, en la mente, la realidad de cada situación que me toca resolver; afrontar con valor y determinación de triunfar cada una de las eventuales etapas hasta alcanzar la meta satisfactoriamente, así como asumir la responsabilidad inherente en cada caso y pagar el costo requerido en dinero, tiempo, dedicación, estudio, paciencia, persistencia y confianza de que los resultados, en el espacio y tiempo suficiente, serán alcanzados, por mí, oportunamente.
Tengo conciencia de que el amor es la máxima potencia del universo y que donde él fluye se manifiesta, simultáneamente, la fortaleza, fuente del valor y de la auto-confianza.
Debo, por lo tanto, cultivar el amor en su expresión más sublime para que el valor constituya, cada vez mejor, una fortaleza activa y eficaz en mi vida.
Preciso desarrollar en un grado más elevado aún mi amor por la vida, por el universo, por el Creador Universal, por mis semejantes, por mi familia, por mi trabajo y todo lo que hago, por los valores universales y por mi propio ser como expresión divina del Supremo Hacedor.
El sentimiento del amor me fortalece y en forma silenciosa me permite comunicarme con todos los seres y expresiones de vida en los infinitos planos existenciales en que me desenvuelvo y me abre, armoniosamente, todas las puertas, permitiéndome el acceso a la inmensa riqueza y abundancia integrales del universo de acuerdo con mi capacidad de aceptación y asunción de roles de servicio. Comprendo que mientas mayor sea mi capacidad de dar en igual grado lo será para recibir.
Es necesario que ame todo lo que soy, lo que represento, lo que hago y el universo integral del que formo parte.
El conocimiento a fondo de la vida, del amor, de la fortaleza y el valor que engendran, me permiten identificar los principios universales pertinentes que, frente a las diversas etapas existenciales, me inspiran la confianza certera y la expectativa positiva en los resultados satisfactorios que aspiro obtener en todo cuanto realizo, así como la comprensión de que toda dificultad genera un beneficio equivalente el cual es preciso identificar, aprovechándolo útilmente.
Estoy consciente de que los grandes árboles, en cierta fase de su desarrollo, se estancan en su aspecto exterior mientras las raíces crecen hacia el interior de la tierra en busca de la savia que les alimentará, al mismo tiempo que ese crecimiento interno constituirá la base para el ulterior externo.
Si observase sólo el estancamiento aparente dejaría de ver ese cambio interior, fuente de fortaleza, que sustentará todo desarrollo posterior. La vida nada hace dando saltos; pero a su debido tiempo todo lo logra. El fin ulterior de cada acontecimiento es el bien colectivo; para tal objetivo utiliza todos los recursos a su alcance, sacando de todas las circunstancias la mayor suma de bien posible, -saca del mal el bien-, por lo cual, cada elemento o coadyuva al bien común o es sacado del escenario y reubicado, por la ley de afinidad, donde pueda servir adecuadamente.
La vida es constante transformación y eterno devenir a algo mejor, pese a las apariencias o a las intenciones contrarias que eventualmente pudieran expresarse. Pero, en el momento oportuno se manifiesta la liberación y de manera fluida todo se enrumba nuevamente hacía el camino luminoso de un mayor progreso, bienestar, prosperidad, sabiduría, amor, armonía y paz perdurable.
Lo que preciso tener –como decían los antiguos-, es el temor de Dios; el de desobedecer sus leyes naturales y divinas, por cuanto son inflexibles, aunque justas y amorosas.
La forma más inmediata que tengo de conocer a Dios, es la de obedecer sus leyes, por cuanto el bien de su justicia divina lo experimento enseguida.
Manteniendo el sentimiento de lo justo dentro de mí, de manera que cada uno de mis actos exprese respeto al prójimo, y a sus derechos, puedo albergar la confianza en mi propia seguridad; empero, todo perjuicio que, eventualmente, pudiese recibir será compensado con crece por la Ley de compensación, por decreto de la Justicia divina, siempre y cuando, en la propia reacción no cause un daño igual o mayor, del cual sería responsable, cuyos efectos se compensarían automáticamente y por supuesto, de ser parte acreedora podría pasarse a la opuesta.
Tengo conciencia de que todo perjuicio debe ser resarcido; a tales efectos, es conveniente, efectuar el trabajo cósmico en bien del colectivo, desinteresadamente, única manera de fortalecerme adecuadamente, y dando más recibir más, para tener saldos positivos que me permitan compensar deudas kármicas; a la vez perdonar a quienes me hayan podido perjudicar, -en éste o en anteriores ciclos de vida-, de forma que la justicia divina decrete su compensación –ya que un eventual sentimiento de resentimiento impediría recibir el pago cósmico respectivo a favor-, y, también, es necesario que yo pida perdón, en persona o a nivel mental, según el caso, para que por el camino del pedido del perdón –y compensando, paralelamente-, reequilibre mi armonía cósmica con todos los seres.
Conservo la serenidad y la confianza en mí en todo momento.
Sé que toda persona que vive en un país determinado no es por casualidad. Bien sea que nace en ese lugar o que libremente decide vivir en él, hay un mecanismo cósmico basado en las propias sumas existenciales y karma colectivo e individual, que ubica y reubica, a cada persona. Nada ocurre por casualidad. La Ley cósmica de causa y efecto mueve todos los hilos. Por alguna razón –temporalmente-, según las circunstancias, hay ciertos directores de orquesta y determinados seguidores, en la marea alta –y en la baja- de la vida. Nada es estático en el eterno presente y el inmortal espíritu tiene la misión cósmica de evolucionar y hacerse maestro de la creación.
Cada quien, en su avance evolutivo, recibe el maestro que merece, necesita y aprueba. Pero, el libre albedrío permite decidir al respecto, salvo el propio karma: positivo o negativo. Dar-recibir, cobrar-pagar. Todo se cobra; todo se paga.
Recuerdo que El libro de las mutaciones, el I Ching, en su exagrama 48, denominado El Pozo, expresa: -“Se puede cambiar de pozo, pero el agua permanecerá igual”-. Se puede cambiar de ciudad, pero, debido al propio karma, las circunstancias de aprendizaje serán las mismas. Si deseo plasmar un cambio en mi vida debo, primeramente, cambiar mi estado de conciencia y actitud frente a la vida y alcanzar la visión clara de lo que debo lograr. Acto seguido, preciso prepararme, tomar la decisión, forjarme un propósito definido y dar el primer paso. Debo empezar y luego llegar a la meta, una y otra vez en ascenso constante en la espiral evolutiva de la Rueda de la Vida, en el eterno presente.
Nada temo; tengo valor. Sigo adelante con fe, confianza, serenidad, tranquilidad de ánimo y constancia.
Afronto la realidad, sea cual fuere, cara a cara, siempre. Acepto mi responsabilidad en forma objetiva y justa. Cumplo mis compromisos para liberarme o estar libre de ataduras. Con mis cuentas saldadas conservo tranquila la conciencia y mi espíritu en paz. Cuando sea necesario, ofrezco acuerdos para actualizar pagos y los respeto.
Conduzco mi vida con libertad de conciencia. Libre y de buenas costumbres era el requisito que exigían los antiguos maestros para aceptar un nuevo discípulo en la senda de la sabiduría. Asumo mi rol, ahora. Mantengo la imperturbabilidad y el señorío personal. Soy invencible si decido serlo. Miro el porvenir con fe; me trae todos mis anhelos si oso definirlos, precisarlos, ponerlos como metas, por escrito y abocarme con firme decisión y persistencia a su logro. Actúo como si…. ya hubiese alcanzado el objetivo. Acepto el desafío de vivir como el Espíritu de Luz y descendiente del Creador Universal que soy. Saco hacia afuera esos inmensos tesoros que yacen escondidos en mi interior mediante obras de servicio a la humanidad. Soy un canal de Dios en el Planeta Tierra y en el país en que vivo, para todos, cada día mejor.
Con una visión positiva de la vida, sus valores y virtudes, cultivo la fortaleza para realizar el trabajo y servicio esenciales que me permitan gozar de la abundancia que el universo tiene decretada para mí. Recuerdo como al poeta Kabir le resultaba inconcebible que en el mar los peces pudiesen tener sed. Viviendo en la abundancia universal, centro la atención en ésta y en el Dador de todas las cosas, con cuya sintonía fluye lo esencial, siempre.
Actuando con la verdad por delante y con un absoluto criterio de justicia en todos mis actos, cumpliendo los propios deberes y compromisos, destierro el temor a la crítica. Mi propia razón basta; aprendo a confiar en ella, asistido por mis intuiciones y percepciones interiores.
Con hábitos de vida sanos, alimentos adecuados, relajación diaria, canalización positiva de los pensamientos, guía profesional acertada, etcétera, fortalezco la confianza de que la naturaleza me ha dotado con un organismo capaz para mantener la salud perfecta.
Habiendo desarrollado una poderosa auto-estima y un elevado auto-concepto, dominando el conocimiento de la ley de afinidad, del karma y los demás principios esenciales acordes con los grandes valores universales, mantengo una sólida confianza en las relaciones personales; tengo conciencia de que la actitud de dignidad siempre cosecha los mejores frutos. La felicidad es un estado mental y como tal, por efecto de resonancia, o sintonía, me permite encontrar fuera lo mismo que tengo –o creo- adentro.
El paso del tiempo es un factor natural y los años de madurez proporcionan las mejores oportunidades de felicidad y creación. Con la edad se incrementan las potencialidades intelectuales; las facciones físicas se embellecen si me cultivo interiormente, llegando a tener una belleza atemporal. Veo con confianza el avance en el camino de la vida, empero, es preciso conocer las leyes espirituales para que yo pueda vislumbrar la realidad en la finalidad última de la existencia humana como una fase temporal de múltiples e infinitos ciclos de vida.
Cuando, fruto de mi conocimiento espiritual percibo la realidad de que mi auténtico ser no es mi cuerpo, sino que es solamente un vestido o vehículo temporal de mi inmortal espíritu y que éste constituye la verdadera personalidad del alma que ha vivido incontables ciclos existenciales y que, en la eterna y continuada vida, lo seguirá haciendo en un avance evolutivo sin límites, afianzo mi confianza en el universo del que formo parte.
Afirmo, cada día: -Puedo hacerlo todo mediante el poder del Creador Universal, ELOÍ, que me fortalece y asiste-. (Tres veces).
Soy como un águila de visión penetrante y fortaleza creciente. Oso elevarme al cumplimiento de mi verdadera misión en la vida. Siento la guía y la quietud del Creador Universal en mi interior y la serenidad del ser justo que aflora en mi faz, desde este instante y para siempre.
Sigo siempre adelante.

Afirmación:

Yo, (menciona tu nombre), estoy en conexión armónica con el Creador Universal, ELOÍ.
ELOÍ me guía y conduce por senderos de prosperidad, bienestar, justicia y Paz; me ilumina y envuelve en un círculo de luz divina, protegiéndome y llevándome con éxito y felicidad a cumplir mi verdadera misión en la vida.

El orden divino y la armonía cósmica se establecen en mí, aquí y ahora. Hecho está; así es; así será.

ELOÍ, en Tus manos confío mi vida; revélame lo que Tú esperas de mí y lo que debo hacer en cada situación y enséñame como realizarlo.

Sea yo como Tú quieras, cuanto Tú deseas, de acuerdo a Tus Planes Cósmicos.

Condúceme por el Camino de la sabiduría, la prudencia, la comprensión, el progreso, la armonía y el orden divino, la confianza y fe en un futuro mejor, el auto-respeto y una elevada y vigorosa auto-estima, con Paz y ánimo contento, aquí y ahora.

ELOÍ, toda condición que en mí lo requiera, de acuerdo con tu Justicia Divina, por la Ley Cósmica, transmútala en su condición positiva, instantáneamente, aquí y ahora. Hecho está.

¡Oh Creador Universal!, sea yo tal como está decretado en Tus designios. ¡Hoy! Cada día mejor. Hecho está. Así es; así será.
Gracias, ELOÍ, por haber escuchado mi pedido.

Del libro: LA ETERNA LUZ..
Lucena (Córdoba), 2004.

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